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¿Es posible otra humanidad?

Imagen | Rebeca Madrid A lo largo de la historia, ¿cuántas veces ha soñado el ser humano con adquirir otra humanidad? Y siempre acaba tropezando con la misma piedra, su incorregible humanidad. Es curioso que la acepción dominante del término, en la mayoría de los diccionarios, se refiera a los aspectos más nobles y admirables del ser humano, como su capacidad de ponerse en el lugar del otro, comprender, solidarizarse y ayudar; pero no es menos “humano” declarar la guerra,

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Soledad femenina y paranoia urbana en Polanski

Imagen | Cartel promocional de La semilla del diablo, Paramount Pictures Corporation Dos mujeres jóvenes se enfrentan a la soledad dentro del escenario donde el ser humano contemporáneo sabe que es más fácil sentirse solo: ese organismo gigantesco, poblado de muchas otras soledades, que llamamos ciudad. La primera, condicionada por traumas sexuales de cuyo origen nunca sabremos nada, acabará atrapada en su propio ensimismamiento y, condenada a la locura, matará a aquellos que intenten violar esa opción por la soledad.

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El lector impaciente

Imagen |Iñaki Bellver Imposible. Este lector impaciente no puede aguardar a que la descripción termine. Al fin y al cabo, ¿qué más da si lo que refulgen al sol son las flores del manzano o las del ciruelo, o incluso si no refulge ninguna flor en absoluto? ¿Qué más da si la luz matinal “unta su miel sobre el valle” o no la unta? ¿Importa algo que Alicia, la protagonista, luzca un vestido de lino gris “algo pasado de moda”?

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El lector dormido

Imagen |Rafael Guardiola Como fiera ominosa el sueño bordea su cama, las líneas del libro comienzan a borrarse (también las hojas del sauce, y aquel cisne), el paisaje se oscurece, ya no sabe uno muy bien dónde ha podido caer ese abanico. Y entonces, antes de que el protagonista de la novela doble la vereda del estanque (y recoja el abanico, o se arrodille, o declame), este lector a punto de quedarse dormido deja el libro sobre la mesilla de

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El lector que carraspea antes de cada crimen

Imagen |Iñaki Bellver No puede evitarlo. Es un movimiento involuntario, más allá de la tráquea. No se trata propiamente de una tos: más bien habría que hablar aquí de un carraspeo nervioso. Como el que emite uno para aclararse la garganta cuando, tenso como una pértiga, se dirige a la tribuna. El caso es que el carraspeo siempre se produce, y la escena siempre se interrumpe. Contrariado, el asesino de la novela mira a este lector con malos ojos; hasta

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En nombre del progreso

a Ana María Gámez Millán, quien pronunció por primera vez para mí el apellido “Conrad” hace ya muchos años. a Rafael García Maldonado, que quiso compartir conmigo su amor por Conrad.   Una avanzada del progreso (1896) es un relato del capitán de la marina mercante Konrad Korzeniowski, más conocido como Joseph Conrad (1857-1924), también escritor de origen polaco nacionalizado británico desde 1888. Precisamente en 1890 firmó un contrato de trabajo en Bruselas para comerciar en el Alto Congo como

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El lector ciego

Imagen |Julia Martínez Cano El lector ciego de nacimiento, el lector todo tacto. Por las yemas de sus dedos se adentran los imperios; pero también las tenues reflexiones del poeta que, en medio de la noche, sorprende su reflejo en el cristal de la ventana mientras contempla cómo al otro lado cae la nieve y la muerte se acerca un poco más, asustando al perro con sus pasos (también sus ladridos le entran al lector por los dedos, y el