Economía ecológica

Economía ecológica

 

Un buen amigo escribía hace tiempo, “inventa un nuevo presente, con los ojos del pasado y la mirada hacia el futuro“. Así resumía una reflexión sobre el binomio tradición-creatividad, la forma en que el presente permanece anclado al pasado a la vez que avanza hacia un futuro desconcertante.

Se podría decir que este patrón se repite a lo largo de la historia dando paso a corrientes predominantes en la Filosofía, la Ciencia, el Arte, etc. Pero también parece haber cambios que se adelantan al desarrollo normal de las cosas y rompen con una tendencia. El modernismo por ejemplo, supuso una revolución sobre el concepto de arte, que antes solo era concebida dentro de la esfera religiosa, cuyo destino era siempre divino y su disfrute disponible solo para las clases más altas. Sin embargo, a partir de la década de los años 20 el concepto de arte se expandió hacia ámbitos más cotidianos hasta llegar al alcance de todos.

Las corrientes económicas han ido sucediéndose para cambiar la concepción de conceptos anteriormente impensables. Hasta el momento, la economía convencional es el resultado de la evolución de las sucesivas corrientes teóricas, y al parecer, también de las influencias contemporáneas de los poderes económicos.

La economía ecológica se presenta como su antítesis. Persigue asentar las bases para el desarrollo de una nueva corriente económica que cambie las lógicas predominantes de la economía convencional y aúne conceptos de otras disciplinas para construir un sistema justo, sostenible, eficiente. Sus tres pilares se asientan sobre la distribución justa, la escala sostenible y la asignación eficiente.

La distribución justa atiende de forma holística al reparto de costes y beneficios. Es común encontrar barrios urbanos marginales separados por vías de tren o colindantes con tierras de uso industrial. La contaminación, la exclusión social, la desertización y los costes no monetarios de la actividad económica convencional afectan por norma general a las clases más vulnerables. Una distribución justa no solo presupone que la riqueza no sea radicalmente acumulada en manos de unos pocos, sino que también el coste no monetario sea distribuido razonablemente.

En cuanto a la escala sostenible, se trata tan solo de que la tasa de regeneración del medio ambiente sea mayor que la degeneración que nosotros provocamos sobre él cuando extraemos sus recursos o desechamos nuestros residuos. En otras palabras, que el medio ambiente sea capaz de recuperarse más rápido de lo que nosotros lo deterioramos. Las lógicas predominantes en la actividad económica convencional basan su crecimiento en el aumento de la presión sobre los sistemas naturales, de ahí su insostenibilidad.

Por último, la asignación eficiente. Ésta define eficiente como un concepto que va más allá de la primitiva lógica económica de máxima utilidad; por encima de unos valores mínimos, el incremento del consumo per cápita no supone necesariamente un incremento del bienestar, sino más bien el deterioro del medio ambiente y por tanto el deterioro del bienestar real.

La elevación, materialmente considerable y socialmente miserable, del nivel de vida de los que están abajo se refleja en la hipócrita difusión del espíritu”…”La marea de informaciones minuciosas y diversiones domésticas avispa y entontece a la vez a los hombres”

Adorno y Horkheimer

En este caso no se trata de creatividad ni de tradición, pero si se trata de presente y futuro. Si la economía ecológica es una posibilidad real para combinar bienestar humano y equidad, mi duda es: ¿sería factible implementar un sistema económico basado en la distribución justa, la escala sostenible y la asignación eficiente?

 

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Sobre el autor

Ignacio Bosque Villaverde

Chiclana de la Frontera, Cádiz. Doce de enero de mil novecientos ochenta y nueve. He tenido la suerte de vivir en la playa hasta los dieciocho años, que fue cuando me fui a estudiar a Sevilla. Ahora vivo bastante más al norte.

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