Doble y nada, un cálculo sobre la población

Doble y nada, un cálculo sobre la población

 

Cuando era pequeño, me sorprendía desagradablemente la imposibilidad de doblar una hoja de papel más allá de cuatro o cinco veces. Al principio todo era sencillo pero cada vez había que incluir el doble del grosor de la anchura anterior y llegaba el momento en que la estructura no cedía al esfuerzo de las manos. Con el tiempo, aprendí que eso tenía que ver con una operación matemática llamada progresión geométrica, en la que los números iban creciendo exponencialmente hasta obtener en un breve lapso de tiempo dimensiones colosales.

Un asunto capital en la situación actual del mundo es el de la población humana. Como todas las especies, nuestro equilibrio está basado en unos parámetros que tienen que ver con las tasas de natalidad, mortalidad, inmigración y emigración fundamentalmente. Además, hay un valor de extraordinaria relevancia, llamado capacidad de carga, que marca el número de individuos que el ecosistema puede mantener en unas condiciones dadas. En resumen se puede decir que cualquier especie tiende a crecer exponencialmente hasta equilibrarse en base a su capacidad de carga. Este proceso se autorregula en base a la disponibilidad de recursos alimenticios y espaciales, la presencia de potenciales depredadores, así como con la generación de residuos y su traducción inmediata en propagación de enfermedades.

Pues bien, nuestra especie parece haberse saltado este marco natural en virtud de su capacidad inteligente y la organización colectiva, llegando en poco menos de un siglo a unos límites poblacionales situados bastante por encima de dicha capacidad de carga, sobre todo en determinados países. Ahora, gracias a varios factores, sobreviven la mayoría de los nacimientos y se vive mucho más tiempo, de lo que nos alegramos todos indiscutiblemente, pero no se ha conseguido frenar la natalidad al mismo ritmo, sobre todo en amplios sectores del planeta. La consecuencia ha sido que se ha doblado varias veces el número de seres humanos en muy poco tiempo.

La otra cara de la moneda es que, una vez conseguido un número determinado de individuos, reducirlo no es tarea fácil, ni desde el punto de vista moral, lo cual parece obvio salvo para mentes perversas, sino también desde la postura más pragmática y economicista ya que no es viable una sociedad en la que los mayores sean el doble de los jóvenes que tienen que mantenerlos. Es decir, al doblar el papel, aunque demos marcha atrás siempre quedarán las marcas y el folio ya nunca será el mismo.

Esta problemática se sitúa en la base de cualquier análisis sobre los desafíos que tiene planteados nuestra especie en la actualidad. El tema de la población debe ser tenido en cuenta por todos nosotros ya que nos incumbe absolutamente. No es un asunto para trivializar ni mucho menos para esperar que se arregle solo, sino que debe constituir la base para mentalizarnos sobre el presente que vivimos y el futuro que nos espera. Pandemias como la gripe A y el ébola, que tantos ríos de tinta han hecho correr recientemente, no son más que una muestra de que circulamos por el borde del abismo a pesar de los adelantos científicos y la estructura sanitaria que hayamos alcanzado.

Por tanto, ya que no podemos evitar las viejas marcas en el papel, al menos no forcemos un nuevo doblez que nos lleve más allá de los 10.000 millones de habitantes. Sencillamente, nuestra especie no podría resistirlo.

 

Categorías: Actuar, Naturalmente

Sobre el autor

Julián Mª Cano Villanueva

Licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Granada. Profesor de Enseñanza Secundaria desde 1990, ha ejercido la docencia en el IES Poeta García Gutiérrez (18 años) en el IEES Lope de Vega de Nador en Marruecos (6 años) y en el IES Padre Poveda de Guadix (1 año). Ha coordinado los proyectos de Ecoescuelas y Jóvenes Reporteros para el Medio Ambiente en los dos primeros centros mencionados. Ha escrito tres libros: "La otra orilla" sobre la vida del autor en Marruecos "Contribución al conocimiento de la avifauna de la Mar Chica de Nador" (junto a su hijo menor) "La Ecoescuela: una fórmula para la Educación ambiental". Ha colaborado con diversos artículos en Chiclana Información, Diario de Cádiz, Cuadernos de Pedagogía y otras publicaciones digitales.

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