Catarsis Electoral

Catarsis Electoral

De entre las sensaciones más placenteras que existen en este mundo se encuentra la catarsis que supone expulsar de aquellos cotos de poder a gestores incapaces de llevar a cabo su labor con adecuada diligencia. En este sentido, catarsis sugiere la expulsión de lo nocivo. Si bien es cierto, existe otra acepción algo más controvertida y que  identifica lo que puede pasar de aquí en adelante con el panorama político español. Me refiero a catarsis como la eliminación de recuerdos perturbadores.

Y  es que el arriolismo, como se ha venido a llamar a la doctrina iniciada por el egregio Arriola –asesor de cabecera de Mariano Rajoy-  ha creado una suerte de estafermo a modo de presidente absolutamente convencido de la estrategia a seguir cual Napoleón en Waterloo – y todos sabemos el desenlace que tuvo el ejército del francés bajito en aquella contienda- . Al cabo, el presidente de todos los españoles cree firmemente en que la catarsis acontecida el domingo a modo de varapalo desmedido en las urnas para su partido será la antesala de esa otra acepción al término que supone el olvido de su mala gestión e inoperancia la última legislatura.

Tras la debacle electoral, el presidente del Gobierno únicamente afirmó que adolecieron de errores en la comunicación de su gestión. No está del todo equivocado ya que, sin lugar a dudas, los últimos años se han ido cocinando a fuego lento líderes de tertulia megalómanos y elocuentes a partes iguales en el medio de comunicación de masas que sobresale en mucho a las redes sociales, la televisión. Porque, no nos engañemos, la caja tonta es el medio que llega al grueso de los electores con total eficacia hoy en día pese a la irrupción de redes sociales como twitter o facebook. En suma, la comunicación es el estandarte de los nuevos púgiles políticos y la pesadilla de nuestro actual jefe de Gobierno.

Sin ánimo de valorar el sesgo que marca tomar posición ideológica en función del continente y no del contenido en política, la desnaturalización de la ideología y el protagonismo que ha cobrado la puesta en escena en detrimento de la lucha de ideas me parece un terreno como poco peligroso. Frivolidades en la barra de un bar pero no con el futuro común de una sociedad.

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Sobre el autor

Vicente Bustos Izquierdo

Analista de riesgos. Máster en Banca y Finanzas. Madrid.

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