El amor en los tiempos de Twitter

El amor en los tiempos de Twitter

Si tuviéramos que elegir el tema por antonomasia de la Literatura sin duda todas las miradas recaerían sobre el amor. No en vano el amor, bajo el paradigma del ‘amor cortés’[1], sería la materia fundamental del renacimiento de la poesía culta en lengua vulgar en la Francia y Cataluña de los siglos XI-XII, esto es, el origen de la literatura actual. De ahí nacerían Petrarca, Romeo y Julieta y algunos de los mejores sonetos del Siglo de Oro español, como esta célebre composición de Lope de Vega (a.k.a. El fénix de los ingenios):

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe

De aquí pasamos a Bécquer y los prebecquerianos, y a toda una serie de poetas y prosistas que llegan a la actualidad. Pero, desde luego, la literatura no es ajena a los avances tecnológicos, y así, aquellos que han querido utilizar Twitter para dar a conocer sus ficciones se hayan tenido que adaptar a las limitaciones espaciales que esta plataforma impone, reutilizando un género literario menor (con el permiso de Gómez de la Serna y Augusto Monterroso): el microcuento. Y, a falta de temas originales, que, como todos sabemos, ya están agotados, han utilizado el siempre inmarcesible amor. Para ilustrarnos, vamos a rebajarnos a la personificación y hablar de ilustres y concretos representantes de esta literatura amorosa tuitera: Mónica Carrillo y Dani Rovira[2]. Antes de proporcionar a nuestro ilustre lector algún ejemplo de las historias de Carrillo y Rovira convendría hablar, brevemente (¿cómo si no?) de las características genéricas del microcuento (o microrelato). Como habrán podido adivinar, la clave de bóveda de este género es su brevedad, si bien los límites están lejos de ser fijados. De esta necesidad de concisión derivan otras, como la preeminencia de lo sugerido sobre lo contado y el juego con las expectativas del lector. El mejor ejemplo de todo ello, epítome del microcuento en español, es El dinosaurio, de Augusto Monterroso, del que esa gran estatista como es Esperanza Aguirre declaró que tenía a medias de leer y que seguramente no habrá podido terminar.

Volvamos a las creaciones de Mónica Carrillo y Dani Rovira, que cuentan, a la sazón, con un público estimado en con 313.712 y 2.342.892 (respectivamente, sus seguidores en Twitter), además del que pueden obtener mediante retuits. Rovira, además, acaba de sacar un libro físico, titulado Agujetas en las alas y 88 razones para seguir volando, donde se recogen algunos de sus tuits microcuentísticos-amorosos, tales como:

Demasiados siglos y universos para que coincidieran sus bocas y, aun así, coincidieron.

O

Mientras la observaba pensó: Es curioso como a veces, y solo a veces, la palabra infinito no es suficiente.

La labor microcuentística de Carrillo también se ha hecho papel, en su caso intercalando ejemplos en su primera novela, La luz de Candela (a la sazón, publicada por el Grupo Planeta, responsable también del principal galardón literario de este país cuantitativamente hablando). Con una honestidad que la honra, Carrillo ha mantenido la etiqueta #microcuento, tanto para recordar sus orígenes tuiteros como para mantener la adscripción paratextual a este género. Extractemos algunos:

T e quiero

E n horizontal y en vertical

 

Q ueria decírtelo

U n día

I maginarte a mi lado

E so quería

R imas en ese sentido

O en figurado

#microcuento

 

A veces me acuerdo de la primera vez que te vi

Otras de la última vez que me besaste

Y de lo que siempre me olvido es de olvidarte

#microcuento

La mejor definición para estos microcuentos es decir que son bonitos. Muy bonitos, de hecho. Y completa y absolutamente banales, que es lo peor que se puede decir de una composición literaria. Me explico: decíamos antes que, junto con la brevedad, las características de los buenos microcuentos son la sugestión y el juego con las expectativas. Las creaciones de Carrillo y Rovira cumplen el primer requisito, pero fallan estrepitosamente en los demás. No sugieren nada, sino que cuentan historias completas, historias que, además, han sido repetidas miles de veces. La necesidad de concisión les obligan a reducir al mínimo los detalles, pero el esquema narrativo sigue ahí. Utilicemos el último de los ejemplos de microcuento de Mónica Carrillo, que utiliza el siguiente esquema narrativo: X se enamora de Y; X e Y tienen una relación; Y deja a X; X no puede olvidar a Y. ¿Les suena, no? Utilizado en su totalidad, o como parte de una narración aún mayor, este esquema se reproduce desde las canciones de La oreja de Van Gogh hasta tetralogías literarias tipo Crepúsculo. En ningún momento la autora de este microcuento se acerca siquiera a la posibilidad de apartarse de las expectativas del lector, sino que se limita a confirmarlas mediante la machacona repetición de un diseño archimanido, completamente convencional tanto en su fondo como en su forma (y no, utilizar un acróstico, como en el primer ¿microcuento?¿poema? de Carrillo no es una originalidad, por más que ese recurso esté en desuso en nuestros días).

Pasemos a Dani Rovira. «Demasiados siglos y universos para que coincidieran sus bocas y, aun así, coincidieron». Yo a este microcuento le veo mérito, qué queréis que os diga. El chico ha logrado hacer una síntesis de Paulo Coelho y Mariam Keyes en una sola línea, perpetuando y repitiendo una concepción del amor según la cual es lo mejor que te va a pasar en la vida, el centro en torno al cual debemos articular nuestra existencia, un derecho inalienable que el Universo ha de satisfacer mediante la coincidencia en el mismo espacio-tiempo con la persona que, de todas las que han sido, son y serán, es la única que puede hacerte completamente feliz. All you need is love.

Hablo de Mónica Carrillo o Dani Rovira como podría hablar de Carlos Ruiz Zafón (amor + misterio/fantasía) o María Dueñas (amor + literatura histórica), todos ellos practicantes del mismo onanismo literario consistente en la recreación extática en lo ‘bonito’, algo completamente complaciente en las formas y los fondos ya transitados. Sin embargo, estos han utilizado un molde completamente convencional, la novela en el sentido clásico de su configuración. Como novelas, sus creaciones no son un estrepitoso fracaso, por más tampoco ameriten nada reseñable. Carrillo y Rovira, por el contrario, fallaron en su intento de hacer una literatura a la medida de Twitter. Porque, como deberían haber aprendido, a veces escribir una única línea es más difícil que toda una novela.

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[1] `amor cortés´

[2] Vaya por delante que los dos, como personas, me son simpáticos. Sin embargo, el riesgo de hacer pública alguna de tus creaciones es la crítica impiadosa, como la que voy a acometer

Categorías: Actualmente, Actuar

Sobre el autor

José Corrales Díaz-Pavón

Todo lo que se puede decir lo han dicho hombres mejores que yo: “El que no lee, a los 70 años habrá vivido solo una vida. Quien lee habrá vivido 5.000 años. La lectura es una inmortalidad hacia atrás” Umberto Eco; "Un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado dentro de nosotros" Franz Kafka. A HomoNoSapiens ha traído frescura y carácter para compartir con todos lo mejor de sus vivencias y reflexiones entre páginas. Además de escribir sobre sus pasiones, literatura y política, se encargará de mantener vivo el apartado de poemas.

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