¡Cuánta ceguera!

¡Cuánta ceguera!

Imagen | Jérémie Gerhardt

Cuánto deseamos caminar por las calles de una ciudad, en cualquier parte del mundo, sin tener miedo a la violencia en cualquiera de sus manifestaciones; a podernos sentar en una terraza sin tener pánico a las agresiones que pueden acabar con la vida de las personas debido a actos terroristas; a no ver imágenes de niños o adultos que mendigan unas migajas de pan o unas monedas, rebuscando en las basuras algo para comer; a no ver tantas desigualdades que envilecen a unos, los menos, y denigran y humillan a otros, los más… ¡Cuántos buenos propósitos y deseos en la conciencia de los seres humanos que quieren ver otro mundo diferente al que nos muestra la realidad de hoy! Sin embargo, cuántas imágenes diarias nos evidencian la desesperación y la angustia de miles y miles de personas que huyen, se hacinan en campamentos inhumanos, o migran por los caminos y campos en una búsqueda desesperada de algo que dé sentido a sus vidas. ¡Y cuántos yacen en las profundidades del mar Mediterráneo, tras intentar su traslado a Europa, para encontrar algo de esperanza en su existencia! ¡Cómo ha cambiado ese ayer que dejamos atrás con una vida normalizada y feliz a este hoy que destruye la vida y la esperanza! Y seguimos haciéndonos la pregunta: ¿por qué?, ¿por qué tanta locura que lleva a este holocausto de muerte sin sentido? No debe existir ninguna razón que mueva a este desenfreno de violencia, marcada no solamente por las bombas, misiles o fusiles, sino también por esas decisiones de quienes gobiernan este mundo a favor de unos intereses que niegan la dignidad y el respeto por la vida humana. ¿Tanta es la ceguera de estos dirigentes? Tanto cinismo, ¿por qué? La política, ¿no es un ejercicio de gobierno que debe buscar el bien común en un plano de máxima igualdad entre los seres humanos? Porque ya no se trata de un asunto de creencia o ideología, sino de justicia, de humanidad. Se ha perdido el sentido de lo humano y se ha sustituido por el interés del poder económico, por el control de la voluntad de esa inmensa mayoría a favor de una minoría poderosa. ¿Cuándo va a parar esta rueda de sinrazón y de locura? ¿Cuándo una luz va a abrir los ojos de esta ceguera que conduce a la destrucción y a la muerte? ¿Hasta cuándo hemos de esperar que sea posible una convivencia humana universal diferente? Debe existir una respuesta a tantas interrogantes para no quedarnos con los brazos cruzados a la espera de no sabemos qué nos espera el futuro inmediato de esta humanidad. Cuando no, miremos también el panorama de los trastornos que provocan, en nuestro maltrecho planeta Tierra, tantas irresponsabilidades: comportamientos que conducen a un cambio climático peligroso, destrucción de enormes zonas de bosques y selvas, contaminación, mares de plásticos, extinción de especies animales y vegetales, etc.

Con esta reflexión no pretendo ser alarmista negativo, no es mi intención, sólo pretendo llamar la atención hacia algo que nos compete a todos los ciudadanos del mundo, individual y colectivamente y a los Gobiernos que rigen el destino de tantos millones de criaturas. Trabajemos y respondamos a este mundo que tenemos con criterios más humanos, más solidarios, más justos y nada violentos.

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Sobre el autor

José Olivero Palomeque

Creo que la palabra es el medio de comunicación que puede unir a las personas, tanto para lo bueno como para lo malo, ¡pero es la palabra, el lenguaje, lo que nos identifica como seres humanos! El hecho de transmitir vivencias que después se conviertan en experiencias a través de la palabra escrita, nos puede ayudar a humanizar más nuestro mundo relacional, a transformar nuestro entorno a través de la sensibilidad para entender la realidad humana y dar lo mejor de sí mismo. Esa idea persigo y comunico con los libros, artículos, ensayos, reflexiones...que escribo y me publican, aunque la utopía esté ahí presente; pero...¡sin utopía la vida se estanca! Porque lo que sigue es el compromiso solidario con esa realidad humana que queremos cambiar.

Comentarios

  1. MARIA MIRAGLIA -ITALIA
    MARIA MIRAGLIA -ITALIA 31 mayo, 2019, 13:34

    COMPARTA TU PENSAMIENTO DE UN MUNDO MÁS HUMANO, SÓLIDO Y CORRECTO, SIEMPRE TRATANDO DE DAR MI CONTRIBUCIÓN A ESTO

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  2. Alicia
    Alicia 31 mayo, 2019, 21:47

    Cuanta razón en tu escrito, que comparto totalmente, pero cuanta indiferencia en los gobiernos de los países que pueden terminar con esta locura. Solo les importa el poder, el dinero y mantener su ego personal; para la humanidad son ciegos y sordos.

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  3. José Olivero
    José Olivero 2 junio, 2019, 12:05

    Esa es la razón por la que cada uno tiene que asumir sus propias responsabilidades con una actitud crítica y no pasiva ante esta triste realidad. Gracias Alicia.

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  4. Ignacio Bosque
    Ignacio Bosque 28 junio, 2019, 10:17

    Solo entre nosotros podemos animarnos para efectivamente llamar la atención y crear otros caminos, otras formas y lógicas de consumo y comportamiento social. Ojalá cada vez más gente abra los ojos ante ciertas injusticias y ante sí mismos, ante la injusticia que contra nuestra propia persona y planeta cometemos a diario la mayoría. Comparto una idea que proviene de la cosmovisión andina: si las personas entendiésemos que somos tierra, que la tierra somos nosotros, que tu eres yo y yo soy tu pues todo viene y va al mismo sitio, veríamos a las personas, a los bosques, los mares y cada lugar, como un todo, como parte de nosotros.Quizás entonces dejaríamos de dañarlos/nos

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    • José Olivero Palomeque
      José Olivero Palomeque 30 junio, 2019, 13:22

      Cierto, Ignacio, cada uno de nosotros somos parte de esa Naturaleza, formados de los mismos elementos que ella, es lo que creo que intenta decirnos esa cosmovisión andina que comentas; la Madre Tierra a la que tanto daño se le hace, sin darnos cuenta que ese mal revierte en los seres humanos, en nosotros mismos. La ceguera en la que tantas veces caemos, consciente o inconscientemente, impide ver esa realidad y de ahí los errores, intencionados o no, que después lamentamos. Comparto también esa reflexión de que cada uno debe aportar lo que le corresponde de sus responsabilidades, con los actos que definen su conducta individual y colectiva. La convivencia sería más fácil y más humana.

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