¿Estás tan seguro? ¿Estás tan segura?

¿Estás tan seguro? ¿Estás tan segura?

Ahora toca jugar a la búsqueda de la verdad. Si quieres jugar, una condición es indispensable: que no concibas la verdad como algo duro, cerrado y rígido, sino como algo blando, abierto y flexible. Aunque mejor todavía, si eres de los primeros, tu descubrimiento puede ser aún más extraordinario. Por lo tanto —rectifico— para jugar a este juego, por ahora, se requiere simplemente que seas valiente. ¿Recuerdas el conocido cuadro de Salvador Dalí: La persistencia de la memoria? Si el tiempo —creemos que tan preciso y exacto, pero bien mirado— se dobla y amolda al mundo, se reblandece y pierde su rigidez metálica y dura, ¿qué será de la búsqueda de la verdad, que forma parte de esta realidad temporal en que nos movemos? Te invito a contemplar la blandura de la verdad, que tantas veces ha sido vista de manera tan “precisa y exacta”, tan impenetrable y hermética, tan pétrea e inamovible. Por ejemplo, considera la verdad de una teoría científica: ¿Qué ha pasado hasta ahora? ¿No hemos podido profundizar en ella con el paso del tiempo? En un momento dado, ¿no se nos mostró porosa y quebradiza? ¿Nos ha importado mucho? “En absoluto, así avanza la ciencia”. Pues lo mismo cabría decir respecto a cualquier otro tipo de verdad: ética, política, personal, social… Piensa por un momento: ¿Por qué hay tantos conflictos, por qué hay tantas guerras? ¡Ay, si los hombres tomáramos conciencia de esas grandes verdades en las que tanto creemos —Dios, Patria, Mundo, Yo— y las contempláramos como lo que son, ficciones nuestras, quizás esto impediría que nos aferrásemos a estas presuntas verdades hasta llegar a matarnos unos a otros por ellas!, exclamaba con pesadumbre David Hume. Y nosotros con él.

¿Y cuál es la herramienta curativa que puede ofrecerte la filosofía? La sana duda. Una objeción, una duda razonable, estar siempre alerta. Aprender a problematizar nuestras ideas y practicarlo continuamente. ¿Qué ganamos con ello? Sentido crítico y autocrítico de tu propia vida y de lo que te rodea. Por esta razón, requerimos de tu personalidad un segundo ingrediente: la valentía —dijimos—, pero también la sinceridad en la búsqueda. Si la verdad está ahí para descubrirla, más importante todavía sería nuestra actitud ante ella, cómo sea nuestra búsqueda: ¿Cómo sé yo eso que creo saber? ¿Estoy tan seguro? ¿Estoy tan segura? Queremos profundizar en la verdad. Y para ello, es importante poder ir reblandeciendo una verdad inicial, que tomaremos como punto de partida. En lugar de una verdad autocomplaciente, autosatisfecha, tratémosla como una hipótesis de trabajo. A ver qué pasa. Al final, tú puedes seguir pensando lo mismo. Nadie te lo impide. Estás en tu derecho, como suele decirse hoy día. Pero… ¡Ya sabes que hay un problema! Es suficiente con que tú te lo mires… ¿A quién no le ha pasado que se le ha caído, y se ha hecho añicos, una verdad en apariencia incontestable? ¿A quién no le ha pasado que una verdad muy sólida y brillante se le ha desmoronado y deslizado entre los dedos? ¿A ti no te ha pasado? Eres, entonces, la persona más propicia para esta tarea que te proponemos. Y nada mejor que realizar este trabajo en grupo, en el contexto de un taller de filosofía o en el transcurso de un diálogo filosófico.

Queremos profundizar en la verdad y no arremeter contra nadie. Sus afirmaciones, sus ideas y creencias serán puestas en cuestión con valentía, con sinceridad, pero no olvides que tú no eres nada de todo eso. Nuestros problemas comienzan cuando nos hacemos uno con nuestras ideas, con los contenidos de mi mente, cuando me identifico con ellos. Cuando no hay separación, somos uno esas ideas y yo: yo soy mis ideas. Y desde el mismo momento en que son cuestionadas, creemos que nosotros mismos estamos en juego. Nos inunda el temor. Más todavía en un mundo como el que vivimos, en el que ya todo parece movedizo, interpretable, manipulable, tan inestable. Sería lógico, pues, aferrarse a aquello que creemos más arraigado en nosotros. Nuestras raíces. Y esto es humano, demasiado humano (Nietzsche). Los mayores peligros sobrevienen cuando estas creencias subyacen y no somos conscientes. Por eso, problematizar es una parte de la tarea de volver consciente lo inconsciente. No es otra cosa. ¿Me entiendes?

Y no te sientas mal. Todo lo contrario, es muy gratificante. Puedes adquirir una visión más amplia. Es como si dieras unos pasos hacia atrás y pudieras observar las cosas con una mayor perspectiva. Más claras. Más verdaderas. Más evidentes. ¡No pensarías que todo este trabajo nos llevaría al escepticismo del “nada vale nada y no merece la pena” o al relativismo del “todo vale igual y lo mismo da que da lo mismo”! No es peligroso cuestionarse a uno mismo. Lo peligroso es no hacerlo nunca o casi nunca. Y si no te agrada efectuarlo —y realizarte a ti mismo con ello— no hay otro problema que la falta de costumbre. Mira bien: unos niños y niñas de once años no tienen ningún reparo. Pueden cuestionarse en grupo mutuamente —siguiendo un método muy sencillo— cosas que serían muy importantes para ellos. ¿Tú por qué no vas a poder? Suelta un poco y ablanda tu caparazón. Te recuerdo que sólo se precisa un poco de valentía y mucha sinceridad con uno mismo, que es la manera más fácil y directa de poder ser sinceros con los demás.

Después de este trabajo, algunos de estos niños y niñas que te digo, de los Colegios “Los Olivos” y “El Romeral” de Vélez-Málaga, redactaron así la verdad:

La verdad es lo que relacionamos, lo que hablamos, lo que pensamos sobre algo. Si existe algo, lo tenemos que estudiar y aprobar en grupo a ver si es verdad o no. La verdad siempre está ahí para que nosotros la busquemos. La verdad =es todo.

 La verdad no siempre es verdad. A veces por muchas razones que tengas para creer la verdad no tiene por qué ser válida. La verdad, por muchas veces que la busques, pocas la encuentras, ya sean presentes, pasadas o futuras. La verdad siempre está abierta a cosas nuevas. La verdad está en nuestro interior. Buscad vuestra verdad, tarde o temprano la encontraréis. Chic@s, la verdad la tienes que buscar, ánimo, la encontraréis. La verdad no existe. La verdad eres tú. Tú eres la fuente de tus emociones. A qué esperas a buscarla. PD: Si encontráis la duda, encontraréis la verdad.

Hemos aprendido que la verdad es un misterio de la vida, que hay que sacar conclusiones para saber la verdad y por eso es bueno sacarla y no esconderla. Para que tus compañeros te ayuden y puedan sacarte del apuro y estés feliz y no te encuentres triste.

 La verdad te ralla un poco, pero si te centras, lo sabrás. Si cierras los ojos, ves la verdad de tu cuerpo y de lo que te gusta mucho. Pero el ahora que hemos dicho en clase es el ahora de cuando lo dices, y el otro ahora, el de después ya es otro diferente.

 La verdad es lo que piensas en unos momentos y estás totalmente segura. Hasta que llega un momento que te contradices, aunque a veces lo que dices es totalmente verdad. Como por ejemplo, la pregunta de: ¿las sirenas existen? Ahí me puedo confundir en decir qué decir, porque no sé totalmente si existen o no. Entonces, si no estás segura, no tienes una verdad que proteger. Pero si tú dices que las sirenas existen, estás tú con la verdad. Nosotros podemos estar de acuerdo, pero hay veces que no tenemos razón, por eso hay que respetar lo que digan los demás.

Leer más en Homonosapiens| ¿Qué puede ser esto?  ¿Qué es esto? ¿Quién soy yo? ¿Qué queréis saber?

Categorías: Pensar

Sobre el autor

Antonio Sánchez Millán

Es licenciado en Filosofía (Universidad de Granada) y profesor del IES “Juan de la Cierva” de Vélez-Málaga (España). Autor del libro "Practicar la filosofía, los Cafés filosóficos y otras prácticas socráticas" (Editorial Alegoría, Sevilla, 2013), que es fruto de su experiencia organizando diversos Cafés filosóficos durante los últimos años. La mayor parte de sus intereses filosóficos actuales giran en torno a la Práctica filosófica y la integración del pensamiento de Oriente y Occidente, además de la búsqueda interior y la vida buena. Otras publicaciones, sus proyectos y actividades pueden seguirse en el Blog: "Palestra de Filosofía"

Comentarios

  1. Aldous Huxley
    Aldous Huxley 7 julio, 2016, 15:42

    Qué buen ejemplo el del tiempo. Aunque para mi el tiempo es algo constante como nada, imparable, inamovible, la percepción del tiempo es algo maleable, flexible y diferente para cada uno. Es un ejemplo que me ha ayudado mucho a entender el mensaje.
    Ahora parece que me queda trabajo por delante. ¡A dudar!

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    • Antonio Sánchez Millán
      Antonio Sánchez Millán Autor 22 agosto, 2016, 10:15

      Pues sí, a todos. No hay verdad sin dudar, sin despejar lo que no es, o no es tan claro. La duda es un modo de profundizar en la verdad.

      Puede ser una constante, el tiempo, pero no es nada del mundo, el sujeto lo pone en él para poder situar los objetos, igual que el espacio. Esto ya lo vio claro Kant. El espacio y el tiempo son estructuras a priori del sujeto que constituyen la experiencia humana, nuestra percepción de la realidad. Pero como es una estructura compartida con los demás seres humanos da la apariencia de ser real. Es nuestra forma humana de ver el mundo.

      Gracias por el comentario

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