No estábamos

No estábamos

Imagen | Pol Güell

Hoy comprendí al mirar
desde mi balcón que la primavera
había invadido
calles, plazas, parques, cielo y aire.
Los pájaros aprendían
a volar, a cantar sin miedo de ti.
Estoy en el nido
para luchar contra los adversarios
destructores de vida
sin guerra declarada, invisibles.
La ciudad pertenece
a los gorriones, a las palomas.
Tú les ruegas que vengan
a hablarte de las flores que crecen
y se marchitan sin ti.

A las terrazas llegan los aplausos
de la gente confinada,
también se acercan mirlos, gaviotas
cantando dulcemente
estrofas de despedida, las traen,
desde esas ventanas
a las que nadie se asoma, porque
solo el tiempo sabe
cómo la muerte roba el aliento,
cómo la vida sigue.
Las ondas vuelan por el cielo hacia
los lugares amados,
cerrados a los vientos de proyectiles
dentro de gotas de mal.

Solo podemos mirar y no tocar.
Ahora despedimos,
aún permanecen allí, en el hielo,
los que se irán lejos,
los que ya no verán a los nacidos.
Las balas impalpables
nos rozarán sin combate alguno.
Esta guerra nos roba
besos, nos traerá desconfianza.

Los mirlos cantan al sol,
el aire no pesa, pero ya te vas
a buscar el motivo
de tanto dolor sin respuesta, no,
no te imaginarás
quiénes son los culpables de las muertes.
Luego tú lo olvidas.
El verano viene con alegría,
todo se vuelve sueño.
La gente ausente que no vemos ya
vive en el recuerdo.

Autor | Guadalupe Pereira Bueno

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Categorías: Literaria

Sobre el autor

Homo No Sapiens

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