Tus límites son tu búsqueda

Tus límites son tu búsqueda

Por muy rápido que corras
tu sombra no solo te sigue siempre
sino que, a veces, ¡Se te adelanta!

Solo el pleno sol sobre la vertical
te reduce la sombra.
¡Pero esa sombra también
te hace un servicio!

Lo que te duele, te bendice.
La oscuridad es tu candela.
Tus límites son tu búsqueda (Rumi)

 

Cada uno de los acontecimientos que vivimos, cada experiencia, cada conflicto, cada deseo, cada decisión, cada emoción puede servirnos para entrenar nuestra práctica filosófica y avanzar en el camino del autoconocimiento.

¿Cómo? Preguntándonos acerca de lo que experimentamos y respondiéndonos con la mayor honestidad posible.

Imaginemos una situación que de forma repetida en mi vida “me saca de mis casillas”, es decir me lleve a reaccionar de una  forma desproporcionada (cada uno puede hacer el ejercicio con una situación que le resulte familiar).

Por ejemplo: Si mi hijo, mayor de edad, me dice que quiere dejar los estudios, o estudiar algo con lo que yo no estoy de acuerdo, puede pasar que, de inmediato y de forma reactiva, mi personaje furibundo se apodere de mí por completo. Si esto ocurre, el personaje,  actuando a través de mí, dominará mi reacción de modo inconsciente y automático: convertido ahora en actor, y absolutamente identificado con el personaje iracundo que se ha adueñado de mí, dramatizaré una escena que puede adoptar diversas formas y que todos podemos imaginar.

Pero, la situación de nuestro ejemplo (u otra semejante) la podemos interpretar de distintos modos. Veamos tres formas básicas:

  1. Pensando que este nuevo problema en mi vida es el causante de mi intranquilidad, en la forma que ésta adopte: enfado, ira… Es decir, interpretando que es el acontecimiento externo el que genera mi sufrimiento.
  2. Culpando a mi hijo, o a su forma de ser, de mi infelicidad, de mi falta de paz o de mi sufrimiento. De nuevo, interpretando que es el otro el que causa en mí infelicidad, intranquilidad, ira…
  3. Preguntándome acerca de lo que hay detrás de mi sobrerreacción; es decir, cuestionándome qué hay mío en juego en el hecho de que mi hijo tome un camino que a mí no me parece adecuado, seguro, exitoso… Es decir,  haciéndome cargo de mis emociones y de las creencias que las sustentan sin proyectar mis temores, mis dudas, mi desconfianza, o mi propia infelicidad en el otro (en este caso, sobre mi hijo).

Dependiendo de mi modo de interpretar la situación en el ejemplo que estamos examinando, mis respuestas podrían tender:

  1. A intentar modificar la situación o simplemente a instalarme en la queja, sintiéndome impotente y enojado con el mundo y con los demás. Entonces podrían aparecer algunas creencias como, “esto que ocurre es terrible”,“no es justo que …”,  etc.
  2. A querer cambiar a mi hijo y controlar sus decisiones para que se ajusten a lo que yo considero que es mejor para él (y para mi tranquilidad). Las creencias, en este caso, podrían ser del tipo “debería ser más sensato”, “no tiene ni idea de lo que es la vida”, “debería poner los pies sobre la tierra”, “se va a estrellar”…
  3. A hacerme cargo de mis representaciones sobre esa situación y cuestionarlas, es decir: a mirar detenidamente las emociones que esa situación genera en mí, y a cuestionarme las creencias que están implícitas en mi reacción desproporcionada, como por ejemplo, “yo sé lo que es mejor para mi hijo (sé cuál es el bien del otro)”, “sería terrible que tomara un camino equivocado”, etc.

En resumen, si opto por proyectar fuera la causa de mi infelicidad, intentaré, de algún modo, controlar bien el acontecimiento externo (la situación), bien a los demás para que yo me pueda sentir en paz. Pero, probablemente, no conseguiré lo que deseo, pues el exterior se resistirá, de alguna manera, a ser “corregido” para que encaje en la forma concreta que yo considero que es la correcta. Si sucede algo así, entonces convertiré la oportunidad que me ofrece el desafío inicial (mirar qué señala esta situación que vivo acerca de mí mismo) en un conflicto al que agregaré tensión y sufrimiento.

Pero si opto por examinar el fondo de lo que siento ante lo que acontece, tendré la posibilidad de iluminar alguna de mis sombras y de revisar alguna de las creencias limitadas que están operando en mí. Y mi búsqueda continuará.

Lo que en verdad nos espanta y desalienta no son los acontecimientos exteriores por sí mismos, sino la manera en que pensamos acerca de ellos. No son las cosas lo que nos trastorna, sino nuestra interpretación de su significado” (Epicteto)

Leer más en Homonosapiens| ¿Dónde buscaremos la felicidad?, El fármaco de cuádruple acción de Epicuro

Categorías: Filosóficamente, Pensar

Sobre el autor

Carmen Zanetti Dueñas

Carmen Zanetti es Counselor (Consultora psicológica) especializada con un Postgrado en Desarrollo Personal y Licenciada en Filosofía. Trabaja en consultas -presenciales y online- de Counseling y Asesoramiento filosófico y actualmente modera un Ciclo de Cafés filosóficos en Galicia (Val Miñor) También imparte cursos y talleres sobre Counseling, Escucha y Filosofía para la vida www.carmenzanetti.es www.tomarselavidaconfilosofia.blogspot.com.es

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