La magia de lo verosímil

La magia de lo verosímil

Antonio Báez, apodado “El Maestrico”, nació en Buenos Aires, en 1922. Fue un conocido practicante del balompié y brindó sus mejores tardes vistiendo la camiseta de míticos equipos como el Club atlético Tigre, el Club atlético River Plate, el Club atlético Platense y el Club Deportivo Los Millonarios. En su palmarés cabe incluir ahora su segunda novela, La magia de los días, que ha visto la luz recientemente, en la editorial Talentura. A los ojos, ya cansados, del autor, su novela es “una odisea desesperanzada y alegre protagonizada por un don nadie”, que aspira a compartir con un público heterogéneo, como el chico de barrio que fue y al que la fama abrió pronto sus puertas. La novela se asienta en la tensión entre cimientos tan sólidos como la búsqueda de lo verosímil y la rotunda presencia de lo mágico, de lo insólito, sin que ello haga que se tambalee el edificio. Antonio Báez es un bardo del sofisma, un antequerano tan hábil para construir personajes y paisajes con la austeridad de las oraciones simples, modelándolos con la acción y la metáfora, que nos podría haber engañado, perfectamente, haciéndonos creer en su glorioso pasado deportivo, en su avanzada edad y en sus aptitudes seductoras para el tango. Quiere ser conocido, como le ocurriera al futbolista bonaerense, pero gracias a las letras y a su ironía agridulce. Y quiere también que lo cotidiano resulte elegante.

El olvido, como envés de la memoria, es el protagonista de la primera novela de Antonio Báez, publicada en septiembre de 2011 también por la editorial Talentura y titulada La memoria del gintonic. Desde que apareció su primer libro de relatos, Mucha suerte en el año 2008 (narrador.es), Antonio Báez ha publicado también Griego para perros, en la editorial Sabara (2012), libro que concibe como un “híbrido de relatos, microrrelatos y novela”, y ha colaborado con cuentos y microrrelatos en antologías como Mar de pirañas (Menoscuarto, 2012), Velas al viento. Los microrrelatos de la nave de los locos (Cuadernos del vigía, 2010), y en Blogs de papel (Editores Policarbonados, 2009). Numerosas son también sus publicaciones digitales y meritorio su Blog cuentosdebarro.blogspot.com, que mantiene desde el año 2007, y que fue nominado como mejor Blog de creación por la Revista de Letras en el año 2011. En otro orden de cosas, no son pocos los lectores de Antonio Báez que disfrutan de la mágica irrupción de personajes y situaciones de sus primeros escritos en la trama de La magia de los días. Báez es un “maestrico” del autopréstamo textual.

La magia de los días consta de dos partes perfectamente ensambladas por las artes de un centauro irreverente, aficionado a tejer historias verosímiles con un “realismo pedestre”, que gusta de provocar sorpresas circenses en un lector que, muy pronto, se deja seducir con facilidad. La primera abarca un conjunto de relatos (“El magnetofón”, “Insomnio”, “Hospital”, “Cumpleaños” y “Ven, Capitán Trueno”), y la segunda, comprende  la novela La magia de los días, fruto de una conversación imaginaria mantenida por el autor del relato y Adán, su protagonista, durante veinte años. Antonio Báez desmenuza con voracidad los fragmentos de los acontecimientos que novela, muchos de ellos, auténticos productos de desecho que podríamos encontrar en una escombrera o en  moderno “punto limpio” y juega a pegarlos con la paciencia infinita del santo Job. Tal vez esté intentando reconstruir los espejos rotos de la memoria, a los que alude Borges en un poema, espejos que protagonizaron la primera novela del propio Báez. Ahora le toca el turno, sobre todo, a los placeres de la imaginación.

El uso de la primera persona es el secreto de la magia del grupo de relatos con el que se abre la obra, un homenaje inconsciente a Eros y Thanatos, a la pulsión sexual y a la insuperable realidad de la muerte. Hay incluso, una necrofilia atenuada que oscila entre el gusto por la nada y la aceptación estoica de nuestra mortal condición con ciertos toques cínicos y existencialistas. Para Antonio Báez la lluvia confiere importancia a las empresas humanas y la vida es “un hacha, un relámpago, un estertor”. No hay que perder tiempo. Báez se ve a sí mismo como un “detective de vidas ajenas” y se lanza a una investigación del mundo a través del miedo y el hastío de la infancia. Son motores que sólo puede abrazar un escritor sincero, un chico de barrio, del malagueño barrio de La Luz, que reconoce ser un solitario social, un distinguido miembro de una pandilla unida por los escalofríos del miedo y condenada a una especie de invalidez permanente, con las canciones de Asfalto como banda sonora.

La “chifladura” del payaso es el origen de la novela La magia de los días que se desarrolla a continuación y como sucede en el ingenioso cuento de Voltaire de 1767 que lleva por título Cándido o el optimismo, el relato del que nos ocupamos tiene un final abrupto. Todo acaba “como si no hubiese pasado nada”. Parece como si no tuviéramos razón alguna para atormentarnos pensando en las desgracias que aparecen a lo largo de la vida de Adán, de una vida cincelada por el dolor, la fatalidad, el vértigo paralizante, y la pasión amorosa hacia mujeres cuyo nombre comienza por la letra T. Un tema recurrente del Cándido de Voltaire y de La magia de los días es la sucesión y acumulación de calamidades que acaecen, con la sombra del destino inexorable al acecho. En cualquier caso, no hay que olvidar que Cándido y Adán comparten en la vida como viaje, en su viaje a lo largo del gran teatro del mundo, un mismo imperativo vital: la ingenuidad y la capacidad de asombro. Invito desde aquí al lector a que se adentre furtivamente en las páginas de La magia de los días con la esperanza de que pueda arrancar a su artesano hacedor el secreto de alguno de sus trucos.

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1| Báez, Antonio, La magia de los días, Madrid, Talentura, 2016

Categories: Culturalmente, Leer

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Rafael Guardiola Iranzo

Licenciado en Filosofía por la Universidad Autónoma de Madrid, ha tratado de conciliar, desde entonces, sus dos hemisferios cerebrales, de acuerdo con sus intereses: de un lado, la Lógica, y de otro, la Estética y la reflexión sobre las artes. Profesor de Filosofía desde 1985,
en Centros de Bachillerato y Secundaria de Madrid, Palma de Mallorca y Málaga, es el actual Secretario de la Asociación Andaluza de Filosofía, y tiene a gala ser miembro de la Sociedad Española de Filosofía Analítica y coordinar la Plataforma Malagueña en Defensa de la Filosofía. Ha organizado las cinco ediciones de la Olimpiada Filosófica de Andalucía (las cuatro últimas, en colaboración con Antonio Sánchez Millán), una clara muestra, a su juicio, del papel social de la Filosofía y una valiosa cantera de pensadores críticos. Empeñado en que la Filosofía esté en el tejido de la vida cotidiana, colabora habitualmente en la sección de Opinión de “El Mirador de Churriana”, Diario Local del Distrito nº8 de Málaga, ciudad en la que trabaja desde 1994. Es, asimismo, autor de traducciones de libros que están en sintonía con sus debilidades especulativas: Cornford, F.M. (1987). Principium sapientiae. Los orígenes del pensamiento filosófico griego. Madrid: Visor; Goodman, N. (1995). De la mente y otras materias. Madrid: Visor; Podro, M. (2001). Los historiadores del arte críticos. Madrid: Antonio Machado Libros; y Fried, M. (2004). Arte y objetualidad. Madrid: Antonio Machado Libros. Ha publicado artículos y reseñas en revistas como Revista de Occidente, Theoria, La balsa de la Medusa, Alfa, Sociedad y Filosofía para Niños y participado en Proyectos de innovación Educativa y Grupos de Trabajo, auspiciados por la Junta de Andalucía. Su mayor mérito: haber recibido ya, por parte del Ayuntamiento de Málaga, un homenaje a su trayectoria como docente, sin haberse jubilado ni haber muerto.

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