Monográfico El poder del mito: la dimensión simbólica de los mitos y la condición humana en el arte

Monográfico El poder del mito: la dimensión simbólica de los mitos y la condición humana en el arte

Imagen |  Marta Benito

¿De qué extraña y paradójica materia están hechos los mitos para que a lo largo de la historia no dejen de ser leídos y releídos, pero a la vez, al igual que los clásicos, mantienen el poder de leernos y releernos? En su reformulación del mito de Sísifo, Albert Camus observó: “Los mitos están hechos para que la imaginación los anime”i. ¿Por qué la imaginación necesita animarlos? Como declaró Thomas Stearns Eliot, el ser humano no soporta demasiada realidad y, frente al “absolutismo de la naturaleza” (Hans Blumenberg), parece que los seres humanos necesitamos animar y humanizar el mundo con relatos y mitos que respondan a los enigmas de la existencia (¿Hay algo más allá de la muerte? ¿Qué nos aguarda? ¿Hay razón para la esperanza o el consuelo?).

Curiosamente, al tiempo que los distintos autores reinterpretan los diferentes mitos, nos ofrecen reflejos de la época histórica y, acaso, de los creadores. No obstante, cualquier artista y, menos aún, cualquier individuo, no tiene suficiente poder imaginativo para concebir una interpretación. Sin embargo, con suerte, por su poder hermenéutico estas recreaciones logran trascender el tiempo de nacimiento y mostrarnos aspectos de la condición humana. Esto se debe a la dimensión simbólica y abierta de los mitos, capaces de adaptarse a diversas generacionesii.

Como ha escrito el historiador y antropólogo Jean-Pierre Vernant: “El mito pone, pues, en juego una forma de lógica que podríamos llamar, en contraste con la lógica de la no-contradicción de los filósofos, una lógica de lo ambiguo, de lo equívoco, (…) una lógica que no sería la de la binaridad, la del sí o la del no, una lógica distinta a la lógica del logosiii. Puede que en las ciencias naturales se requiera la mayor univocidad posible, la claridad y la precisión, pero en las artes y la literatura la ambigüedad ofrece un juego interpretativo que a menudo desemboca en riqueza expresiva.

¿Cuáles son las diferencias y lo que guardan en común el mito de Sísifo que aparece en la Odisea de Homero con el de Ovidio en Las Metamorfosis, las pinturas de Tiziano o Ribera, la reformulación de Camusiv, la versión de Robert Graves, o los poemas de Unamuno o José Ángel Valente, por mencionar algunas creaciones y recreaciones en torno a este mito? ¿Representa acaso el absurdo al que está abocada la existencia humana? ¿No abren estas obras espacios de interpretación y comprensión de lo que somos desde una perspectiva simbólica?

Sísifo (1576), de Tiziano, en el Museo del Prado (Madrid).

Estas imágenes y símbolos de sí con los que a veces se logra caracterizar a la condición humana son un irrenunciable testimonio no solo de las distintas épocas históricas, sino también del ser humano desde una perspectiva antropológica. Por eso Claude Lévi-Strauss ha podido afirmar:

“Vistas a escalas de milenios, las pasiones humanas se confunden. El tiempo no añade ni quita nada a los amores y odios experimentados por los hombres, a sus compromisos, a sus luchas y a sus esperanzas: tanto antaño como hoy, siempre son los mismos. Suprimir al azar diez o veinte siglos de historia no afectaría de manera sensible a nuestro conocimiento de la naturaleza humana. La única pérdida irreparable sería la de las obras de arte que esos siglos vieron nacer. Pues los hombres difieren e incluso existen sólo por sus obras. Como la estatua de madera que dio luz a un árbol, sólo ellas aportan la evidencia de que, en el transcurso de los tiempos, algo ha sucedido realmente entre los hombres”v.

De aquí podríamos deducir que los seres humanos tenemos necesidad de conocer y conocernos. ¿Hasta qué punto podemos ser sin conocer lo que somos? Y para ello figuramos por medio de imágenes y símbolos aquello que percibimos, sentimos y experimentamos. A esto es a lo que apunta Félix de Azúa cuando sostiene que “los humanos somos aquello que de nosotros dicen nuestras imágenes”vi. Se diría que para vernos a nosotros mismos necesitamos las figuraciones de las artes, que luego pueden ser incorporadas a nuestra conciencia, y con las que nos comprendemos, interpretamos y, en cierto modo, actuamos condicionadas por ello.

Tengo para mí que, junto con la Biblia, las Metamorfosis de Ovidio es la obra literaria que mayor influencia ha ejercido en la historia de la pintura occidental. Es una narración poética que relata casi doscientos cincuenta mitos antiguos, griegos y romanos. Entre las casi innumerables obras que ha inspirado (sin ir más lejos, podríamos visitar el Museo del Prado, del que se cumplen 200 años de su nacimiento, recorriendo durante horas las obras inspiradas en la mitología), podemos mencionar La Suite Vollard, de Picasso.

Es “una colección de cien grabados impresos sobre planchas de cobre realizados por Picasso entre 1930 y 1937”vii, y en los que se abordan algunos de los fantasmas que persiguieron a Picasso: el sexo, el adulterio, la culpa, el erotismo, el amor, la soledad… Rembrandtviii y “el taller del escultor”. Una de las figuras mitológicas que reaparecen en estos grabados es el Minotauro, que distintos estudiosos coinciden en identificar con un autorretratoix o, si se prefiere, con un alter ego de Picasso.

La Minotauromaquia (1935), de Picasso, Museo Nacional Reina Sofía (Madrid).

Aquí tenemos de nuevo la dimensión simbólica de los mitos y el arte. Antonio Muñoz Molina ha escrito que “la capacidad de sugestión del mito está no sólo en lo que cuenta, sino en lo que mantiene escondido”x. Llama la atención que casi todas las escenas en las que aparece el Minotauro son de sexo y violencia. Mi hipótesis es que Picasso se vale de esta figura mitológica, mitad animal, mitad humana, para expresar una parte del yo que las sociedades rechazan desde un punto de vista moral. Entiendo que el valor artístico de estas representaciones no se encuentra tanto en desvelar la intimidad del pintor como en la de cualquier individuo (¿en qué otra cosa sino en esto reside su universalidadxi?), dividido precisamente por la confrontación entre las pulsiones naturales y las exigencias ético-políticas.

Esta es una de las razones por las que el yo de las personas se siente fragmentado. Hay yoes mutilados, cuando no abortados, debido a que las sociedades no toleran ciertos comportamientos que impiden las manifestaciones de nuestra personalidad. Y el arte y la literatura permiten darles forma, encauzarlas, liberarlas, comprenderlas y acogerlas, aunque desde un punto de vista ético, político y jurídico sean inaceptables. Todavía más: expresando sentimientos y conductas rechazadas socialmente a veces se ha logrado que se reconozcan desde los anteriores puntos de vista como parte de nuestra naturaleza humana.

En este sentido el arte cumple, entre otras funciones, la de demoler prejuicios y moralina de las sociedades, penetrando en la verdadera naturaleza humana, y contribuyendo a establecer leyes acordes con la misma que nos permitan un desarrollo más pleno al tiempo que civilizado. La definición antropológica más conocida de la historia de las ideas es “animal racional”, de Aristóteles. A la luz de lo que he argumentado aquí considero que es más amplia, explicativa y exacta “animales simbólicos”xii, de acuerdo con Ernst Cassirer, ya que no sólo recoge manifestaciones lingüísticas, sino también irracionales, tan presentes en el arte, las costumbres y acciones humanas.

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iCamus, Albert, El mito de Sísifo, trad. Luis Echávarri, Buenos Aires, Losada, 1967, p. 94.

iiHe argumentado esta idea, junto a otras que aparecen aquí, en Gámez Millán, Sebastián, Conocerte a través del arte, Madrid, Ilusbooks, 2018, p. 70. Por ejemplo, los mitos de Ícaro y la Torre de Babel, especialmente desde la perspectiva de Bruegel, son abordados en los capítulos 4 y 5 respectivamente, pp. 66-79 y 80-89.

iiiVernant, Jean-Pierre, Mito y sociedad en la Antigua Grecia, México, Siglo XXI, 1982, pp. 219-220.

ivMe he ocupado de este mito en Gámez Millán, “El espíritu del tiempo a la luz del mito. Interpretar a Sísifo desde Nietzsche: acerca del legado de Camus”, en Sur. Revista de Literatura, Mayo de 2014 (hay una edición en papel).

vLévi-Strauss, Claude, Mirar, escuchar, leer, trad. Emma Calatayud, Madrid, Siruela, 1995, p. 128.

viAzúa, Félix de, Autobiografía sin vida, Barcelona, Mondadori, 2010, p. 35. Un importante libro de filosofía en esta línea en la que se entrecruzan la estética, la semiología y la antropología es el de Jiménez, José, Imágenes del hombre. Fundamentos de estética, Madrid, Tecnos, 1986.

viiInglada, Rafael, “La Suite Vollard”, reunido en Picasso: treinta visiones, Málaga, Arguval, 2003, p. 149.

viiiPara este asunto, léase Cohen, Janie, “El diálogo de Picasso con el arte de Rembrandt”, recogido en VV.AA. Rembrandt en la memoria de Goya y Picasso, Madrid, Bancaja, 1999, pp. 99-145.

ixFlorman, Lisa, “Mito y metamorfosis en los grabados clasicistas de Picasso”, recogido en VV.AA, El sur de Picasso. Referencias andaluzas, Madrid, MPM, 2018, p. 77.

xMuñoz Molina, Antonio, “El Minotauro y la doncella”, El País, Babelia, 28/03/2009, p. 7.

xiNo he hecho referencias aquí al séptimo arte, de modo que citaré para aquellos interesados la obra más completa y sugerente que conozco acerca de los mitos en el cine: Balló, Jordi y Pérez, Xavier, La semilla inmortal. Los argumentos universales en el cine, trad. Joaquín Jordá, Barcelona, Anagrama, 2007.

xiiCassirer, Ernst, Filosofía de las formas simbólicas, trad. Armando Morones, México, F.C. E., 1998.

Sobre el autor

Sebastián Gámez Millán

Sebastián Gámez Millán (Málaga, 1981), es licenciado y doctor en Filosofía con la tesis La función del arte de la palabra en la interpretación y transformación del sujeto. Ejerce como profesor de esta disciplina en un instituto público de Málaga, el mismo centro donde estudió, el IES “Valle del Azahar”. Ha sido profesor-tutor de “Historia de la Filosofía Moderna y Contemporánea” y de “Éticas Contemporáneas” en la UNED de Guadalajara. Ha participado en numerosos congresos nacionales e internacionales y ha publicado más de 150 ensayos y artículos sobre filosofía, antropología, teoría del arte, estética, literatura, ética y política. Es autor de "Cien filósofos y pensadores españoles y latinoamericanos" (2016), y del reciente "Conocerte a través del arte" (2018). Asimismo, ha colaborado en otros diez libros, como "La filosofía y la identidad europea" (2010), "Filosofía y política en el siglo XXI. Europa y el nuevo orden cosmopolita" (2009) y "Ensayos sobre Albert Camus" (2015). Escribe en diferentes medios de comunicación (Descubrir el Arte, Claves de la Razón Práctica, Café Montaigne, Homonosapiens, Sur. Revista de Literatura...) y le han concedido algunos premios de poesía y ensayo, como el Premio de Divulgación Científica Ateneo-UMA (2016) por "Un viaje por el tiempo". Colabora con el MAE (Museo Andaluz de la Educación) y ha comisariado algunas exposiciones de arte, filosofía y educación. Si la corriente imprevisible de la vida se dejara condensar en una filosofía, se inclina por “hacer lo que se ama, amar lo que se hace”.

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