¿Qué es esto?

¿Qué es esto?

¿Cuántas veces te ha pasado que sabes algo, que lo tienes en la punta de la mente, pero te faltan las palabras y las ideas? En este caso, plantéate si de verdad lo sabes, si lo comprendes realmente, cuando no puedes expresarlo con un mínimo de claridad. ¿Hay algo en tu vida que te importa muchísimo, pero no te ves con capacidad de decir lo que es? Lo sabes reconocer, pero no lo sabes definir.  ¿Y cuando te pones manos a la obra lo defines de un modo circular, poniendo simplemente un ejemplo, diciendo lo mismo con otras palabras, o bien confundiendo más que aclarando? “Moverse es no estar quieto”, “la justicia es lo que yo estoy haciendo”, “el bien es ser bueno”, “el hombre es un ser bípedo implume”. No parecen éstas definiciones muy satisfactorias. Lo sabes tú y lo saben unos niños y niñas de enseñanza primaria, con los que hemos disfrutado trabajando la definición socrática.

Si afirmo que una mesa es “un tablero apoyado sobre cuatro patas”, enseguida me replicarás diciendo que tu has visto mesas de tres, de dos y hasta de una sola pata, o me dirás que no todas las mesas son de madera. Y con toda la razón, pues la definición responde a la pregunta ¿qué es, en sí mismo, algo? Quiere esto decir que pretende dar con la esencia, con lo importante y decisivo de algo, aquello que no cambia de objeto en objeto, aquello que lo identifica con claridad y precisión, lo común o universal que engloba todos y cada uno de los casos particulares del mismo tipo.

Acudamos, una vez más, al campeón de las definiciones: Sócrates. Y no porque nos ofreciera —por lo menos, tal como se nos muestra en los diálogos platónicos— definiciones últimas y acabadas, sino porque nos legó un método para alcanzar las mejores definiciones posibles cooperando unos con otros. Igual que les digo a los niños y niñas de primaria de los Colegios El Romeral y Los Olivos, de Vélez-Málaga, que les voy a contar dos historias de Sócrates, os lo cuento también a vosotros. La primera, que un día, Querofonte —allá por el siglo quinto antes de Cristo—, fue a preguntar al lugar más solvente de Grecia para conocer tu destino, el Oráculo de Apolo en Delfos, quién era el hombre más sabio de todos. Para su sorpresa, le respondió que era Sócrates, su amigo. De regreso, muy orgulloso, lo vemos enfilar el ágora ateniense ardiendo en deseos de contarle todo a su buen amigo. Sin embargo, no esperaba la reacción algo escéptica de éste: —¿Yo, el más sabio de todos? ¡No puede ser! De hecho, Sócrates se dedicó luego a tratar de refutar tamaña profecía, entrevistándose con aquellos personajes poderosos y famosos que se decía que eran gente muy sabia. A ellos se dirigía con la intención de aprender, y los interrogaba, más o menos de esta guisa: —¡Por Zeus! Me han dicho que sabes mucho de la justicia y del bien, ¿es posible que tú me puedas ilustrar? Y casi siempre ocurría que, si bien al principio, creían saber, más tarde, a través de las incisivas preguntas socráticas, iba quedando patente que no sabían tanto como creían saber; debían admitir, muchas veces a regañadientes o con una expresión bastante airada, su propia ignorancia. Conclusión que dicen que Sócrates extrajo de esta experiencia: —Si en algo soy más sabio, será en que admito mi propia ignorancia como punto de partida: “Sólo sé que no sé nada”. No hay mayor ignorante que aquel que cree saberlo todo, pues, por principio, está incapacitado para aprender y seguirá siendo un ignorante toda su vida.

La segunda historia se refiere a su madre: decía Sócrates que su oficio era como el de ella, que era partera. Ayudaba a dar a luz nuevas ideas en otras personas. Él solamente preguntaba. De hecho, no escribió nada. Por lo tanto, él nunca te diría lo que tienes que pensar, sino que, con sus preguntas, te ayudaría a encontrar por ti mismo tus propias respuestas. Porque tú ya sabes, sólo que no sabes que sabes. Y esto les pasa tanto a los niños como a los adultos. Muchas veces no sabemos por qué algo —una definición, en este caso— no puede ser así, pero lo sabemos. Las preguntas socráticas son un medio eficaz para ayudar en esta búsqueda. El trabajo cooperativo, no digamos: cada uno por separado no sabemos tanto, dudamos mucho, cometemos errores de bulto, pero la autocorrección que permite el diálogo y la discusión socráticos a través del grupo, es muy sorprendente. Extremadamente instructivo. Escucha con atención a estos niños y niñas. Compara sus definiciones con las que aparecen en el diccionario —como ellos hicieron, después de acabado el trabajo. Te sorprenderás. Si ellos han podido, ¡qué no podrás lograr tú, que eres adulto y más sabio! Ahora bien, tendrás que aprender a dialogar de veras, tendrás que aprender a cooperar con otras personas.

¿Sabías que la vida es un ciclo constante y que la muerte no es más que un paso a otra cosa? ¿Tendrías, entonces, que temer a la muerte, si ya has muerto muchas veces en la vida? Cada vez que has cambiado en algo…

La vida es un ciclo que tiene un rumbo y muchas fases que realizan las funciones vitales; es la realidad de los seres vivos, que pueden pensar, sentir o actuar.

¿Qué es morir? Cuando algo, o alguien, cambian de algún modo, es decir, es el final de una etapa, pero puede comenzar otra. 

 ¿Sabías que para amar hay que ser valientes, que los amigos se aman y que es necesario amarse a uno mismo? ¿Y que para amar no importa tanto el no ser correspondido?

El amor es un sentimiento abstracto de relación que transmite cariño y afecto (alegría y felicidad) hacia algo o alguien, entre seres vivos en pareja, relación familiar o de amistad, que va creciendo poco a poco.

El amor es un sentimiento en el fondo del corazón, de cariño, valentía, felicidad y amistad entre o hacia otros seres, o bien hacia uno mismo, en que tienes que aceptar el no ser correspondido.

 ¿Sabías que los amigos de verdad se aman tal como son?

La amistad es un sentimiento de relación, diversión, amor y alegría, que te llena de felicidad e ilusión, queriendo a alguien tal como es.

 ¿Te has preguntado alguna vez qué es todo lo que hay?

El Todo es aquello que nos rodea, que ha existido, que existe y que puede existir; las cosas del universo abierto e infinito, que podría verse, oírse o sentirse.

¿Y sabes qué es lo que en el fondo te da tanta vergüenza? ¿Sabías que sientes que tú estás en juego?

La vergüenza es un sentimiento que se produce cuando quedas en evidencia ante los demás o ante ti mismo, o bien, cuando quieres que la gente no note algo que te ha pasado, sintiendo miedo, alteración e inferioridad.

¿Sabías que se puede soñar tanto despierto como dormido? ¿Sabes de qué están hechos los sueños? ¿Eres dueño de tus propios sueños?

Soñar es pensar (despierto o dormido) imaginando el mundo de otra forma a partir del presente o del pasado, y a través de los deseos y las emociones, que a veces se realiza, juntándose en una historia fantástica o real, de la que eres más o menos dueño.

Leer más en Homonosapiens| ¿Quién soy yo? ¿Qué queréis saber?

Categories: Filosóficamente, Pensar

About Author

Antonio Sánchez Millán

Es licenciado en Filosofía (Universidad de Granada) y profesor del IES “Juan de la Cierva” de Vélez-Málaga (España). Autor del libro "Practicar la filosofía, los Cafés filosóficos y otras prácticas socráticas" (Editorial Alegoría, Sevilla, 2013), que es fruto de su experiencia organizando diversos Cafés filosóficos durante los últimos años. La mayor parte de sus intereses filosóficos actuales giran en torno a la Práctica filosófica y la integración del pensamiento de Oriente y Occidente, además de la búsqueda interior y la vida buena. Otras publicaciones, sus proyectos y actividades pueden seguirse en el Blog: "Palestra de Filosofía"

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