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El lector impaciente

Imagen |Iñaki Bellver Imposible. Este lector impaciente no puede aguardar a que la descripción termine. Al fin y al cabo, ¿qué más da si lo que refulgen al sol son las flores del manzano o las del ciruelo, o incluso si no refulge ninguna flor en absoluto? ¿Qué más da si la luz matinal “unta su miel sobre el valle” o no la unta? ¿Importa algo que Alicia, la protagonista, luzca un vestido de lino gris “algo pasado de moda”?

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El lector dormido

Imagen |Rafael Guardiola Como fiera ominosa el sueño bordea su cama, las líneas del libro comienzan a borrarse (también las hojas del sauce, y aquel cisne), el paisaje se oscurece, ya no sabe uno muy bien dónde ha podido caer ese abanico. Y entonces, antes de que el protagonista de la novela doble la vereda del estanque (y recoja el abanico, o se arrodille, o declame), este lector a punto de quedarse dormido deja el libro sobre la mesilla de

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El lector que carraspea antes de cada crimen

Imagen |Iñaki Bellver No puede evitarlo. Es un movimiento involuntario, más allá de la tráquea. No se trata propiamente de una tos: más bien habría que hablar aquí de un carraspeo nervioso. Como el que emite uno para aclararse la garganta cuando, tenso como una pértiga, se dirige a la tribuna. El caso es que el carraspeo siempre se produce, y la escena siempre se interrumpe. Contrariado, el asesino de la novela mira a este lector con malos ojos; hasta

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El lector ciego

Imagen |Julia Martínez Cano El lector ciego de nacimiento, el lector todo tacto. Por las yemas de sus dedos se adentran los imperios; pero también las tenues reflexiones del poeta que, en medio de la noche, sorprende su reflejo en el cristal de la ventana mientras contempla cómo al otro lado cae la nieve y la muerte se acerca un poco más, asustando al perro con sus pasos (también sus ladridos le entran al lector por los dedos, y el

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El lector contorsionista

Imagen |Iñaki Bellver El lector contorsionista cuando actúa dentro del circo se hace llamar Contini y parece italiano, pero en realidad se apellida Conte y nació en algún paraje de la provincia de Badajoz. Su ayudante es un hombre tosco cuyo nombre ni siquiera vamos a poner aquí, y más que ayudar a Contini, lo que hace es acrecentar sus dificultades, pues, por no saber, ni siquiera sabe el momento exacto en el que debe pasar la página del libro,

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El lector con tonsura

Imagen |Julia Martínez Cano Es un monje, hace muchísimos años. No me preguntéis cómo puedo verlo desde aquí. Está ahí, con su cuerpo largo y reseco, erguido sobre el púlpito. Y lee. En la oscuridad de la iglesia (pues es una mañana nublada, y las vidrieras apenas rezuman algunas gotas de luz) su voz lo ilumina todo. Cómo lee este clérigo de gótica complexión. Por sus labios ojivales se vierte el Aliento Divino. Todo lo que lee palpita de pronto

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El lector de libros de caballerías

Imagen |Rafael Guardiola Este hidalgo manchego se pasa gran parte de la noche leyendo libros de caballerías. Conoce al dedillo las aventuras de Roldán, de Amadís de Gaula, de Palmerín, de Florisando, de Silves de la Selva, de Florisel de Niquea, de Clarián de Landanis, de Cirongilio de Tracia, de Philesbian de Candaria, de Felixmarte de Hicarnia, de Tristán de Leonís… y muchas otras. Su cabeza se halla atestada de justas y torneos, de frágiles damas con cabellos de oro,