La poética de la libertad

La poética de la libertad

Romper con el ideal burgués y desmitificar la tradición caballeresca son solo algunos de los atributos de la obra cumbre de la novela moderna de la literatura española, Las aventuras del ingenioso Hidalgo don Quijote de La Mancha. Cautivo durante cinco años en Argel, Miguel de Cervantes supo trasladar a su manuscrito uno de los primeros alegatos a la libertad. En el cuarto centenario de su muerte, su voz se hace eco en un espacio mistérico que no deja indiferente a nadie.

La ciudad de Cuenca, que celebra su vigésimo aniversario como Ciudad Patrimonio de la Humanidad, ha abierto las puertas de su catedral a diversos artistas que ponen de manifiesto la búsqueda de la libertad, no solo como derecho humano, sino como método creativo. De la manera más poética y lírica posible, Cervantes, los informalistas y el artista disidente Ai Weiwei se unen con un hilo invisible para dar forma y color al mayor anhelo del hombre.

La silueta del hidalgo de La Mancha se recorta frente a una jaula metálica, obra de Florencio Galindo, presentando esta exposición irrepetible. S.A.C.R.E.D., la instalación biográfica y minimalista de Ai Weiwei, que recoge los 81 días de su cautiverio por revelar corruptelas gubernamentales en China, ocupa el atrio, primer espacio sagrado. Toda ella se encuentra armonizada por el rumor del agua de la fuente, que continuamente renueva el espíritu de búsqueda insaciable de la libertad de este artista. La sala capitular acoge a los informalistas que hacia mitad del siglo XX se atrevieron a crear con total libertad generando semejante impacto al expresionismo abstracto americano. Saura, Millares, Ferrer, Rueda, Feito y otros, son llamados a capítulo por Zóbel, pintor afincado en Cuenca cuyo recuerdo brilla más si cabe en este año de efemérides.

Y mientras tanto, ahí afuera, frente a las escalerillas, la gente se pregunta. ¿Por qué en la catedral? La libertad necesita hacerse dogma en un espacio sagrado. Ha copado la prensa, las redes sociales, en definitiva, todos los medios. Y, sin embargo, Oriente y Occidente siguen enfrascados en históricas trifulcas que parecen no tener fin.

Se necesitan nuevos escenarios para estos alegatos, que el mensaje de la libertad corra de casa en casa, de templo en templo, de calle en calle. Que se abran las puertas a este derecho que nos pertenece y se ayude con un empujón en su difusión, porque ningún hombre merece ser cautivo de otro.

Probemos esta nueva iniciativa y hagamos de aquellos templos que en su momento fueron lugar de convergencia de peregrinos, artistas y fieles un nuevo espacio donde poder alzar la bandera blanca de la libertad.

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Sobre el autor

Julia Martínez Cano

Viajera y lectora. Intrépida e inquieta. Hilvana los hilos entre imagen y palabra. Historiadora del arte en eterna formación: nunca dejamos de aprender.

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