¿Qué puede ser eso del amor?

¿Qué puede ser eso del amor?

Lo primero es saber que hay variadas maneras de entenderlo —según los aprendizajes y la trayectoria anterior de cada persona— y que, cuando se dan cita en la convivencia diaria, esto produce la mayoría de dificultades y sufrimiento habituales, pues se concitan diferentes expectativas y sus consiguientes frustraciones. Pero además, no se olvide que es también variada la tipología de formas de amarse los seres humanos, desde los amores más básicos o físicos a los más espirituales. El amor de pareja no es el único posible; responde a una fuerza mucho más fundamental que se expresa también a través de las otras formas de amarse: surge de la atracción (Eros) y se dirige hacia un objeto de amor que la persona siente necesario para su propia realización y plenitud como ser humano. Por tanto, el amor es una de las principales —si no la principal— formas de realización personal. El amor es una fuerza unitiva e integradora del universo existente, que en el ser humano se expresa a través del anhelo de la conexión con todo aquello que sintoniza. Entonces, amar es relacionarse con lo profundo de uno mismo a través de la relación con otro, que es reconocido como un modo expresar su amor. Amar es, entonces, reconocerse en todo lo que hay existente. Pero, si es reconocerse o reencontrarse, esto quiere decir que el amor ya está en todos nosotros. Sólo necesitábamos un rodeo —unas experiencias—, salir fuera para estar dentro más honda y conscientemente. Sin embargo, creer que el amor está en el objeto —fuera— y no en el sujeto —dentro— es lo que lleva a las patologías habituales: pensamos que nos falta el amor, cuando nos falta el objeto de amor.

No se olvide que vivir es relacionarse. Así que al amar uno se relaciona y, al relacionarse, puede llegar a vivir plenamente. Pero si el amor lo buscamos fuera, como si estuviera realmente fuera —como sí que lo está su modo de expresión o desarrollo—, aquello que no depende de nosotros, ¿qué nos ocurre cuando nos falla este objeto de amor? Todos lo sabemos: desde el desengaño al suicidio en casos extremos, desde el odio o la ira a la depresión o la apatía. Pero el amor está ya en ti y es inagotable, puesto que forma parte de tu propia y pura potencialidad de ser. Se puede vivir sin amor, pero no se puede vivir sin amar, sin expresar el amor de alguna manera satisfactoria. Es una fuerza demasiado incontenible.

¿Y qué amor puede ser mejor? Ya ha quedado dicho: el amor que contribuye a tu realización, que te lleva a ser más tú mismo. En la medida en que esto es así, este amor es saludable y prometedor. Lo que te empequeñece, te encoge y constriñe no sólo te aleja de ti mismo, sino del verdadero amor. No hay amor de verdad a cambio de ser menos tú. O es un amor cruel o es débil, o bien se reparte esto entre vosotros dos. El amor saca lo mejor de ti, expande tus capacidades, eres capaz de cualquier cosa… Pero construyendo, no destruyendo si no es para construir; integrando las distintas vertientes o aspectos de ti, no desarraigando unos de otros, reduciendo unos a otros, excluyendo todo lo demás; uniendo o separándose para unificarse en un nivel de perspectiva más completa, una visión más amplia.

Si una relación amorosa no se basa en una libertad inicial o no se dirige a ser más libres los amantes; si no te hace más libre —más tú mismo— y no te lleva a sentirte cada vez más libre —queriendo estar allí sintiéndote cada vez más libre—, entonces, eso no es estar enamorado, es otra cosa: dependencia, impotencia, refugio, necesidad, objetivo o meta, costumbre…, pero nunca amor verdadero, sino un tipo de relación tóxica. Un mal menor —no sentirse del todo solo, estar acompañado— en todo caso, mas no un bien en sí mismo.

Si una relación amorosa no está basada en el respeto mutuo —como toda relación humana auténtica, que pone de manifiesto la igualdad del otro como tú— y en una mutua comprensión esencial, no marcha por buen camino. Pero el respeto y la comprensión no sólo han de ser formales o supuestos, no sólo han de ser otorgados por uno u otro amante, sino que ha de ser notado así por los miembros de la relación. Porque la libertad o la comprensión no es hacia el otro, sino que es del otro, propia suya. ¿Y cómo, entonces, esto constatarlo y realizarlo? Contando siempre con cada parte, no dando nada por supuesto en el otro, sino escuchándolo siempre a él o ella; preguntando, observando, no tomando nada como ya hecho o logrado, sin alimentar nuestra propia auto-imagen del otro y el artificio imaginado de lo que él o ella necesita. Pero, ¿comprenderse es estar de acuerdo, siempre pensar lo mismo y coincidir en todo? Ni mucho menos. Comprender es ser conscientes de lo que necesita el otro, captar qué busca, cómo lo busca, una comprensión de lo más importante suyo, desde su propia perspectiva; y sobre lo que no sea fundamental —cuando no haya coincidencia— saber de cada uno por dónde va, dónde se sitúa, esto ya es muchísimo. Comprenderse debe llevar, pues, a la conciencia mutua de nuestras diferencias y nuestras coincidencias. Y se puede decidir vivir juntos conociendo y respetando nuestras diferencias, pero no se puede convivir sin ser plenamente conscientes de ellas.

Imagen| Eros y Psique

Leer más| Café filosófico: Sobre La fidelidad en el amor

Categorías: Humanamente, Pensar

Sobre el autor

Antonio Sánchez Millán

Es licenciado en Filosofía (Universidad de Granada) y profesor del IES “Juan de la Cierva” de Vélez-Málaga (España). Autor del libro "Practicar la filosofía, los Cafés filosóficos y otras prácticas socráticas" (Editorial Alegoría, Sevilla, 2013), que es fruto de su experiencia organizando diversos Cafés filosóficos durante los últimos años. La mayor parte de sus intereses filosóficos actuales giran en torno a la Práctica filosófica y la integración del pensamiento de Oriente y Occidente, además de la búsqueda interior y la vida buena. Otras publicaciones, sus proyectos y actividades pueden seguirse en el Blog: "Palestra de Filosofía"

Comentarios

  1. Alicia Carpuela
    Alicia Carpuela 5 diciembre, 2015, 20:55

    Hola Antonio, me ha gustado mucho el artículo. Me ha dado tablas para amar más y mejor. Gracias.

    Responder este comentario

¿Qué estás pensando?

Tu dirección de correo no será publicada con tu comentario.
Los campos requeridos están marcados*