Una historia sobre medicina

Una historia sobre medicina

 

Desde los primeros tiempos el hombre ha sabido buscar y utilizar los recursos de la naturaleza para su bienestar, tanto es así que se han encontrado restos de efedra y malvavisco en tumbas neandertales de unos 60.000 años de antigüedad. En este periodo cuentan que disponíamos de una memoria instintiva tan desarrollada que éramos capaces de distinguir el remedio del veneno gracias a que los recuerdos de nuestros antepasados estaban impresos en los nuestros y solamente había que estimularlos para acceder a ellos.

Ya por aquellos entonces el hombre comenzó a unirse en grupos y jerarquizarse, fue cuando apareció la figura de la curandera, capaz de comunicarse con los espíritus de las plantas, y la de la hechicera, mago, brujo o chamán que se comunicaba con los espíritus superiores de la naturaleza y con los entes y demonios que producían los fenómenos naturales y las enfermedades. Uno de los medios que utilizaban para conectar con la sabiduría de la naturaleza era a través de sustancias alucinógenas como la ayahuasca, el estramonio o el peyote.

Las plantas medicinales eran un regalo hecho por los dioses a los hombres, y la mujer, al salir menos de cacería debido a la maternidad, aprendió a utilizarlo gracias a la observación, el azar y la sabiduría de los animales. Observó que los chimpancés comían aspilia cuando tenían dolores estomacales o que las tortugas tomaban mejorana tras ser mordidas por una serpiente.

Los pueblos cazadores y recolectores nómadas practicaban la magia y el empirismo, las culturas agrícolas y sedentarias se caracterizaron por el animismo y los pueblos ganaderos organizados en núcleos urbanos se jerarquizaban patriarcalmente con la figura de un rey divino o dios.

La aparición de la escritura facilitó el conocimiento del saber antiguo y su legado. El primer tratado farmacológico de la historia son unas tablillas babilónicas de arcilla del 3.000 a.c. en las que se describen distintas recetas, fármacos y sustancias naturales utilizadas por los médicos curanderos. Después, sobre el 1.650 a.c., los egipcios escribieron el papiro de Edwin Smith, sorprendente texto de cirujía que trata todo tipo de heridas, su naturaleza y su tratamiento.

Con la antigua Grecia y la figura de Hipócrates empieza a entenderse la medicina como un oficio a la vez que un arte . Se crean las escuelas oficiales de medicina, que convivirán con la actividad de curanderos y adivinos paralelamente, y se fundan los Templos de Asclepio que representan los primeros hospitales de la historia. Se los describe como lugares con inmejorable situación geográfica, bellísimos paisajes, agradable clima y estricta higiene. El tratamiento base consistía en provocar el sueño curador a través del ayuno, baños de vapor, ejercicio físico, masajes y suaves cánticos. A través de este sueño el dios debía indicarles las condiciones para su curación.

Es en Grecia donde deja de entenderse la enfermedad como un castigo divino enviado por entes extraños y empieza a verse como una perturbación de nuestra propia naturaleza. En el 300 a.c. en la Biblioteca de Alejandría se recogía el Corpus Hipocraticum, primer texto médico científico práctico alejado de connotaciones mágicas, religiosas y supersticiosas. La enfermedad deja de convertirse en una culpa, pecado, castigo o posesión para pasar a ser un proceso puramente fisiológico y observable, una alteración del equilibrio propio del organismo humano. Tanto es así que en el periodo alejandrino comienzan a diseccionar cadáveres y a hacer experimentos con condenados a muerte. En esta época Dioscórides escribe el tratado de plantas medicinales y farmacología más influyente del mundo antiguo, Matteria Medica, con la descripción de unas 600 plantas. Por útimo, Galeno realizó una importante labor recogiendo, sintetizando y desarrollando las doctrinas de la antigüedad.

En la Edad Media la medicina trató de adecuar las teorías grecorromanas al cristianismo y su idea del pecado y la penitencia, la enfermedad empieza a entenderse como una prueba que Dios exige al hombre.

En el mundo grecorromano se creó una importante distinción entre magia negra y blanca, con el cristianismo se abolió esta distinción y todo tipo de magia o curanderismo sería satánico. En el 424 se aprobó la Ley Sálica, mediante la cual se permitía el exterminio de brujas y preparadores de filtros, años después se llegaría a afirmar que cualquier enfermedad podría ser causada por los hechiceros. En el s. XIV comienzan las grandes persecuciones de la Inquisición, cualquier persona que investigara, utilizara o manipulara algún tipo de fármaco o planta medicinal podía ser procesado o asesinado acusado de brujería. Por esta razón la medicina quedó relegada a los sacerdotes que curaban a los enfermos bajo los dogmas de la Iglesia con métodos muy rudimentarios, mayoritariamente plegarias. Las personas de clase alta tenían acceso a fármacos derivados de plantas, sin embargo el pueblo llano debía sufrir la prueba que Dios les mandaba. Bajo esta grave crisis económica, cultural y social, diversas enfermedades y epidemias asolaron la Europa Medieval.

Ante esta situación de desamparo, muchas fueron las personas que comenzaron a confiar en los hechiceros y brujos de las aldeas. Surgió así toda una cultura subterránea desarrollada por embalsamadores, curanderas, parteras, preparadores de fármacos, filtros y brebajes y antiguos chamanes que serían perseguidos y asesinados acusados de manipuladores, ladrones y envenenadores.

Las brujas fueron las encargadas de que no se perdiera todo el saber que el hombre traía desde antiguo y las responsables de que la tradición farmacológica a través de sustancias naturales no se esfumara en esta época tan oscura de la historia del hombre. La bruja no era más que una mujer con conocimientos en herboristería, medicina y psicología que preparaba todo tipo de filtros (incluso de amor), brebajes, cosmético, afrodisíacos, fármacos abortivos… También poseía una faceta chamánica ya que ejercía de maestra de ceremonias en los aquelarres que se hacían en el bosque. En estas celebraciones realizaban viajes místicos inducidos por sustancias como la belladona, la mandrágora, el beleño o el cáñamo. Muchas de sus recetas se seguirán vendiendo siglos después en las farmacias de toda Europa.

Mientras tanto, en el s. XI, en una pequeña ciudad italiana se funda la Escuela de Salerno, que funcionaría como hospital y centro de enseñanza médico. Su máximo esplendor se desarrolló cuando se acercaron a las enseñanzas árabes que constituían el puente con el saber de Oriente y del mundo antiguo, ellos fueron los traductores de las principales obras del mundo clásico y los inventores del alambique, además aportaron figuras tan brillantes como el famoso médico Avicena.

Llegamos al siglo XVI dónde Paracelso, padre de la química, emprende una nueva revolución médica e introduce el uso de minerales para tratar las dolencias del cuerpo humano (mercurio, azufre, oro…). Hasta entonces la medicina se entendía como en un cierto equilibrio con la naturaleza, fortaleciendo con la ayuda de las plantas la capacidad de autocuración del organismo. Es un siglo después cuando aparece el racionalismo de René Descartes cuando se postula que el hombre se divide en mente y cuerpo; la mente funciona independientemente y el cuerpo es un artefacto, una máquina que hay que reparar, como un reloj. El médico se convierte en relojero o mecánico quedando totalmente al margen la visión holística del organismo.

El racionalismo, con una idea del mundo analítica y reduccionista se convierte en el paradigma de la medicina moderna. Los tratamientos se alejan de las plantas y otros recursos naturales para ser sustituidos por fármacos puramente químicos o sintéticos. La potencia y rapidez de estos tratamientos hace que se abandonen las prácticas naturales. La visión del organismo como un todo además de un componente más de la naturaleza en armonía con ésta y de la enfermedad como un desequilibrio dentro de este conjunto se ve sustituida por la visión del organismo como una fábrica química controlada y regulada por los compuestos moleculares.

A principios del s.XX en la mayoría de países desarrollados se había prohibido la práctica de la medicina y la herboristería a toda aquella persona que no hubiese estudiado en una universidad convencional, con lo cual todas las corrientes no racionalistas se convirtieron en ilegales.

El porcentaje de medicamentos obtenidos de productos vegetales descendió día a día, y desde hace unos 50 años este porcentaje cada vez es más minúsculo. Tampoco hay que olvidar que un componente activo aislado puede tener mucha potencia, pero al no disponer del pack natural con el que la naturaleza lo ha diseñado es muy probable que tenga efectos adversos o no refuerce su acción en el organismo mediante otros medios, esto el lo que se llama la sinergia de las plantas (su efecto interactivo es mayor que la suma de sus partes).

En países cómo Asia y China una persona tiene la libertad de elegir entre medicina tradicional o medicina científica, o incluso combinarlos. Para la medicina china el buen médico no es el que más pacientes tiene, sino el que menos, ya que enseña a cuidarse uno mismo y autogestionar su salud para no llegar a enfermar.

En Europa y Estados Unidos la historia oficial de la medicina se ha basado en la razón del hombre blanco occidental, negando y rechazando otras culturas y tradiciones, estableciendo una jerarquía y estructura de poder basada en el dinero. Pero como las verdades caen por su propio peso, las farmacéuticas están volviendo a investigar acerca del mundo natural que nos rodea y que forma parte de nosotros; unas debido a que después de muchos años escondiéndolo ya no pueden hacerlo más, entonces prefieren subirse al carro y ganar menos pero seguir controlando; otras…
… porque el hombre es sabio, y aunque pueda olvidarse a ratos de lo que sabe, nunca dejará de saberlo.

 

Fuente| Enciclopedia de Medicina Natural y Salud, El botiquín de las Hadas, Dioscórides

Leer más en homonosapiens| ¿Conoces la Medicina Tradicional China?

Leer más| Botanicalonline, Dulce Revolución

Vídeo| Plantas que curan

 

Categorías: Actuar, Naturalmente

Sobre el autor

Alicia Bosque Villaverde

Formación en Psicología, Musicoterapia Humanista, Artemediación y Naturopatía y vocación por la Naturaleza en todas sus formas y colores, las Artes y la Danza.

Comentarios

  1. medigloria
    medigloria 14 abril, 2015, 17:53

    Muy entretenida y reveladora esta historia de la medicina, creo que es una bonita historia contada con cariño y buena intención. A ver si somos capaces de sacar algo de ella… 🙂

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  2. GranPepe
    GranPepe 2 mayo, 2015, 19:54

    Es un gran artículo, que además de interesante, es ameno y supone una denuncia que puede abrir los ojos a mucha gente.
    Felicidades

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