Ir contra el sistema

Ir contra el sistema

¿Quieres ir contra el sistema establecido? ¿Sientes que es necesario? Es posible que sea algo de ti mismo, de lo que no estás muy satisfecho, contra lo que vas y frente a lo que te sitúas. Míralo bien. Cada cosa que te desquicia del exterior puede tener su traducción y correlato en tu interior. De lo contrario, eso no te exasperara tanto, ni te pusiera tan tenso y con la respuesta ya cargada: automático resorte, injusticia derribada. “¿Cómo se puede decir/hacer eso? ¿No se está dando cuenta? Es increíble. Es abominable. No lo soporto más [y allá que voy]”. Haz un breve repaso, en un momento apropiado en que estés contigo junto a lo más profundo y verdadero de ti. ¿Cuándo sientes que te estás traicionando a ti mismo? Es posible que seas capaz de establecer algún tipo de conexión entre esto y lo que no soportas. A continuación, habrías de tratar de quererte un poco más a ti mismo, aceptándolo y comprendiéndolo amablemente en ti, eso que no soportas. Estarías poniendo la primera piedra para hacer lo que tengas que hacer, pero conscientemente.

“El nacimiento del rock and roll coincidió con mi adolescencia, mi entrada en la conciencia. Fue una verdadera conexión en ese momento y después. Aunque no pude permitirme fantasear racionalmente para hacer ese vínculo yo mismo. Supongo que todo ese tiempo estaba inconscientemente acumulando información y escuchando. Así que cuando por fin sucedió, mi subconsciente había preparado todo” (Jim Morrison, vocalista de The Doors).

Esto no significa que no estés en tu derecho de ir contra el imperante sistema social, político, normativo, institucional, sus usos y costumbres inactuales, inauténticas, desquiciadoras, autoaduladoras y endogámicas. Jim Morrison quiso ir contra el sistema, creó una música maravillosa y malogró su maravillosa vida a los 27 años consumiendo mucho alcohol y otras variadas drogas. Hacer aquello que está prohibido no significa necesariamente ir contra lo establecido. De hecho, hay todo un negocio montado alrededor de la huida y la evasión de nuestros problemas personales, alrededor del entretenimiento y de la diversión. El negocio con la necesidad contemporánea de evasión y de ocio: pero no habría tanta necesidad de ocio sin unos trabajos alienantes y forzados. El problema está en otra parte.

Es cierto: nuestro mundo es hipócrita, el trato justo no predomina en la mayoría de los sectores sociales de este planeta —ni nuestro trato con él lo es tampoco—, la maldad dicen que existe, que no es simplemente ignorancia o inconsciencia, el interés mercantilista anula todos los demás intereses —la producción abstracta de dinero acaba anulando todo lo demás—, la política no es la ciudadanía, la mediocridad se regocija en sí misma masificándose, estamos perdiendo el norte, pero necesitamos ponerle el título a una película… Hay muchas razones para indignarse. “Indignaos”. Rebélate contra el sistema. ¡Haz todo lo contrario! Sin embargo, hoy es lo radical y más revolucionario buscar la verdad, el bien y la justicia. Es revolucionario apreciar la belleza y señalar aquello que es digno de ser señalado, valioso por su intemporalidad. Hay valores universales y cualidades esenciales.

Imagina fraguar un negocio basado en la verdad, el bien y la solidaridad, ¡cuántos clientes no obtendría! Sería toda una novedad, que perdiéramos el miedo a ser utilizados, manipulados y engañados; que se cumpla lo que se  promete, que se haga compatible el beneficio con el respeto al cliente y al medioambiente, un equilibrio entre la ganancia y el precio. Después, introduce también la ética y la coherencia en la política. ¡Es lo más demandado por parte del pueblo! No entiendo cómo no se dan cuenta los que desean vivir de la profesión política. ¿Acaso son estúpidos? Les bastaría hacer un estudio de mercado… No obstante, todo esto lo estamos viendo aflorar a nuestro alrededor. Nos estamos reeducando paso a paso. Por ejemplo: la gente ya sabe que dialogar no es pactar, ceder y sacrificarse. Nadie siente eso cuando se pone de acuerdo con los demás para hacer lo que es mejor hacer.

Como todos, tú también verás las noticias. ¿Son la realidad? La realidad es todo lo que hay, pero las noticias no son todo lo que hay, todo lo que podría llegar a ser noticia. ¿De qué depende que algo sea una noticia? Pues depende de que sea noticiable. Y para que algo sea noticiable, ha de haber detrás un sujeto que valore. Si en nuestro entorno predomina el interés interesado, el morbo, el escándalo y la sobredimensión de todo lo habido y por haber…, qué podríamos esperar. Son las noticias que están. Pero el mundo está lleno de acontecimientos realmente dignos de ser una noticia, y no pasajera, por cierto. Y no por ser acontecimientos cotidianos, menos trascendentes; menos grandes y valiosos, por ser locales y pequeños. Lo corriente no es noticia en este mundo que hemos ido montando, sobre todo si es bondadoso y sincero, solidario y altruista. La intrahistoria no construye la historia con mayúsculas, ni aparece en los libros de texto ni en los noticiarios, ni siquiera en los registros de los archivos oficiales. Así lo percibió con claridad don Miguel de Unamuno. Son cosas pequeñas, baladíes. Dadas por supuestas y olvidadas. Pero, ¿qué nos podría venir, si se suman muchas cosas pequeñas? Si muchas voces anónimas gritan juntas, el mensaje adquiere un significado inmenso. ¿Podría cambiar la historia y la sociedad? Como poco, serían noticia. Y ya sabes que lo que es noticia, existe. Sin embargo, para contar lo que pasa de verdad, hay que vivirlo a fondo. Y si lo has vivido con intensidad y profundidad —y tú fueras periodista—  seguro que no serían noticia las mismas noticias. Mira el telediario: en el mundo, ¿sólo ocurren hechos luctuosos y desesperados? ¿No parecen invisibles la alegría y la esperanza? Sin embargo, cada día, hay mucha gente haciendo cosas muy valiosas.

Seamos revolucionarios. La valentía es una virtud, ponía como ejemplo Aristóteles. Y añadía: la virtud es el término medio entre dos extremos. ¡Pero eso no quiere decir que nos estuviera pidiendo caer en la mediocridad! No seas ni cobarde ni temerario, pero procura ser todo lo más valiente que puedas, siempre que puedas. En esto no hay límites para la virtud. Cuanto más te mantengas en el justo medio, a más valiente, mejor. Y así con las demás virtudes. La prudencia no tiene límites, ni la sensatez tampoco. Cuanto más prudente y más sensato, mejor has obrado. He aquí una vieja, y a la vez, nueva revolución: persigamos la virtud, esas cualidades excelentes de que disponemos por ser quienes somos. La virtud de un caballo —en este sentido griego, socrático— consiste en desarrollar su propia esencia de animal veloz y galopar raudo atravesando la llanura; para un violinista virtuoso, tocar magistralmente su violín; en fin, para un ser humano como tal, ser humano. La humanidad en nosotros es una continua apertura, es una incondicionalidad brillante, es una pura potencialidad libre y consciente. Desarrollar inmensamente nuestra capacidad de ser, de amar, de inteligencia y de felicidad, nos hace más humanos. Esto es lo auténticamente revolucionario. Porque no está de moda. Y porque siempre ha estado ahí, dentro de ti, esperando que te dieras cuenta. La mejor manera de ir contra el sistema es ir a favor de lo que eres, desarrollando todas tus posibilidades.

 

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Imagen| Jim Morrison en 1969

Categorías: Actuar, Humanamente

Sobre el autor

Antonio Sánchez Millán

Es licenciado en Filosofía (Universidad de Granada) y profesor del IES “Juan de la Cierva” de Vélez-Málaga (España). Autor del libro "Practicar la filosofía, los Cafés filosóficos y otras prácticas socráticas" (Editorial Alegoría, Sevilla, 2013), que es fruto de su experiencia organizando diversos Cafés filosóficos durante los últimos años. La mayor parte de sus intereses filosóficos actuales giran en torno a la Práctica filosófica y la integración del pensamiento de Oriente y Occidente, además de la búsqueda interior y la vida buena. Otras publicaciones, sus proyectos y actividades pueden seguirse en el Blog: "Palestra de Filosofía"

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