Por el entendimiento entre los pueblos

Por el entendimiento entre los pueblos

Imagen | Paula Sánchez Calvo

Estamos en un momento crucial con las elecciones al Parlamento europeo, abrumados por la incertidumbre de nuestro futuro político, social, económico, humano, ecológico… para las generaciones de hoy y las venideras. Como ciudadano, desde esta reflexión, me dirijo a los Gobiernos de los países del mundo actual, tanto europeos como aquellos otros que proceden de los demás continentes de nuestro planeta Tierra;  se supone que son Gobiernos preocupados por los problemas que son comunes en la mayoría de ellos: los conflictos y confrontaciones que afectan a la paz y al entendimiento entre los pueblos; el marco de las relaciones socioeconómicas nacionales e internacionales; el mantenimiento de un ecosistema que anime a controlar ese calentamiento climático que tanto temor trae consigo; el modelo de convivencia que pueda crear una forma de vida acorde y creíble con la Verdad, la Justicia y la Paz.

Me atrevo a tomar esta iniciativa porque creo que la mayoría de las personas que pueblan este planeta, implícita o explícitamente, compartimos la voluntad y el deseo de vivir, con alegría y sin temor, la libertad de sentirnos personas, hombres y mujeres, capaces de aportar y esperar lo mejor de todos nosotros. Ciudadanos de un mundo que deseamos llevar a cabo, entre todos, una convivencia pacífica que permita el desarrollo integral de todos los habitantes de la Tierra, sin discriminación de raza, cultura, economía, país o pueblo. Y como la vida es lo más importante, lo prioritario de nuestra condición humana, no puede ser algo bueno la práctica de la injusticia, de la mentira, de la corrupción y de la destrucción de la vida mediante los instrumentos de la guerra, del terrorismo, de la violencia en cualquiera de sus manifestaciones, de la exclusión y explotación indiscriminada de poblaciones y territorios, o de los abusos de poder.

De esta manera, entiendo que la responsabilidad que asumen los Gobiernos, independientemente de sus ideologías o signos políticos, debe garantizar el respeto de estos principios para preservar la vida, el desarrollo de la justicia y de la verdad; de igual modo, debe priorizar la aplicación de los instrumentos que garanticen esa paz tan necesaria. Aunque soy consciente de que todas las Constituciones que rigen la vida política, social y económica de los países contienen, de alguna manera, estos fundamentos, también soy consciente de que en multitud de ocasiones se omiten, se violan, se rompen las voluntades de una convivencia pacífica y, en su lugar, se impone la fuerza y la destrucción de la vida. La historia pasada y la actual así lo demuestran. Y, como es deseable que la buena voluntad resida en el corazón de quienes asumen estas responsabilidades, de las que ningún Gobierno ni gobernante debe inhibirse de ello, es por lo que todos deben colaborar y trabajar, dentro y fuera de su país, por el establecimiento de políticas sociales, económicas y humanas que lleven a la consecución de objetivos como éstos:

Buscar el bien común, dentro de un concepto de globalidad universal que no beneficie a unos en detrimento de otros, más bien que favorezca justamente a todos los pueblos, independientemente de su situación geográfica y de su posición en el ranking mundial de la economía.

Garantizar el respeto por la diversidad de culturas y etnias que enriquecen la pluralidad de pensamientos y de creatividad, en el marco de una convivencia compartida. Hacer viable el intercambio en el seno de las diferentes comunidades humanas, dentro de un modelo que respete y  haga posible y creíble este milagro que está al alcance de todos, si es esa la voluntad a seguir.

Erradicar las miserias que asolan la vida de millones de criaturas inocentes, habitantes de todos los continentes, invirtiendo allí donde más necesidades hay y no solamente donde más beneficios se obtienen. Son millones de niños, jóvenes y adultos los que mueren por la falta de alimento, de agua, de higiene o de salud, muertes que pueden ser evitadas.

Colaborar en la Paz del Mundo, no negociando con armas destructivas, ni con el tráfico de drogas ni con el mantenimiento de la pobreza extrema en las dos terceras partes del mundo; tampoco con posicionamientos intransigentes ni excluyentes de nacionalismos autoritarios o fundamentalismos religiosos o ideológicos; se trata de aunar los esfuerzos en compartir los recursos disponibles para conquistar cuotas de libertad en un ambiente de paz. Como dice el profeta Isaías: “…harán arados de sus espadas y sacarán hoces de sus lanzas…” a lo que podemos añadir: y máquinas para trabajar la tierra de sus cañones e instrumentos creativos y lúdicos de sus misiles, para “que una nación no se levante contra otra ni se adiestren para la guerra”.

Entender el Poder como un servicio a la Sociedad y a la Humanidad, lo que equivale a decir que se dispone de una oportunidad única de participar en la construcción de un mundo más justo, más humano, más solidario y más verdadero.

Transmitir a las naciones del mundo entero que es posible vivir con la esperanza de ver realizadas estas utopías, porque esa debe ser la voluntad de todos y cada uno de los ciudadanos de este mundo, incluidos los que tienen y asumen la responsabilidad de gobernar y administrar los recursos de su propio país y del mundo que vivimos. Para qué están entonces, esas Organizaciones Políticas y Económicas Internacionales que administran grandes presupuestos. Organizaciones que representan o deben representar la voluntad de la mayoría de los ciudadanos que los eligen para ejercer esas responsabilidades políticas de servicio. A esas expectativas se une el temor del avance de determinadas ideologías que quieren imponer criterios que llevan consigo la involución del desarrollo humano, de nacionalismos que ya la historia nos deja su rastro de tragedia y dolor en el mundo.

Posiblemente existen otros asuntos que reclaman la atención en las tareas de gobierno, no lo dudo, todo puede resultar muy complejo; ahora bien, creo que tengo la obligación de transmitir las inquietudes y preocupaciones que animan a la razón y al sentir de la mayoría de los ciudadanos de este mundo para ser solidarios con la paz y con los más débiles, los pobres y miserables del mundo que vivimos. No tenemos otro. Éste es nuestro mundo, nuestro planeta, nuestra Tierra. Y creo que si somos capaces de cuidar de ella y de todo cuanto habita en ella: las personas, la naturaleza, los animales, la atmósfera…, estaremos construyendo un modelo de convivencia digno para ser transferido a las generaciones venideras, a nuestros hijos, a los hijos de nuestros hijos; estaremos pues dejando un testamento de vida y no de muerte, seremos todos obreros en la construcción de un modelo de vida que seguirá creando vida, libertad, esperanza y paz en el mundo.

Todos somos conscientes de que si no cuidamos el único patrimonio universal incuestionable que es la Vida, se está fomentando, potenciando o justificando la cantidad de genocidios que se llevan a cabo en muchos países,  provocando guerras que nunca podrán ser atribuidas a la razón o al sentido común; o los múltiples asesinatos que diariamente se suceden en todo el mundo con el terrorismo, tantas veces terrorismo de Estado, que mata, con su violenta respuesta, la vida de miles de criaturas inocentes; o los miles o millones de inmigrantes y refugiados que mueren, engañados y expoliados por quienes les prometen una vida diferente en sus intentos desesperados por salir de la miseria o huir de la violencia; o los intereses que destruyen nuestra Naturaleza en aras de un progreso que nada tiene que ver con el progreso y el desarrollo de los pueblos; con estos actos estaremos creando un mundo invadido por el miedo y el terror, no estaremos creando la vida que es la única verdad de nuestra existencia.

Leer más en Homonosapiens | Crónica de un desembarco

Categorías: Actuar

Sobre el autor

José Olivero Palomeque

Creo que la palabra es el medio de comunicación que puede unir a las personas, tanto para lo bueno como para lo malo, ¡pero es la palabra, el lenguaje, lo que nos identifica como seres humanos! El hecho de transmitir vivencias que después se conviertan en experiencias a través de la palabra escrita, nos puede ayudar a humanizar más nuestro mundo relacional, a transformar nuestro entorno a través de la sensibilidad para entender la realidad humana y dar lo mejor de sí mismo. Esa idea persigo y comunico con los libros, artículos, ensayos, reflexiones...que escribo y me publican, aunque la utopía esté ahí presente; pero...¡sin utopía la vida se estanca! Porque lo que sigue es el compromiso solidario con esa realidad humana que queremos cambiar.

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