Café filosófico: ¿Qué significa ser padres?

Café filosófico: ¿Qué significa ser padres?

Imagen| Julia Martínez Cano

Si tú volvieras a vivir lo que has vivido, ¿qué harías, o no harías, necesariamente? ¿Tendrías la misma actitud? ¿Vivirías de la misma manera lo que has vivido?1 Dejemos aparte cualquier clase de presunción metafísica o religiosa, y entreguémonos a este experimento mental, a este ejercicio de la imaginación, conscientes de nosotros mismos. Una prueba del algodón muy del gusto de Nietzsche, aunque esta vez no nos pondremos etiquetas: si hemos vivido bien o hemos vivido mal. Si somos suficientemente vitales y afirmamos la vida tal como es. No, sin juicios. ¿Qué volverías a hacer o no volverías a hacer? Simplemente, para aprender de nosotros mismos en un futuro muy próximo… Dieciséis participantes de este segundo café filosófico del año ofrecieron públicamente sus propios aprendizajes: experimentar la vida tal como es, elegir mejor a mis amigos, aprender mejor, pasar más tiempo con mi padre, ser más lanzada, no compararme con los demás, quererme más, tratar de vivir cada día feliz, escucharme más, ser mi mejor amiga, no bloquear mis emociones, no ser tan impaciente, estudiar, viajar por mí misma, expresar lo que siento, volver a ser maestra, ser más consciente y menos visceral. Y ya tan sólo quedaría añadir lo tuyo…

Pero, siguiendo hilo sutil del diálogo habido aquella tarde, los padres, ¿haríamos lo mismo de la misma manera? Los hijos, ¿responderíamos igual? ¿Qué es ser padres o madres en estos tiempos? ¿Y ser hijas o hijos? Es muy posible que una cosa sea inseparable de la otra. Pues bien, esto fue lo que se preguntaron y esto fue lo que sucedió…

Hoy en día ejercer la función de padres, educando bien, es imposible. Incluso, en numerosas ocasiones, no se sabrá si se hace bien o se hace mal. De manera que, durante el diálogo filosófico, fue necesario hacerse cargo, primero, del mundo en que nos ha tocado vivir, su complejidad y su celeridad. A pesar de todo, los participantes (recordemos: jóvenes y adultos) estuvieron una hora y media debatiendo acerca de cómo educar adecuadamente en estos días, de manera que hubo al final que transformar la tajante afirmación del comienzo: ser padres no es imposible, pero sí que es difícil… Y dieron testimonio de la dificultad, a través de los titubeos y rectificaciones de sus opiniones iniciales. Aunque para esto, y no otra cosa, se viene a dialogar. Por otro lado, fueron capaces, promediada la discusión y, sobre todo, al final, de reconocer que lo descubierto implicaba una correspondencia: cualquier característica mostraba su carácter recíproco. Padres e hijos. Hijos y padres. Mutuamente. Ésta fue una conclusión muy muy interesante. Así que nada de culpables, nada de culpabilidades arrojadas con desprecio. Cada miembro de una relación lleva a la misma su propio grado de desarrollo o madurez personal. Hace lo que puede… Seguro que hace lo que puede, no en vano, se juega mucho cada una de las partes de una relación tan cercana, tan sentida como ésta. Tan sufrida. Una relación que tanto nos hace, y tanto nos deshace, a cada uno de nosotros, a diario… Otra conclusión –no menos relevante– se refiere al tiempo de juego: como toda relación, siempre se juega en el presente, aquí y ahora. ¡Qué importa lo que pasó! ¡Qué viene a importar lo que me figuro que pasará en vistas de lo que ha pasado…! Siempre puedes, siempre podemos cambiarlo todo. Un todo o un mucho. Hasta ahora ha pasado pero, que siga pasando ahora mismo, depende también de ti… Tú estás en disposición de contribuir en una determinada dirección.

Pues bien, he aquí una posible lista de ingredientes necesarios para una relación paterno-filial válida en estos tiempos. Los padres, ser una guía flexible de sus hijos. Orientación, pero no coerción. Cauce pero no viaducto. Límites, pero no limitaciones. No comparar situaciones, épocas, personas… (“En mis tiempos…”, “tú no sabes nada del mundo actual”, “tu primo…”, “el padre de mi amigo…”, etc.). Aprender a expresar la propias emociones: cómo me siento, cómo me sienta… y preguntarlo: ¿cómo te sientes…? Mostrar vulnerabilidad no es debilidad. Además de lo reconfortante que es constatar que tú también lo has sentido, que a ti también te ha pasado…, y a los demás. A pesar de su frecuente asimetría (por la edad, la madurez, las experiencias…) es posible una relación justa entre padres e hijos. No son iguales los padres y los hijos, pero es posible tratarse con justicia, ajustada en función de las circunstancias y las características de cada uno. El mutuo dar y recibir se nos aparece como un aprendizaje fundamental en el arte de vivir: no se puede dar si no se está dispuesto también a recibir, ni recibir si uno no sabe dar. Además, es imposible una relación estrecha como es ésta sin el reconocimiento mutuo, como seres, su valor, su propia identidad. Es necesario un ambiente en donde esto sea posible: el recíproco reconocimiento de que yo también existo. Todas las partes han de mostrar su mente abierta a la novedad, al cambio, a la diferencia; que sus respectivas imágenes del otro no impidan ver al otro. Contar con él o con ella. No olvidar que todos vamos cambiando y que la imagen fija del otro sólo está en mi imaginación, como parte de mis creencias. Es preferible una imagen de contornos suaves, difuminados… Y es también mucho mejor no vivir los padres en los hijos, o a través de ellos… Vinculación inquebrantable y a la vez autonomía. No dependencia mutua o de una parte respecto a la otra. Ni síndrome del nido vacío (preparase con tiempo) ni tampoco la impostura del permanente rebelde sin causa. Aprender a soltar los hijos, aprender a soltar los padres… Y nunca olvidar la importancia de la aceptación, de que cada uno hace lo que puede, de la mejor manera que sabe. Pero que esto no es estático, sino que está en perpetuo movimiento; apreciable, si uno está suficientemente atento. Estos fueron algunos de los destilados, que te ofrecen los participantes. Esperamos que te aprovechen, cuando seas padre o madre; mientras seas hijo o hija.

Leer más en HomNoSapiens| Café filosófico: ¿Siempre hemos de ser sinceros? 


1 Sobre los padres y los hijos: Café Filosófico en Vélez-Málaga (11.5), celebrado el 21 de febrero de 2020, en la cafetería Bentomiz, a las 17:30 horas.

Categorías: Café filosófico, Pensar

Sobre el autor

Antonio Sánchez Millán

Filósofo práctico y profesor del IES “Juan de la Cierva” de Vélez-Málaga (España). Autor del libro "Practicar la filosofía, los Cafés filosóficos y otras prácticas socráticas" (Editorial Alegoría, Sevilla, 2015), que es fruto de su experiencia organizando diversos Cafés filosóficos durante los últimos años. Otros libros de filosofía practicada: "Los Otros, taller de filosofía en torno al diálogo platónico Eutifrón" (coordinador, Ed. Algorfa, Marbella 2019) y "Filosofar es cosa de niños", (Ed. Algorfa, 2020). La mayor parte de sus intereses filosóficos actuales giran, entonces, alrededor de la Práctica filosófica, además de la integración del pensamiento de Oriente y Occidente, y la búsqueda interior y la vida buena. En el ámbito literario ha obtenido el accésit de poesía en el Certamen "Joaquín Lobato" 2018 y publicado en enero de 2019 el libro "Solatz" (Editorial Algorfa, Marbella). Otras publicaciones, sus proyectos y actividades pueden seguirse en el Blog: "Palestra de Filosofía"

Comentarios

  1. Xacar
    Xacar 2 marzo, 2020, 16:21

    Creo que los padres nunca han sabido, ni saben si han educado bien o no a sus hijos. No soy padre, pero recuerdo a mi madre que hace muchos años me decia y, a la vez, me preguntab que no sabia si lo había hecho bien con nosostros, sus hijos. Mucha responsabilidad. Mi respuesta fue que nos habian dejado ser personas y que eso conllevaba muchos errores, aprendizajes y aciertos, y que por mi parte tenia todo mi agradecimiento.

    Responder este comentario
    • Javiera
      Javiera 2 marzo, 2020, 19:48

      Mi madre tenía la misma duda… mi respuesta también fue parecida. Sin ser madre, ya me tocó de lleno el tema y algo me dice que la teoría sonó demasiado fácil… en cualquier caso se agradece el texto porque te hace un pequeño recuerdo sobre cosas que solemos olvidar. Me apunto el recuerdo en la cabeza. Enhorabuena por la idea de compartir el resultado de un café filosófico en un breve texto.

      Responder este comentario

¿Qué estás pensando?

Tu dirección de correo no será publicada con tu comentario.
Los campos requeridos están marcados*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.