El explosivo genio de Xavier Dolan

El explosivo genio de Xavier Dolan

El cine excesivo, iconoclasta y siempre arriesgado de Xavier Dolan  (Quebec, 1989) aumenta a todas luces su magnetismo cuando el espectador es consciente de la juventud del director.  A sus veintiséis años ha dirigido cinco películas y en tres de ellas ha sido el protagonista principal, además de participar como actor en filmes de otros directores. Pero su juventud, el que se le haya calificado como el nuevo enfant terrible del cine mundial, no debe ocultar que la obra de Dolan es un feroz y elaborado alegato en contra de las convenciones sociales, de las estrictas reglas de una sociedad burguesa mediatizada, sociedad a la que disecciona con una mirada muy particular y con un estilo identificable, a pesar de que el mismo director dude de la idea de una constante en su estilo que le hace reconocible en cada film. En sus películas, una exacerbada estética no queda supeditada al mensaje, al contrario, lo potencia, remarca las pasiones retratadas y le da el sello de calidad por el que su obra es reconocida. La importancia de la música, que se convierte en catalizadora primordial de emociones y sentimientos, y la cercanía al videoclip en numerosas secuencias, son marca de la casa.

Desde el pasado de 3 de diciembre, hasta el día 17,  el Círculo de Bellas Artes de Madrid proyectaba cuatro de las cinco películas del joven director y actor canadiense. A la espera de saber si su paso al cine en inglés con ˈThe Death and Life of John Donovanˈ, donde cuenta  con actores del star-system hollywoodiense, confirma esa trayectoria precoz, fulgurante y multipremiada, este ciclo ha sido una buena oportunidad para repasar la carrera de este singular autor.

Con apenas veinte años, Dolan irrumpía en el festival de Cannes con su opera prima ˈYo maté a mi madreˈ (2009). De carácter semiautobiográfico, la película narra la relación tempestuosa de un adolescente con su madre. Ambos viven en un permanente tira y afloja dialéctico, en un transitar constante entre la necesidad mutua y el odio. El adolescente identifica en la figura de la madre todos los vicios de una sociedad consumista e idiotizada por la televisión y por las apariencias.  Ya aquí Dolan se mostraba como un director sin ataduras, que despliega sin recato un abanico de sentimientos desaforado a través de unos diálogos vivaces, cargados de ingenio y que en ocasiones pueden llegar a resultar agotadores para el espectador, al que se le sitúa en la tesitura del protagonista de no poder rechazar una mujer a la que no soporta y a la que no considera capaz de ser una buena madre.

La reflexión sobre la figura materna es una constante en el cine del canadiense, constante que hace acto de presencia en mayor o menor medida en todas sus obras. Si en ˈLos amores imaginariosˈ (2010), su segunda película, la figura materna ejerce sólo como confirmación de la mentalidad caprichosa y maquiavélica de uno de los protagonistas, en el resto de las obras vuelve a ser decisiva. En ˈLaurence anywaysˈ (2012) la madre es la garante del proceso de transformación en mujer de su protagonista. En ˈTom en la granjaˈ (2013) aparece como ese pilar sobre el que pivota la vida familiar rural. En ˈMommyˈ (2014), el retrato del las relaciones materno-filiales será el núcleo central de la película. Aquí los límites de la relación desbordan el mito edípico con un dramatismo feroz y magistralmente filmado.

Pero sin lugar a dudas, el principal leitmotiv del cine de Dolan es la imposibilidad del amor, ya sea en esas relaciones materno-filiales antes mencionadas, como en el amor romántico. En ˈLos amores imaginariosˈ una pareja de amigos son capaces de fulminar su estrecha relación  por conseguir las atenciones de un tercero.  En esta tragicomedia, Dolan explora los límites del absurdo en el que se puede caer cuando la pasión desborda el sentido común. Vemos como la necesidad de sentirnos queridos es capaz de anular cualquier reparo y sentido del ridículo. Sin embargo, todo pasa a un segundo plano cuando el amor no correspondido se impone con rotundidad sobre los sueños y expectativas. En ˈLaurence anywaysˈ Dolan va un paso más allá, abandona el marco de los sentimientos juveniles para entrar en una historia de madurez. El protagonista, Laurence, profundamente enamorado de su novia, no puede sin embargo reprimir la necesidad que le acompaña desde niño de sentirse mujer. El proceso de transformación se convertirá en una dura prueba para ese amor profundo y pasional que sienten ambos protagonistas y que se ve amenazado, no sólo por el condicionante de la identidad sexual y el cambio físico, sino por el ojo escrutador y poco tolerante del resto de la sociedad.

ˈTom en la granjaˈ supone una vuelta de tuerca, pues al protagonista, un joven publicista interpretado por el mismo Dolan, que tiene que acudir a  la granja de la familia de su novio recientemente fallecido, se le sitúa  en el más hostil de los ambientes. El mundo rural  es el contrapunto más radical a ese ambiente urbano donde la homosexualidad se contempla con más amabilidad. La soledad asfixiante de los protagonistas, la relación entre madre e hijos que percibimos como turbia desde un primer instante, la mentira y la violencia como instrumentos de control, caracterizan un film devastador y desasosegante para el espectador. En esta su cuarta película, esta eterna lucha entre la convención y el deseo alcanza su punto culminante.

Se ha hablado bastante de la influencia en Dolan de autores como Won Kar-wai o Almodovar. Y si bien con el primero hay abundantes coincidencia estéticas y con el segundo se podría destacar la destreza de ambos a la hora de  componer personajes femeninos, hay un autor con el que nos resulta más fácil establecer paralelismos. Conscientemente o no, sea casualidad o no, las películas del canadiense evocan el espíritu de otro joven y desbordante autor ya desaparecido, Fassbinder. El extremismo de sus historias,  la profunda disección psicológica, la voluptuosidad de las pasiones,o incluso la presencia constante y decisiva de la homosexualidad, convierten a Dolan en un digno heredero del director alemán. El Gran Premio del Jurado que el canadiense obtuvo en 2014 en Cannes con ˈMommyˈ, ex aequo con nada más y nada menos que el mítico Jean Luc Godard, nos aventuran un futuro prometedor lleno de buenas historias que, para bien o para mal, no nos dejarán indiferentes.

 

Categorías: Leer

Sobre el autor

Julio Santamaría

Julio Santamaría es Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense y Máster en Edición por la Universidad de Alcalá. Su trabajo en los medios gira en torno a sus pasiones, la literatura y el cine.

¿Qué estás pensando?

Tu dirección de correo no será publicada con tu comentario.
Los campos requeridos están marcados*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.