esto es para decirte

esto es para decirte

 

  • Esto es para decirte que guardé tres zanahorias para ti. Las dejé en una bolsa fuera de la nevera, donde me dices, me decías y ya no me dirás que deben estar. Esto es para decirte que creo haberme ido. Esto es para decirte que dejé tres zanahorias para ti.

 

  • Tengo muchas cosas por hacer. Tengo que. Son tantas cosas que empezaré por no hacer. Tengo que. Tengo que leer algunos libros sobre las comunidades ancestrales y sus rituales, tengo que leer hasta olvidar.

 

  • Esto es para decirte que a veces me gustaría volver donde vivían mis abuelos, donde los conocí. Volver es algo tentador. Y con qué estómago una afronta, con qué derecho una vuelve. Esto es para conservar la imagen cristalizada de los primeros años. ¡Ay de quien la busque! ¡Ay de quien la señale! Y con qué derecho una vuelve.

 

  • Tengo que entender lo que tengo que hacer y quizás pueda hacer lo que no entienda. Hay una sucesión de palabras que forman finas líneas negras, todas por tachar. Nunca nadie las encontrará todas tachadas porque eso significaría que ya no queda nada por hacer, que ya no tenemos que. Son las míseras necesidades que surgen al tachar.

 

  • Esto es para decirte que vi a un hombre mayor, a un viejo, un octogenario. Es para decirte que lo vi en el mercado de las pulgas. El hombre se miraba en un espejo pequeño de estos de baño. El espejo estaba en venta entre otras cosas más o menos inútiles. El viejo usaba bastón, cumplía con el perfil de viejo, vestía casi elegante y parecía que podía contarnos historias milenarias. Esto es para decirte que el viejo se acercaba al espejo, cada vez más y más cerca hasta casi tocarlo con su nariz octogenaria. Esto es para decirte que el viejo preguntó el precio del espejo y se dio cuenta de que si lo giraba, obtenía una visión aumentada. Para decirte que el viejo vería sus enormes años por cada uno del resto de sus días.

 

  • Tengo que quitarme todas las legañas. Tengo que pensar cuántos hijos voy a tener, si puedo pedir algún tipo de subsidio. Es necesario saber, tengo que saber si quiero una familia numerosa. Debería preguntar, es importante saber, cuántas hijas, cuántos hijos me querrían tener a mi.

 

  • Esto es para decirte que me dieron un trabajo. Yo no lo busqué, me lo dieron. Un trabajo sin color que me permitiría comprar zanahorias para ti. “Empiezas mañana”, me dijeron. Esto es para decirte que me fui a celebrarlo, salté tanto que me gasté lo que sería mi primer sueldo del nuevo trabajo incoloro. Celebré. Lo mejor de todo fue que muchos desconocidos celebraban conmigo, quizás sin trabajo, quizás con algún color. Esto es para decirte que lo celebré tanto que llegué dos horas tarde a mi nuevo trabajo, para decirte que me echaron del trabajo que me habían dado y que yo no busqué.

 

  • Tengo que recuperar todos los objetos que perdí. Los perdí porque los olvidé, pero no los abandoné, solo los olvidé. Debería saber si los olvidé porque ya no me importaban, porque de ser así ya no sería necesario recuperarlos. Tengo que pensar qué es lo que me importa y si debería importarme lo que me importa y si me importa quién dicta lo que es importante para poder decidir que no me importa. Tengo que recorrerme la ciudad y preguntar por cada esquina si alguien ha visto mis objetos perdidos. Tengo que inventar bonitas recompensas a quien me ayude a encontrarlos, hacer entender que estoy tratando de saber si me importa haberlos perdido.

 

  • Esto es para decirte que me voy de vez en cuando para hacerme querer. Que es tan peligroso y transgresor quedarse, que yo no hago otra cosa que irme de vez en cuando. Allá lejos donde nadie lo entendió, en búsqueda de todo, allá en el mundo perdido. Cuelgo mis razones en vuestros hombros hasta que no puedan soportar más peso, hasta que se arrastren en búsqueda de otro hombro que lo ayude a soportar. Esto es para decirte que si vuelvo será porque nunca me fui.

 

  • Tengo que aprender cuatro idiomas nuevos en muy poco tiempo. Tengo que. Tengo que saber gestionar ese tiempo. He pensado en ducharme más rápido, en lavarme los dientes más rápido, en comer más rápido y en dormir más rápido. Así quizás podré creer que todos los medios de transporte público de la ciudad también van más rápido. Tengo que irme de vacaciones y hablar en otros cuatro idiomas. Tengo que echarte de menos más rápido.

 

  • Esto es para decirte que el viejo del mercado de las pulgas vive solo. Vive solo y no es ninguna tragedia. El viejo de la nariz octogenaria ya solo sabe vivir consigo mismo y con su pasado. Cada dos días a las once de la noche, el viejo del espejo llama a su hija sabiendo que duerme con el móvil apagado. El viejo llama para escuchar su nombre en el contestador automático. Esto es para decirte que el hombre cuelga después de oír la voz de su hija. Esto es para decirte que por la mañana la hija del viejo no le devuelve la llamada porque ella hace lo mismo con su hijo.

 

  • Tengo que entender que está todo por hacer y que tengo que hacer todo lo que está por hacer. Buscaré compañía para hacer eso que está por hacer. Pero me gustaría saber qué es lo que está por hacer y sobre todo cómo se debe hacer. Diré que llegué para hacer todo lo que estaba por hacer y cuando me pregunten qué hice les hablaré de las listas tachadas de todas esas cosas por hacer que tengo que.

 

  • Esto es para decirte que soy incapaz de volver allí donde vivían mis abuelos. Revisitar ciertos lugares puede ser morboso pero no siempre saludable. Dejaré el morbo para las noches vacías y será en ellas que inventaré mis mejores rutas hacia el recuerdo. Me entregaré al lugar, al cuadro que he trazado desde que ya todos dejamos de ir allá donde vivían mis abuelos. Esto es para decirte que, al sentirlo sólo suyo, una se entrega con gran desmedida al recuerdo y lo estruja y lo solloza. Para decirte que no hay nada más bello ni tentador que recordar el lugar al que se ha decidido no volver.

 

  • Tengo que comerme tres zanahorias. Tengo que lavarlas, pelarlas y comerme tres zanahorias. Esto es para decirte que me tragaré toda la suciedad del hogar y que si vuelvo será porque nunca me fui.

 

 

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Imagen | Marta Juliana Abril

 

Categories: Literaria

About Author

Cristina Juliana Abril

Cristina tiene necesidades narrativas desde 1991 (Barcelona).
Durante su infancia se desahogó escribiendo relatos entre los que destacan: “Cleo”, “Baralles inútils”, “Las sensaciones”, “La estatua parlante”, “El invierno en Roma” y “Es va cremar La Vanguardia”.
Su relectura la ha empujado a retomar la escritura.

Marta busca, pega, encuentra y monta cosas.
Marta hace collages desde lo que escribe Cristina o Cristina escribe desde los collages de Marta.
A Marta y a Cristina les mueve el com-partir.

Comentarios

  1. Nick
    Nick 2 junio, 2017, 19:32

    Minirelatos? Que es esto? Que tipo de literatura? Me ha resultado muy atractiva, como hay relación entre todas te mantiene en vilo, una te lleva a la otra. esto es para decirte que me ha gustado leer. Tengo que leer. Esto es

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