¿Hacia dónde vamos en este planeta Tierra?

¿Hacia dónde vamos en este planeta Tierra?

Imagen|María del Pilar Anarte Romero

¿Cómo ha sido el desarrollo y la evolución de la humanidad en el tiempo pasado, cómo se percibe y vive esto mismo en el tiempo presente y hacia dónde se dirige en el futuro próximo?

Preguntas que solamente podemos contestar de manera objetiva en lo que se refiere al pasado, desde tiempos remotos, porque ahí está la historia para responder sobre esa evolución en las diferentes eras que se han sucedido una tras otra, desde la presencia humana en el planeta Tierra hasta llegar a nuestra actualidad. Y esa historia pretérita está jalonada de cambios muy fuertes, ya sea en el contexto de lo humano como en la Naturaleza. Transformaciones que han convulsionado el aspecto físico de la Tierra y las condiciones de vida de las poblaciones humanas y animales en todos los continentes. La evolución de las sociedades, de los sistemas de gobiernos, las culturas; imperios que nacen y desaparecen; invasiones y epidemias que arrastran tras de sí destrucción y muerte; migraciones humanas promovidas desde la prehistoria hasta nuestros días. Y así se ha ido conformando la historia evolutiva de la Tierra y de sus habitantes.

El tiempo presente, sin embargo, está lleno de muchas incógnitas, dudas e incertidumbres; los seres humanos van tomando conciencia de las grandes dificultades y controversias que pueden definir el funcionamiento de los gobiernos y la sociedad en estos momentos. De igual manera, se perciben las expectativas esperanzadoras de otra forma de vida, anheladas por esas mismas poblaciones para que esta humanidad sea más justa e igualitaria en sus posibilidades de desarrollo. Es cierto que la realidad que tenemos y vivimos hoy en todos los aspectos que definen nuestra historia presente, se ha ido forjando progresivamente. Los diferentes ciclos cronológicos han ido dando forma a esa evolución que el hombre y la mujer han experimentado en el tiempo. Cada una de esas etapas ha favorecido la aparición de la siguiente gracias a esa inteligencia humana que no ha parado de crecer en capacidades y conocimientos. Lamentablemente, también hemos de admitir que, a veces, el comportamiento humano provoca procesos involutivos que no facilitan en absoluto ese desarrollo deseado. Así es la vida.

Si ahora nos preguntamos sobre cuál puede ser el futuro que estamos construyendo, esta desazón se incrementa. Las aportaciones de la ciencia y las nuevas generaciones van transformando nuestra vida a una velocidad que da vértigo; la incorporación de las nuevas y futuras tecnologías, como la cibernética, la robótica, la biotecnia… donde los factores que conforman la vida se van convirtiendo en datos y algoritmos capaces de controlar al propio ser humano en este planeta. Ya hoy, sin que posiblemente seamos conscientes de ello, ¿podemos preguntarnos, no sin inquietud, que la inteligencia artificial va suplantando progresivamente a la conciencia humana? ¿Dónde puede quedar ese humanismo tan deseado y buscado en todo lo que es y representa el pensamiento y el comportamiento del ser humano? Ya desde el Mundo Antiguo, relanzado después en ese Renacimiento Humanista que tanto impulso dio a esa recuperación del antropocentrismo, colocando al hombre en el centro del universo, el concepto de humanismo adquiere una fuerza poderosa para desarrollar una forma de vida diferente, más preocupada por las condiciones que el ser humano sufre y padece y hay que transformar. Probablemente, en aquellos momentos de nuestra historia, la sociedad en su conjunto no cayera en la cuenta de que podría llegar un futuro donde el hombre pudiera ser sustituido, en gran medida, por una máquina capaz de responder a las necesidades que el propio ser humano pueda tener.

Ante esa tecnología puntera que parece no tener límites, como se afirma en el libro de ensayo de Yuval Noah Harari titulado “Homo Deus: Breve historia del mañana”, (Debate 2016), también hemos de ver, de manera comprometida y honestamente crítica, otra realidad objetiva que debe obligarnos a tomar conciencia de las consecuencias injustas e inhumanas resultantes del proceder político y económico de determinados gobiernos; precisamente aquellos que rigen el destino de esa humanidad que hoy, precisamente hoy, está padeciendo hambrunas y miserias, dolor y sufrimiento en contraste con ese desarrollo tecnológico. Esta realidad está muy presente en nuestro planeta, en el siglo XXI, y afectará seguramente al futuro. Hay que tener en cuenta que, nos guste o no, la nueva agenda de la humanidad en este mundo la está decidiendo una élite reducida con excesivo poder económico y esto no es previsible que cambie en los años venideros. Y eso sí que es preocupante. Lamentablemente, el cinismo que acompaña las estrategias de quienes manejan los hilos de los medios de comunicación, de quienes controlan los recursos económicos financieros y las influencias de poder, utilizan los avances tecnológicos al servicio de esa minoría poderosa para distorsionar la percepción de la realidad y confundir a la opinión pública. Mientras tanto, no sólo se lucran, incrementando sus privilegios en todos los sentidos, sino que, y eso es lo tristemente doloroso, llevan a la pobreza, incluso a la miseria a muchos países subordinados bajo las directrices internacionales, controladas y dirigidas por esa élite influyente en una atmósfera de ocultamiento y confusión. Y esta realidad afecta, indiscriminadamente, a países de todos los continentes.

La presencia de gobernantes de perfil populista, esos nuevos dictadores que imponen condiciones de vida carentes de dignidad y respeto hacia las personas, donde se desprecia lo diferente y se rechaza a quienes consideran inferiores. Esa plaga de orientaciones políticas y económicas se va extendiendo con el riesgo de contaminar la estabilidad de un mundo donde se pueda vivir en paz, sin miedos y sin miserias, donde se puedan dar las condiciones de vida en un plano de igualdad de oportunidades para todos los seres humanos. Porque los cambios que se avecinan no son sólo tecnológicos, sino también ideológicos. En consecuencia, el ejercicio de la libertad, la democracia auténtica, los derechos humanos, son valores que corren peligro. Harari dice en su libro: “…las ideas fundamentales de las democracias liberales con las que estamos familiarizados, en un mundo de castas biológicas, ciborgs e inteligencia artificial pueden quedar completamente obsoletas…” Ese es el reto que esta humanidad tiene que afrontar en el tiempo presente para ofrecer un futuro más esperanzador.

Otros factores que implican a la estabilidad de nuestro planeta Tierra y en consecuencia afecta a toda la humanidad, se centran en eso que llamamos con mucha preocupación: cambio climático, mares y océanos invadidos por un mar de plásticos desechados, ríos contaminados por una industria irresponsable, aire también contaminado por la emanación de gases tóxicos, en gran parte producidos por mareas de vehículos que inundan nuestras ciudades desarrolladas o por los índices de vertidos de gases a la atmósfera también producidos por una industria descontrolada en determinados países, incendios indiscriminados que destruyen enormes masas forestales o de selvas, como la Amazonia y otros tantos lugares del mundo, con los riesgos que acompañan esos desastres biológicos. Probablemente, la Naturaleza devuelva tanto daño a esa misma humanidad que los provoca, porque ella misma seguirá su propio ciclo de vida.

Y cómo no, otro futuro incierto es el que plantea el sistema de alimentación industrializada que lleva consigo una serie de problemas que están afectando negativamente a los seres humanos. Ya sea por la adición de sustancias poco seguras para el organismo humano, ya se trate de unos sistemas de producción masiva agrícolas o ganaderas que acompañan componentes tóxicos para los consumidores, probablemente de consecuencias visibles e irreversibles a corto o medio plazo.

En todos estos procesos, creadores de incertidumbre en el tiempo presente y en el futuro, siempre aparecen los intereses económicos de grandes multinacionales controladas y dirigidas por esas potencias económicas que condicionan las decisiones políticas y sus consecuencias con resultados catastróficos. El planeta Tierra y los seres humanos serán las víctimas de ese futuro incierto, en lo bueno y en lo malo, aunque la vida continúe, como siempre ha sucedido en su historia, para que comience otra era diferente a la actual. Pero no olvidemos que la ciencia, la política y la economía cuando se ponen, de verdad, al servicio de la humanidad, con una base educativa y una conciencia responsable y solidaria, daremos en herencia a las futuras generaciones un mundo más habitable y más sano. No perdamos esa esperanza y logremos esa otra humanidad posible.

 

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Sobre el autor

José Olivero Palomeque

Creo que la palabra es el medio de comunicación que puede unir a las personas, tanto para lo bueno como para lo malo, ¡pero es la palabra, el lenguaje, lo que nos identifica como seres humanos! El hecho de transmitir vivencias que después se conviertan en experiencias a través de la palabra escrita, nos puede ayudar a humanizar más nuestro mundo relacional, a transformar nuestro entorno a través de la sensibilidad para entender la realidad humana y dar lo mejor de sí mismo. Esa idea persigo y comunico con los libros, artículos, ensayos, reflexiones...que escribo y me publican, aunque la utopía esté ahí presente; pero...¡sin utopía la vida se estanca! Porque lo que sigue es el compromiso solidario con esa realidad humana que queremos cambiar.

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