Tecnociencias e innovaciones: desafíos filosóficos (I)

Tecnociencias e innovaciones: desafíos filosóficos (I)

Imagen| Iñaki Bellver

La talla intelectual y personal del profesor e investigador Javier Echeverría Ezponda (Fundación Vasca de Ciencia, Universidad del País Vasco) es difícil de resumir en breves líneas. Señalaremos algunos aspectos destacables. Sus intereses actuales en el campo de la Ética y la Filosofía de la Ciencia y la Tecnología giran en torno a la sociedad de la información y el conocimiento, y los estudios sobre innovación. Acumula 35 años de experiencia investigadora en Centros de EEUU, Francia, Alemania y Bélgica. Ha sido Premio Euskadi de Investigación en Humanidades y Ciencias Sociales en 1997, Premio Anagrama de Ensayo en 1995, y Premio Nacional de Ensayo 2000. Doctor en Filosofía por la Universidad Complutense y Doctor en Ciencias y Humanidades por la Universidad de París (La Sorbona). Además ha sido profesor investigador del Instituto de Filosofía del CSIC. Es un prolífico ensayista, algunas de cuyas obras han sido muy leídas y muy tenidas en cuenta por su profundidad y calidad innovadora, clarificadora y sistematizadora, no exentas en ocasiones de un necesario carácter provocador. Citamos, como ejemplos: Telépolis (1994), Los señores del aire (2000), Ciencia y Valores (2002), o la más más reciente, El arte de innovar. Naturalezas, lenguajes, sociedades (2017), muy conectada con el presente artículo que inaugura esta serie de tres.

Este texto se ha publicado por vez primera en las Actas II Congreso internacional de la Red española de Filosofía (ISBN 978-84-608-6812-5), Vol. VIII (Zaragoza, 2017): pp. 95-109. Se reproduce aquí con la autorización de su autor y de la Presidenta de la Red Española de Filosofía (REF), Dña. María José Guerra.


La filosofía de la ciencia ha evolucionado en las últimas décadas y cambiará todavía más en el siglo XXI. La razón es clara: su objeto de estudio, la ciencia, se ha transformado radicalmente, al haber generado tecnociencias, por ejemplo biotecnologías, nanotecnologías, inteligencia artificial y tecnologías de la información y la comunicación (TIC). Como ya he argumentado en otro lugar, filosóficamente hay que distinguir entre ciencias, técnicas, tecnologías y tecnociencias (Echeverría 2003). Se requiere, además, una filosofía de la innovación, puesto que las tecnociencias están sujetas actualmente al imperativo de innovar (NESTA, 2009). Las innovaciones, sobre todo si son disruptivas, suscitan cambios tecnológicos, económicos, sociales, medioambientales y políticos. También plantean profundos desafíos filosóficos. Abordarlos es una tarea ineludible, que por mi parte he acometido en los últimos años (Echeverría 2014 y 2017). En esta contribución resumiré, en primer lugar, el estado actual de los estudios de innovación y en segundo lugar presentaré brevemente el marco conceptual que recientemente he propuesto para elaborar una filosofía de la innovación. A mi modo de ver, las actuales tecnologías de la información, la comunicación y la digitalización afectan al núcleo duro de la filosofía, el lógos, al cual se le superpone actualmente un techno-lógos. Las tecnociencias, por la vía del techno-lógos, aportan una innovación filosóficamente disruptiva que atañe a los filósofos en general, no sólo a los filósofos de la ciencia y la tecnología. A título de ejemplo: la propia historia de la filosofía puede ser contemplada desde la perspectiva de la innovación, como he mostrado en la obra recién mencionada. También la filosofía del lenguaje ha de afrontar el desafío de los nuevos lenguajes digitales, que son usados por las tecnopersonas. En cuanto a la noción de tecnopersona, implica un tema de reflexión por sí misma. La revolución tecnocientífica de finales del siglo XX está transformando actualmente a las personas mismas, no sólo a sus entornos y mundos de vida. Algunos (los transhumanistas) han llegado a decir que la inteligencia artificial y las TICs podrían generar una nueva modalidad de especie humana, que superaría a lo que entendemos actualmente por humanidad. Por mi parte, soy contrario a esa hipótesis performativa, aunque aquí no voy a ocuparme de ella. La denomino performativa porque no sólo pretende explicar algunos importantes avances en el campo de la inteligencia artificial, sino que, además, propone un plan de acción tecnocientífica. Criticar la hipótesis conlleva oponerse a dicho plan de acción y aportar acciones en contra, no sólo argumentos. La filosofía de la tecnociencia ha de ser activa: Theoria cum Praxis, como quería Leibniz.

En suma: las tecnociencias y las innovaciones plantean desafíos conceptuales y filosóficos de primer orden, que es preciso afrontar. Las tecnopersonas son un ejemplo canónico.

El prefijo tecno-

Tal y como la uso, la expresión “tecnociencia” viene acompañada por un elenco de conceptos con un aire común de familia: tecnolenguas, tecnoculturas, tecnosociedades, tecnopersonas, etc. Hablo incluso de tecno-verdades y tecno-falsedades, aunque aquí no voy a entrar en esas cuestiones “techno-lógicas”. Las tecnologías digitales plantean desafíos filosóficos de gran envergadura, que por mi parte resumo así: a finales del siglo XX ha surgido una nueva modalidad de lógos, el techno-lógos, que no sólo se ha manifestado en las ciencias, sino también en los lenguajes, las culturas y las sociedades. Y también en las naturalezas, aunque la cuestión de las innovaciones naturales y tecno-naturales voy a dejarla de lado. Para analizar y reflexionar sobre ello propongo una acción conceptual aparentemente pequeña, pero de consecuencias sistémicas: incorporar el lexema tecno- al elenco de prefijos habituales de las lenguas latinas y anglosajonas, empezando por la lengua castellana. Esta primera propuesta, cuyo destinatario inicial son los filósofos hispano-parlantes, conlleva un conjunto de invenciones terminológicas y conceptuales que, de tener éxito, irán incorporándose al habla y a la escritura común. Para ilustrarla, en esta contribución presentaré la noción de tecnopersona, así como las derivaciones lexicológicas que una propuesta así implica.

Desafíos tecnológicos y praxiológicos para la filosofía del siglo XXI

La revolución tecnocientífica de finales del siglo XX está planteando grandes desafíos a la humanidad. Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) han sido su motor. Entre las primeras, voy a subrayar la importancia de las tecnologías que han permitido digitalizar las diversas modalidades del lógos humano, así como otros procesos informacionales y comunicacionales que se desarrollan en los diversos mundos. Un momento clave fue la publicación del libro A mathematical theory of information (Shannon, 1948). En dicha obra, y previamente en su tesis doctoral de 1937 en el MIT, Shannon demostró que los circuitos eléctricos pueden ser analizados mediante instrumentos lógicos, concretamente las álgebras de Boole. A mi modo de ver, esta demostración del isoformismo entre las álgebras de circuitos y la lógica proposicional fue un momento clave para la aparición del sistema tecnológico TIC. Las diversas tecnologías eléctricas (relés, circuitos, transistores, etc.) pasaron a tener un fundamento lógico muy preciso y muy sólido, convirtiéndose en tecnociencias. Esta hibridación entre la lógica y la ingeniería eléctrica, junto con avances ulteriores en los lenguajes de programación, permitieron sentar las bases del techno-lógos contemporáneo, sobre el cual han surgido las tecnociencias, las cuales, a su vez, han ido transformando los mundos en tecnomundos.

Antes que Shannon, otras personas habían concebido ese tipo de ideas, empezando por Leibniz (Characteristica Universalis), Babbage y Lady Byron (Analizador Universal), y siguiendo por von Neumann, Turing y otros muchos lógicos y matemáticos que a finales del siglo XIX y principios del siglo XX se dedicaron al cálculo simbólico y proposicional, y luego a la criptología, durante la Segunda Guerra Mundial. La demostración de la existencia de un isomorfismo entre el álgebra de circuitos eléctricos y el álgebra proposicional aportó una sólida base lógico-científica al sistema TIC y posibilitó la aparición de dicha teoría matemática de la información (Shannon 1948). La oposición entre conexión y desconexión de circuitos, sea en serie o en paralelo, pasó a estar representada mediante functores lógicos (negación, conjunción, disyunción, implicación). Se dio así un paso decisivo hacia la hibridación entre lógica y tecnología, y con ello a la aparición del techno-lógos al que he aludido anteriormente. Para simplificar, denominaré revolución digital a esta modalidad de revolución tecnocientífica, a la que se le suele prestar poca atención a la hora de hacer la historia de Internet y del sistema TIC. En esta contribución voy a centrarme ante todo en las consecuencias filosóficas que tiene la aparición de esta modalidad de tecno-escritura, a partir de la cual los electrones y sus cargas positiva y negativa pasaron a ser equiparados a los valores de verdad 0 y 1 de las tablas de valores de verdad en lógica proposicional. La filosofía ha sido tradicionalmente ontocentrista y se ha ocupado ante todo del lógos que versa sobre el ser y sus predicados. María Zambrano lo expresó muy claramente: “el ser es lógos, y sólo si el ser es lógos, la filosofía puede existir” (Zambrano, 2007, 87); “decir y ser están en ese horizonte del lógos en una perfecta correlación: es el ser el que se dice propiamente” (Ibid., p.194).

Esa fascinación jonia por el ser y su posible desvelamiento por la vía del lógos ha aportado muchísimo a la humanidad, no hay duda de ello. Sin embargo, hay otros lógoi, aparte del habla y la escritura alfabética. Particularmente importante para la aparición de la ciencia moderna fueron las nuevas formas de lógos matemático, en particular el álgebra cartesiana y el cálculo diferencial e integral de Leibniz. Este último no sólo se refiere al ser, también consigue analizar y representar el devenir: esa es la gran fuerza del actual Análisis Matemático, que dispone de su propio lógos (ecuaciones diferenciales y gráficas de funciones, por ejemplo), el cual ha ido creciendo y perfeccionándose desde el siglo XVII. Representar las diversas modalidades del movimiento físico mediante funciones matemáticas ha sido clave en el desarrollo de la ciencia moderna.

Las tecnociencias actuales han traído consigo una transformación mucho mayor, puesto que han conseguido digitalizar, representar y analizar el lógos común (¡y el musical!), así como el lógos científico. De esta manera, las principales modalidades de expresión y cognición han sido “tecnologizadas”. El techno-lógos contemporáneo integra en un mismo sistema de signos (el lenguaje binario) las hablas y las escrituras de las diversas lenguas, así como los diversos lenguajes científicos (signos, fórmulas, gráficas, visualizaciones del movimiento y del cambio, etc.). Esa innovación disruptiva, precisamente por haberse producido en un campo constitutivo para la humanidad, el de la semiosis, está teniendo consecuencias sistémicas para los seres humanos. No es de extrañar que el techno-lógos haya posibilitado la aparición de tecnopersonas, e incluso que haya quien especule con una transformación cualitativa de la propia especie humana. La digitalización aporta un nuevo lógos tecnológico que, en primera instancia, expresa las palabras, las frases y los discursos comunes mediante códigos y expresiones digitales. Vale para todas las lenguas previamente existentes, sin excepción. Por esta razón puede ser considerada como un paso importante en la construcción de la Lingua Universalis que imaginó el joven Leibniz en su Dissertatio de Ars Combinatoria, y que comenzó a considerar como factible años después, cuando descubrió el lenguaje binario de ceros y unos, tras haber inventado previamente el Cálculo Diferencial, los determinantes y el Analysis Situs. Hoy en día, cabe decir que el techno-lógos digital ha superado al lógos clásico, entendiendo el término “superar” en el sentido hegeliano de Aufhebung. Por lo mismo, la filosofía ya no versa sólo sobre el ser, como pensaba María Zambrano. A mi modo de ver, el mundo de los valores es tan importante (o más) que el mundo del ser, aunque este no es tema que vaya a tratar aquí.

Ocurre además que las tecnologías digitales no sólo integran en representaciones electrónicas las frases y discursos hablados y escritos, así como los sonidos y las diversas impresiones sensoriales. Además, digitalizan los movimientos corporales, los sucesos y los acontecimientos. Es decir, el devenir. El lógos griego se refería al ser y a los modos de ser. El techno-lógos contemporáneo digitaliza el mundo del ser (tecno-objetos, DOIs) y lo hace accesible mediante representaciones digitales a través de Internet, pero además consigue analizar, representar e inventar los diversos modos del devenir de manera considerablemente satisfactoria para las personas. Para mostrar que eso es así, basta ver un programa sobre la naturaleza en alguna televisión digital. O por poner ejemplos más trágicos (las expresiones del dolor también son digitalizables), también se puede contemplar y reflexionar sobre algún atentado terrorista en directo, por ejemplo el de Nueva York el 11 de septiembre de 2001, cuando dos aviones cargados de pasajeros inocentes fueron estrellados contra las Torres Gemelas, las cuales acabaron derrumbándose, con miles de muertos y tremendos impactos mentales, económicos, políticos y sociales a escala global. Los ejemplos de digitalización de acontecimientos abundan hoy en día, con la peculiaridad de que dichos eventos pasan a ser repetibles, en un especie de eterno tecno-retorno. El techno-lógos actual digitaliza el pasado y el presente, transformando el tiempo y generando el tecnotiempo, típicamente iterativo. Valga otro ejemplo, este trivial e irrelevante: existe la posibilidad de que esta conferencia que estoy dando, además de haber quedado escrita y de ser publicada en forma impresa, pudiera ser grabada y proyectada en You Tube. Si eso sucede, sin dejar de ser artículo y conferencia, se convertiría en una tecno-conferencia. Pasaría al tercer entorno, por decirlo en mis términos, sin dejar de estar en el primero (discurso hablado) y en el segundo (texto publicado). Lo que ahora está siendo volvería a poder ser, gracias a la representación digital y tecnológica de mi discurso, sea hablado o escrito.

La digitalización del pasado, del presente y del futuro, gracias a su conversión en techno-lógos, es uno de los grandes desafíos filosóficos de nuestra época. A partir de las diversas modalidades de objetos y cosas previamente existentes han ido surgiendo toda una pléyade de nuevos tecno-objetos y tecno-cosas digitales, las cuales han aportado otras tantas innovaciones, algunas de ruptura. Valgan los tecno-genes como ejemplo. Una cosa son los genes, los cuales son entidades físico-biológicas, y otra muy distinta los tecno-genes, los cuales son secuenciaciones informáticas de las cadenas de ADN. Dichas cadenas de información genética, conforme al estado actual de la ciencia, son constitutivas y caracterizan biológicamente a las diversas especies, así como a los individuos (huella genética individual, que implica una versión tecnológica del principio de individuación y del principio de los indiscernibles). Al ser representadas como secuencias de dígitos, las entidades biológicas devienen objetos tecnocientíficos: tecnogenes, que no hay que confundir con los genes. Los genes no se patentan, los tecnogenes sí. Una vez modificados genéticamente, la biología sintética permite generar artificialmente variaciones de especies previamente existentes, es decir, innovaciones biológicas. Pues bien, de manera similar funcionan las demás tecnociencias, por ejemplo las nanotecnologías. Estas generan nuevos materiales no existentes previamente en la naturaleza, a los que conviene denominar tecno-materiales, porque aportan una nueva modalidad de materia. ¡Y todo ello mediante rápidas oscilaciones de la carga eléctrica de los electrones en las pantallas de plasma!

Pasemos a clarificar algo los conceptos que estoy proponiendo, aunque sea muy brevemente. Las tecno-cosas son aquellas cosas cuya percepción (conocimiento, imaginación, memoria, expresión, construcción, invención…) sólo es posible por la mediación tecnológica TIC. Una de sus modalidades son los tecno-cuerpos hoy en día existentes, incluidos los tecno-genes recién mencionados. Y no hay que olvidar que algunos visionarios predican ya el advenimiento de la singularidad tecnológica e incluso la aparición de una nueva especie humana (transhumanismo), que, dicho en mis términos, debería ser calificada de “tecno-humana”. Estas dos profecías tecnológicas son buenos ejemplos del actual tecno-poder, que tiende a imponerse sobre la gran mayoría de los seres humanos a través de las redes sociales y va predominando sobre el poder tradicional de la pólis y de los Estados, como la actual primacía del poder financiero y mediático muestra (Castells, 2011).

Pues bien, esta nueva modalidad de poder y estas nuevas tecno-cosas han sido posibilitadas por las tecnociencias, y en particular por la digitalización, la cual está a la base de las tecno-lenguas. La hipótesis que propongo es que el desarrollo y control del techno-lógos está asimismo a la base del nuevo tecno-poder, cuya presencia es cada vez más manifiesta en nuestras sociedades y en nuestra vida cotidiana, sobre todo en el caso de las tecno-personas jóvenes. No sería la primera vez que sucede algo así en la historia. La aparición de la escritura alfabética, y luego de la imprenta, supusieron innovaciones técnicas disruptivas y trajeron consigo cambios sociales profundos, cuyas consecuencias se han ido desarrollando en los últimos siglos, expandiéndose por todo el planeta. No es lo mismo una persona que sabe leer y escribir que un analfabeto, ni social ni filosóficamente. Otro tanto está sucediendo hoy en día con esa nueva modalidad de tecno-escritura, el techno-lógos, el cual sólo puede ser practicado gracias a la mediación tecnológica TIC. Su éxito a la hora de digitalizar objetos, cosas, acciones, acontecimientos y, hoy en día, también emociones, es indudable. Por cierto, conviene reflexionar sobre el auge reciente de los emoticonos y su proliferación por todo el mundo. Esa Characteristica Emotionalis, por decirlo en términos leibnicianos, es otro buen ejemplo de la nueva Característica Digital, típica del tecno-capitalismo del siglo XXI. No sólo es posible digitalizar los pensamientos, convirtiéndoles en tecno-pensamientos. El sistema tecnológico TIC también vale para expresar tecnológicamente los estados del alma. Por eso cabe hablar de tecno-personas.

Estas no sólo expresan digitalmente lo que piensan y perciben, sino también lo que sienten. Los medios de comunicación actuales se han apropiado del mundo de las emociones y lo han convertido en un negocio lucrativo. No sólo cabe distinguir entre pensamientos (mentales, dichos o escritos) y tecno-pensamientos, sino también entre emociones y tecno-emociones. La actual metáfora de “la Nube” (Cloud Computing), por otra parte tan falaz, es un buen ejemplo de innovación conceptual que surge gracias a las técnicas del marketing conceptual. En todo caso, en el tercer entorno se deviene tecnopersona conforme se siente y se comunica en las redes lo que uno siente, no sólo al pensar, decir o escribir lo que es y lo que hay, como en el lógos clásico. La expresión tecnológica de las emociones es una de las modalidades del techno-lógos, el cual no sólo se refiere al ser, sino ante todo al devenir. Incluido el devenir de la vida de las personas, hoy en día digitalizada en las redes sociales.

Crisis de la filosofía

El breve esbozo del mundo actual que acabo de hacer plantea indudables desafíos a la filosofía, y en particular a las filosofías de la ciencia, la tecnología y el lenguaje, en la medida en la que han estado vinculadas durante el siglo pasado a la Lógica y han de ocuparse en el siglo actual de esta nueva Techno-lógica. La filosofía de la tecnociencia y de la innovación, tal y como las concibo, han de centrarse en esta nueva modalidad de techno-lógos. Pensar la ciencia, la cultura y la sociedad desde la perspectiva techno- es comparable, a mi modo de ver, a lo que los filósofos modernos (Descartes, Leibniz, los Ilustrados…) denominaban “pensar lógicamente”. Hoy en día hay que hacer filosofía techno-lógica, y para ello también hay que expresarse tecnológicamente. Este es otro de los principales desafíos para la filosofía de la ciencia en el siglo XXI y también para la filosofía en general. Si la filosofía no sabe expresarse y desarrollarse en las redes, perecerá, al menos tal y como la hemos conocido: centrada en el lógos. El logocentrismo que criticó Derrida ha de ser superado.

No hay que extrañarse si la filosofía está amenazada y desprestigiada en las universidades, en la educación secundaria y en las sociedades. La responsabilidad es, ante todo, de los propios profesionales de la filosofía, muchos de los cuales han optado por convertirse en historiadores y filólogos de la filosofía clásica, en lugar de abordar los desafíos de nuestra época. La aparición del techno-lógos no sólo aporta un gran problema teórico, en principio ontológico, pero también axiológico. La digitalización afecta a la praxis y a las acciones humanas, no sólo a los objetos y a las cosas. Por tanto, transforma el mundo de los valores, por ser estos los que guían las acciones humanas. El lógos tecnocientífico ha superado las modalidades tradicionales del discurso y la filosofía se ha adaptado mal a esa revolución tecnológica. Muchos filósofos han sido claramente renuentes ante ella, pero se han limitado a rechazarla emocionalmente, sin entrar a criticarla con argumentos, racionalmente, lo cual es muy distinto. La revolución digital, la consolidación y expansión del tercer entorno y la aparición del tecno-poder son algunos de los grandes temas de nuestro tiempo y han de ser abordados críticamente, sin duda; pero para ello hay que asumir que casi todas las modalidades tradicionales del lógos han quedado absorbidas por ese lógos global que está a la base de la revolución digital y del actual proceso de globalización.

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