26J: ¿necesitamos un cambio de paradigma político?

26J: ¿necesitamos un cambio de paradigma político?

Acabo de escuchar atentamente las palabras de uno de mis alumnos y todavía las estoy masticando en la Biblioteca. Se lamentaba de su ignorancia en temas políticos prácticos, ahora que acaba de cumplir dieciocho años y la coyuntura histórica le permite ejercer el derecho al voto, y ha tomado conciencia de las escasas oportunidades que le ha brindado el sistema educativo, hasta el momento, de llenar de significado sus actos cívicos futuros con argumentos razonables. Inevitablemente me he trasladado al pasado remoto y he recordado ese momento, en los albores de la Transición, cuando contaba catorce años y una adolescencia apasionada, en el que rehusé la invitación de un partido político para que militase en sus filas, aunque mi rostro estuviese plagado de espinillas. Seguramente, a la vista de lo ocurrido, si hubiera aceptado con obediencia la propuesta con ánimo de medrar, habría podido tocar de cerca el poder. Pero nunca me han gustado ni el dogmatismo ni “militar”, en ningún sentido de la palabra, y eso que en aquellos momentos, el pathos político corría por mis venas, formando una especie de gazpacho multicolor con fuertes toques de romanticismo, idealismo descarnado y sed de justicia quijotesca. Recuerdo también cómo el desencanto evaporó ya en tiempos tan lejanos la efervescencia y el compromiso políticos de aquellos adultos de mi barrio madrileño con los que dialogaba tímidamente sobre la cosa pública y me aventajaban en más de treinta años. Fundaron una nueva asociación, la “Asociación del Buen Vivir” (ABUVI), con el firme deseo de compartir los domingos el gusto por las buenas viandas y los generosos caldos. La crisis de la conciencia política revolucionaria de finales de los setenta había desembocado, cual síntesis hegeliana, en una nueva lógica mundana y gozosa, reñida con la austeridad.

Como afirmaba recientemente Amador Fernández-Savater[1]: “No basta con cambiar de políticos. Necesitamos un cambio radical de lógica. Otra cultura política”. Sin necesidad de resucitar los fantasmas platónicos sobre las debilidades de los sistemas democráticos parece necesario un cambio de perspectiva si queremos que, realmente, las cosas mejoren. Precisamente el platonismo favorece un paradigma del gobierno, una concepción que concibe la política como el modo de dirigir la realidad desde un modelo o Idea de perfiles casi matemáticos, desde la Razón Teórica kantiana, puesto que no hay diferencia entre conocer y gobernar. El político es gobernante, y el gobernante desconfía de los sentidos, deduce metódicamente y proyecta estratégicamente lo que se debe hacer (esto es lo que llaman, “lo justo”) y, finalmente, lo aplica a la realidad, “enderezándola” –afirma Fernández-Savater- con la fuerza de la Ley. Aunque el paradigma de gobierno ha alumbrado vástagos tan reputados como la Declaración Universal de los Derechos Humanos (en ocasiones, difícil de conciliar con el respeto a la diversidad cultural), también es responsable de numerosos desastres ecológicos, por eso de que somos amos y señores del universo. Los revolucionarios, por su parte, también se han contagiado habitualmente del paradigma del gobierno, esto es, han desconfiado de lo que acaece, han creado un contramodelo y han dispuesto acciones estratégicas para forzar la realidad en su momento, embutiéndola en sus nuevos corsés. Tanto unos como otros, gobernantes y revolucionarios, han hecho uso del Partido de masas como medio para lograr su objetivo: el poder. Los “militantes” (eso que yo no he querido ser nunca) se encargarán de esculpir la realidad de acuerdo con el modelo diseñado por teóricos e intelectuales. Los ciudadanos se contentarán, por regla general, con el derecho a votar a sus representantes. He aquí el sistema de gobierno representativo. ¿Es esto la Democracia?

Fernández-Savater nos muestra una forma diferente de ver la realidad política: el paradigma del habitar, deseoso de cuidar y recrear el mundo existente, sin necesidad de proyectar entelequias ideales. No se trata de enderezar la realidad, ni de poner corsés, sino de explorar la diversidad de las situaciones y ser conscientes de nuestras potencialidades a la hora de transformarlas, llegado el caso. No hay que gobernar sino organizar, y hacerlo desde la sensibilidad. Se trata de “sentirnos” en la cosa pública “como en casa”. No es difícil que podamos ver muy pronto en España –al estilo de Suiza, por ejemplo- cómo nuestras opiniones sobre asuntos públicos surcan el ciberespacio, se traducen en decisiones en un ejercicio de auténtica democracia directa, y se pueda seguir el rastro de las acciones de los representantes políticos, aunque estemos en pijama y zapatillas.

¿Es conveniente un cambio de perspectiva teórica en la concepción de la acción política? ¿Son útiles las perspectivas teóricas, o debemos centrarnos, como recomienda Marx, en la organización económica y las relaciones sociales de producción que de ella se derivan? ¿Qué grupos políticos españoles actuales apuestan de verdad por lógicas mundanas y gozosas? Una vez consolidados los ideales republicanos de la libertad y la igualdad por los seguidores del paradigma del gobierno, ¿es la solidaridad la tarea del paradigma del habitar?

 

Leer más en Homonosapiens| Monográfico 20D: ¿qué son y qué no son unas elecciones políticas?


[1] Del paradigma del gobierno al paradigma del habitar. En lo que sigue, me permito la licencia de comentar sus propuestas y airear sus argumentos.

Categories: Actuar, Humanamente

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Rafael Guardiola Iranzo

Licenciado en Filosofía por la Universidad Autónoma de Madrid, ha tratado de conciliar, desde entonces, sus dos hemisferios cerebrales, de acuerdo con sus intereses: de un lado, la Lógica, y de otro, la Estética y la reflexión sobre las artes. Profesor de Filosofía desde 1985,
en Centros de Bachillerato y Secundaria de Madrid, Palma de Mallorca y Málaga, es el actual Secretario de la Asociación Andaluza de Filosofía, y tiene a gala ser miembro de la Sociedad Española de Filosofía Analítica y coordinar la Plataforma Malagueña en Defensa de la Filosofía. Ha organizado las cinco ediciones de la Olimpiada Filosófica de Andalucía (las cuatro últimas, en colaboración con Antonio Sánchez Millán), una clara muestra, a su juicio, del papel social de la Filosofía y una valiosa cantera de pensadores críticos. Empeñado en que la Filosofía esté en el tejido de la vida cotidiana, colabora habitualmente en la sección de Opinión de “El Mirador de Churriana”, Diario Local del Distrito nº8 de Málaga, ciudad en la que trabaja desde 1994. Es, asimismo, autor de traducciones de libros que están en sintonía con sus debilidades especulativas: Cornford, F.M. (1987). Principium sapientiae. Los orígenes del pensamiento filosófico griego. Madrid: Visor; Goodman, N. (1995). De la mente y otras materias. Madrid: Visor; Podro, M. (2001). Los historiadores del arte críticos. Madrid: Antonio Machado Libros; y Fried, M. (2004). Arte y objetualidad. Madrid: Antonio Machado Libros. Ha publicado artículos y reseñas en revistas como Revista de Occidente, Theoria, La balsa de la Medusa, Alfa, Sociedad y Filosofía para Niños y participado en Proyectos de innovación Educativa y Grupos de Trabajo, auspiciados por la Junta de Andalucía. Su mayor mérito: haber recibido ya, por parte del Ayuntamiento de Málaga, un homenaje a su trayectoria como docente, sin haberse jubilado ni haber muerto.

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