Optimismo escéptico

Optimismo escéptico

Imagen| Rebeca Madrid González-Mohino

 

“No hay indicador más importante del carácter de una sociedad que el tipo de historia que escribe o deja de escribir.” E. H. Carr

¿Llegará China a ser la potencia hegemónica en el mundo? ¿Sabremos enfocar una gobernanza global que haga frente a la crisis que las actuales democracias liberales están atravesando y que están derivando en movimientos populistas y en un regreso de los nacionalismos? ¿Seguirán acentuándose las desigualdades económicas y sociales? ¿Habrá una solución para los distintos conflictos en el mundo árabe-musulmán que se están produciendo en la zona de Oriente Medio y Asia Central? ¿Qué medidas serán tomadas para hacer frente al cambio climático y cómo nos afectarán? ¿Qué consecuencias tendrá el desarrollo de la Inteligencia Artificial para nuestro mercado de trabajo? ¿Cómo se puede organizar y enfocar la gestión global? Estas y otras cuestiones de plena actualidad se plantean Antonio Garrigues Walker y Antonio García Maldonado en su libro Manual para vivir en la era de la incertidumbre (i). Malestar e incertidumbre son los signos de nuestro tiempo.

El libro sigue un esquema sencillo: determinación de las causas del hecho histórico, desarrollo y consecuencias del mismo. (Malestar global, malentendido global y razones para no decaer). Aunque el punto de vista que se pretende adoptar aquí es el del “optimismo escéptico”, puede que se trate de ingenuidad. Esa ingenuidad que nos hace defender, con Rousseau, que el ser humano es bueno por naturaleza. Antonio Garrigues, experto en inversiones extranjeras en nuestro país, estudia esta problemática tan compleja desde esa perspectiva humana e histórica que simpatiza con la economía de mercado y el liberalismo en su sentido más original, total y absoluto. El liberalismo toca todas las facetas de la vida –lo social, lo cultural, lo moral- además de comprometerse con la defensa de la economía de mercado. Pero el sistema liberal se ha tergiversado. La democracia actual puede quedar fagocitada por los movimientos populistas de uno u otro signo. En el plano económico observamos cómo las tesis de Adam Smith han sido desvirtuadas por el actual sistema neoliberal. Lo humano está ausente en una economía centrada exclusivamente en la acumulación competitiva de capital. A raíz de la caída del Muro de Berlín en 1989 y el fin de la Guerra Fría las democracias liberales creyeron liberarse de ese sistema rígido que parecía ser un freno a la hora de progresar con una euforia desmedida. Algo parecido pasó en “los felices años veinte” en el pasado siglo. La euforia del mundo occidental no supo anticipar ni la crisis bursátil de 1929 ni las consecuencias del establecimiento y consolidación de los movimientos totalitarios en Europa. Al igual que en los “felices años 20” el exceso triunfalista de “los felices 90” llevó a afirmar a politólogos y pensadores tan prestigiosos como Francis Fukuyama (ii) que la lucha ideológica en la civilización occidental, dentro de una concepción hegeliana de la historia (iii),  llegó a su fin con el consenso sobre la democracia liberal y la consolidación de la economía de mercado desde el final de la Guerra Fría. En cualquier caso, el fin de la historia no ha llegado. Tampoco las democracias liberales han alcanzado su máximo apogeo: más bien es un sistema que se encuentra en plena crisis. Y la revolución digital en la que nos encontramos inmersos es, para muchos, equiparable a la revolución neolítica. La aparición de Internet ha transformado en un breve periodo de tiempo la manera de hacer negocios, de relacionarnos, de informarnos y de comunicarnos, reduciendo paradójicamente el mundo en el que vivimos de manera considerable.

¿Deben tener los medios un papel fiscalizador, como el que jugaron en la Guerra de Vietnam o en el caso Watergate? Muy al contrario, Garrigues piensa que los medios deben aspirar a la objetividad y tener un carácter crítico en lo que se refiere a las injusticias que se cometen y huir de la propaganda política. Por otra parte, la cuestión migratoria es el mayor reto actual de la Unión Europea. No hay una política de inmigración común y cohesionada, como lo demuestran los derroteros tan diferentes seguidos por Hungría, Austria, Turquía o Grecia en este aspecto. Este tema pone de manifiesto la fragilidad moral y ética del mundo en general y de Europa en particular. Somos, y nos incluimos todos, una sociedad que se ha acostumbrado a tener más que a ser. Y no debemos olvidar que la historia de la humanidad es la historia de la migración.

¿Y qué decir de China? Un régimen autoritario que ha alcanzado la condición de potencia hegemónica debido a su enorme poder tecnológico. China ha apostado de manera muy clara por una sociedad digital, como revela el Plan Made in China 2025. Ha pasado de ser la fábrica del mundo con bajos salarios a ser el centro tecnológico mundial con trabajadores cualificados. Es el país que más doctores titulados tiene de todo el mundo. Su poder económico se extiende con la creación del Banco Asiático de Inversiones en Infraestructuras (AUB) y el proyecto de vertebración de Euroasia (One Belt, One Road). Es la semilla de un orden económico-financiero alternativo al que alumbró Bretton Woods en 1944 que desplaza un nuevo eje global hacia el Pacífico. No hay que olvidar, a este respecto, que China está dentro del Tratado Transpacífico, -un tratado del que se retiró Estados Unidos-. El gigante oriental también está liderando la lucha frente al cambio climático, ratificando los objetivos dictados en los Acuerdos de París en 2016, acuerdos que abandonó también Estados Unidos. Por otra parte, el gran reto de China es convencer a sus potenciales socios de que el viejo faro de la inspiración de la democracia no conduce a nada, definiendo un sistema de gobierno en el que se conjugan “felizmente” el autoritarismo político con la economía de mercado. Observamos con cierta perplejidad, cómo Estados Unidos y Gran Bretaña, los dos países que han definido nuestra globalización y nuestro sistema económico se retiran del mando. ¿Estamos condenados a convivir con la renuncia a la libertad?

No podemos ni debemos estar condenados a renunciar a una convivencia en ausencia de libertad. Hay razones para no decaer. Una de ellas, la “madurez digital” ante el uso malintencionado de las redes sociales, las fake news y la posverdad. La sociedad, la clase política y las propias empresas están reaccionando ante estos hechos. Tenemos que confiar en la capacidad de resiliencia del ser humano y la flexibilidad mental. Pensamos que la capacidad de saber integrar esta nueva realidad al proceso de transición digital será el gran reto de la próxima generación. Está claro que podemos y tenemos la obligación de redefinir la globalización, transformarla a través de la síntesis entre la economía de Oriente y los valores de Occidente. La globalización pasa por democratizar la economía, única forma de legitimarla. La aplicación de propuestas fiscales que exijan una mayor contribución de las grandes tecnológicas, potenciar la lucha contra el fraude con medidas tales como el impuesto a las transacciones financieras y perseguir la evasión fiscal de los capitales. Por otra parte, estamos viendo cómo la reputación social de la empresa está adquiriendo una creciente importancia. Se formulan propuestas políticas para proporcionar ayudas a los que quedan al margen en el desarrollo global, como consecuencia del enorme impacto de Internet y las nuevas aplicaciones tecnológicas (por ejemplo, la propuesta de la Renta Básica Universal). Acerca del cambio climático por primera vez en la historia de la humanidad, Como se ha visto en el Pacto de París y en la reciente Cumbre celebrada en Nueva York, el cambio climático es, por primera vez en la historia, un problema compartido por todos y cada uno de los habitantes de la tierra. También hay un mayor protagonismo de una sociedad civil que piensa de modo local, pero actúa de modo global, centrada en un enfoque horizontal de las redes sociales.

En este momento de angustia es necesario volver a las Humanidades, reivindicando un sistema educativo y laboral que no esté centrado exclusivamente en las cuestiones de mercado (la productividad) y los resultados. En esta situación de incertidumbre el mercado laboral demanda una formación presidida por una visión más global, capaz de dar respuestas a cuestiones más complejas y con una visión más reflexiva y menos proclive a la especialización. Pues, como afirma el filósofo Javier Sádaba, “el mejor gobierno de todos comienza por el cultivo y la educación de cada uno. Solo de esta manera se consigue llenar de sentido una democracia que parece haber sido vaciada de significado. Solo individuos iguales en sus derechos, informados y libres en sus decisiones harán que el gobierno vuelva a tener sentido y la gobernanza merezca la pena”(iv).

Estamos viviendo una de las épocas históricas más fascinantes desde el punto de vista intelectual y más inquietantes económica e ideológicamente. Es un proceso de cambio permanente, inevitable e inexorable y la solución de los problemas pasa por aprender a vivir en desacuerdo con el fin de mejorar y pulir la democracia a través del diálogo con el otro y reconociendo que éste puede tener parte de razón.

Leer más en HomoNoSapiens| ¿Renta básica o trabajo asalariado? Educación y rentabilidad ¿Es posible otro mundo? 

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(i) Garrigues Walker, A. (en colaboración con Antonio García Maldonado); Manual para vivir en tiempos de incertidumbre, Barcelona, Deusto 2018.
(ii) Fukuyama, F., El fin de la historia y el último hombre, Barcelona, Planeta, 1992.
(iii) Hegel concebía la Historia como un despliegue de lo que llamaba Espíritu Absoluto, una gran idea que cambiaba el mundo mediante la contradicción entre ella misma y la realidad que no acababa de adecuarse.
(iv) Sádaba Garay, Javier, https://www.filco.es/buena-educacion-mejor-gobierno/

Categorías: Pensar

Sobre el autor

Juan Tamargo

Juan Andrés Tamargo Blanco es Licenciado en Geografía e Historia (Especialidad: Historia Moderna) y Tercer Ciclo (Doctorado) en la misma especialidad por la Universidad de Málaga. Intenta aportar su granito de arena en una sociedad cada vez más deshumanizada compaginando la investigación y la escritura junto con otra de sus pasiones: la Moda, actividad que lleva desempeñando como vendedor en el área de Confección de Juventud y Caballero en El Corte Inglés durante quince años.

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