Monográfico 20D: política medida en audiencias

Monográfico 20D: política medida en audiencias

Que la televisión ha cambiado notablemente en los últimos tiempos es algo que no se nos escapa. Menos programación cultural, exceso de realities, telediarios que informan poco y potencian el morbo para la audiencia son sólo algunos ejemplos del tipo de entretenimiento e información que sale de los televisores.

Pero hay un sector en particular que ha sufrido una transformación y un gran empuje en este medio, la política. No sólo los formatos de tertulias políticas han aumentado considerablemente en los últimos años, sino que ahora la mayor participación de los representantes de partido en televisión es en programas que nada o casi nada tienen que ver con el tema.

Es bastante reciente ver a los candidatos y a sus equipos haciendo campaña en la televisión, pero mucho más novedoso es verles en programas que van desde el “famoseo” y el cotilleo a formatos de entrevistas personales. Los candidatos a las elecciones del próximo 20D se han paseado por diversos platós de televisión con la intención de acercarse más a los españoles dando a conocer su lado más ¿humano?

En la mayoría de estas apariciones, los candidatos dejan aparte sus programas electorales para centrarse en sí mismos, lo que ahora parece despertar mayor interés no es el discurso político sino la persona que hay detrás del mismo.

Debo reconocer que he seguido gran parte de esta campaña por la televisión, y es que, aunque sea por la curiosidad que suscita, algo nos impulsa a encender el televisor para ver al candidato en cuestión en su cocina, o hablando de sus padres, de sus parejas… ¿será al final todo cuestión de morbo?

Esto da pie a preguntarse si es de verdad tan importante conocer cómo desayuna, el tipo de relaciones que ha tenido en su vida, o si es de un equipo de fútbol u otro cada uno de los candidatos a estas elecciones. Puede que sea una forma de desviar la atención de sus propuestas, de sus fallos, de sus flaquezas, para que empaticemos y nos sintamos parecidos e incluso nos descubramos sintiendo ternura hacia ellos. Es posible también que sean sus equipos de campaña y sus responsables de comunicación los que orquesten ese discurso sobre sus vidas privadas. Al fin y al cabo los candidatos son diseñados, al menos en parte, para gustar a aquellos sectores de la población que consideran más afines a sus propuestas.

A pesar de estas cuestiones, las encuestas indican que este método funciona. Según un estudio de Kantar, el 53,8% de los españoles sigue la campaña electoral por televisión, continuando con un 21,9% que afirma acceder a la información por medios digitales e Internet, mientras que menos de la mitad de ese porcentaje lo hace por redes sociales. Es decir, que se entiende que la forma más rápida y efectiva de llegar a la mayoría de los votantes es la televisión.

Si nos paramos a pensar, es una buena táctica de marketing. Nos hacen olvidarnos, al menos en parte, de sus meteduras de pata en discursos, actos o incluso apariciones en debates televisados mientras nos centramos en la decoración de su casa, la relación con sus hijos o sus hobbies.

¿Es manipulación? ¿Populismo? ¿Desprestigia el ejercicio de la política o es un medio tan lícito como cualquier otro para hacerse oír? Esto por supuesto es decisión de cada uno, es algo subjetivo y visceral, y quizás una de las razones por las cuales este nuevo formato de comunicación política tiene tanto éxito.

 

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Categorías: Actuar, Monográfico 20D

Sobre el autor

Gabriela Hidalgo Caldas

Graduada en Psicología por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Centrada en la relación entre la salud del aparato digestivo y el estado emocional, prima la visión holística del paciente. Reside en Madrid.

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