Síbaris o Aquilea

Síbaris o Aquilea

 

Hace poco tiempo La Sexta emitió un reportaje sobre la labor de la ONG Proactiva, compuesta por bomberos voluntarios que ayudan a los refugiados de Oriente Medio a llegar sanos y salvos a Lesbos. Casi al final de este reportaje uno de los bomberos dijo que, ante la indiferencia de los gobiernos europeos, era el pueblo el que estaba salvando al pueblo en Grecia. Desde la admiración que proceso a este héroe (como lo son todos los que arriesgan su vida para salvar la de mujeres, niños y hombres cuyo único propósito es escapar de la violencia y la destrucción), debo disentir. Y ello no es porque crea que las autoridades europeas estén haciendo una loable labor humanitaria y una excelente gestión de los flujos migratorios. La frase del bombero es involuntariamente maliciosa porque supone la expresión de una simplificación falaz, la que separa y opone al pueblo y a sus dirigentes.

Los votantes de Alternativa para Alemania, los de Verdaderos Finlandeses, del Partido Popular Danés, del Partido de la Libertad de Austria (FPÖ) los del Jobbik húngaro, los de Aurora Dorada griega, los del Frente Nacional francés y el UKIP británico (por mencionar únicamente aquellos que mejores resultados electorales han tenido en los últimos años) suponen una parte nada desdeñable de la ciudadanía europea. Todos ellos responden, en mayor o menor medida, a lo que denominaré ‘arquetipo de habitante de Aquilea’. Aquilea es la abstracción de ciudad sitiada, defendida valientemente por unos ciudadanos de igual coraje al del héroe mítico del que toma el nombre, frente a unas hordas bárbaras que pretenden arrasar y destruir la civilización.

El arquetipo opuesto sería el de habitante de Síbaris. Esta antigua colonia griega en la Magna Grecia ha pasado a la historia como el prototipo de lujo y esplendor, con ríos de vino desde el campo a la ciudad y ciudadanos que dormían en lechos de pétalos de rosas. Gran parte de la pujanza económica que sostenía este estilo de vida (del que el adjetivo ‘sibarita’ es, en español, una reminiscencia de la leyenda) se debía a su política de acogida a todo aquel que llegaba a ella. Su origen mítico conecta muy bien con la mentalidad de los actuales ‘sibaritas’ europeos: según cuenta la ficción, Euribatos derrotó al monstruo Síbaris cuando se enamoró del joven Alcioneo, destinado a ser devorado por la bestia como ofrenda del pueblo de Delfos. Forzando el paralelismo, podríamos incluso ver una característica común entre los sibaritas de ayer y los de hoy: su antimilitarismo. El progre europeo de hoy afirma sin asomo de duda que ‘la violencia no es nunca la solución’. La leyenda nos dice que Síbaris cayó cuando sus habitantes, despreocupados por cualquier uso militar de la caballería, enseñaron a sus monturas a danzar al son de la música. Cuando la batalla llegó, sus enemigos tocaron las flautas en pleno combate, dejando así inutilizada la principal defensa de Síbaris.

El resultado de esta división es que los políticos europeos no reciben una señal clara sobre qué políticas serán recompensadas en las próximas elecciones, de modo que una parte de ellos deciden contentar a los aquileos extremos, para indignación de los otros, los sibaritas. Desde la extraña España, ajena todavía a los envites de un partido populista y xenófobo de derechas, nos parece incomprensible. La sensibilidad sibarítica es dominante, y nos preguntamos cómo es posible que otros gobiernos, que por cercanía geográfica (Grecia, Hungría) o poderío económico (Alemania) se encuentran más directamente afectados no hagan nada más. Pero hagamos un ejercicio de imaginación y levantemos una Europa donde los gobiernos decidieran atenerse a la legalidad continental y al espíritu humanista que supone el cimiento teórico de esta unión supranacional y, por ende, acogieran con la dignidad y el respeto merecido a los refugiados. ¿Qué ocurriría a continuación? ¿Cuál sería el alcance del crecimiento político de los partidos antidemocráticos y antiliberales? ¿Cuán grave la frustración de esa parte de la sociedad que se cree ignorada por los débiles, timoratos y excesivamente humanitarios tecnócratas europeos?

La teoría es que los derechos humanos no están, ni directa ni indirectamente, sometidos a votación[1], que ninguna mayoría podría privar de ellos a una minoría. La práctica es que su aplicación a los miles de personas que quieren llegar a Europa es ahora un tema central de la contienda electoral en Centroeuropa. Y en esto la ciudadanía del Viejo continente tuvo y tiene la culpa: los sibaritas hace cinco años, cuando descartaron toda posibilidad de una intervención militar foránea en Siria[2]; los aquileos hoy, al confundir refugiado con terrorista o creer que un sistema económico y político de 500 millones de habitantes no tiene la capacidad necesaria para acoger a unos cuantos cientos de miles más. Nuestros gobiernos, pues, solo siguen esta espiral de irresponsabilidad cuando firman un vergonzoso (y potencialmente ilegal) acuerdo con Turquía, que no sólo no evitará la travesía de la muerte por el Egeo, sino que la hará inútil cuando los refugiados sean retornados a Anatolia[3]. El resultado de todo esto es que, salvo los héroes de Proactiva y otros similares, todos somos culpables por omisión de nuestros deberes democráticos. 500 millones de culpables, hacinados en Síbaris o Aquilea, como nuestras víctimas están en Idomeni.

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[1] Porque, recordemos,  ‘votación’ y ‘democracia’ no son sinónimos: este término incluye a aquel, sí, pero a la vez lo sobrepasa y condiciona: no toda votación es democrática per  se, sino que ha de estar sometida a ciertas normas y procedimientos

[2] Y es que no queremos ver que también somos, en gran parte, responsables de que el flujo de refugiados llegue a nuestras fronteras, al negarnos a utilizar todos los recursos a nuestro alcance para detener el problema en su origen

[3] Si la intención de los gobiernos europeos fuera la de salvar la mayor cantidad de vidas posibles, ¿por qué no articular una forma para que los refugiados pudieran solicitar legalmente el asilo en Europa desde Turquía evitando así el peligroso viaje por mar?

Categories: Actualmente, Actuar

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José Corrales Díaz-Pavón

Todo lo que se puede decir lo han dicho hombres mejores que yo: “El que no lee, a los 70 años habrá vivido solo una vida. Quien lee habrá vivido 5.000 años. La lectura es una inmortalidad hacia atrás” Umberto Eco; “Un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado dentro de nosotros” Franz Kafka. A HomoNoSapiens ha traído frescura y carácter para compartir con todos lo mejor de sus vivencias y reflexiones entre páginas. Además de escribir sobre sus pasiones, literatura y política, se encargará de mantener vivo el apartado de poemas.

Comentarios

  1. Granpepe
    Granpepe 9 abril, 2016, 08:34

    Hoy en día, todos los ciudadanos de los paises donde existe una democracia al menos formal, somos “culpables” de las grandes decisiones políticas.
    Asumimos que los políticos se dediquen a defender intereses parciales, lo que siempre implicará la desazón de los excluidos.
    No sería tan esencial la presencia de los héroes si, al menos, en la elección de nuestros representantes pudiéramos disponer de listas abiertas y de democracia interna real en los partidos. Al menos así, podríamos presionar directamente a nuestros representantes para actuar en una dirección que no siempre es mayoritaria.

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