Asesoramiento Filosófico e Identidad de Género. Monográfico 8M

Asesoramiento Filosófico e Identidad de Género. Monográfico 8M

Imagen| Laura Árbol

El asesoramiento filosófico es una relación de ayuda relativamente actual que recupera la tarea más genuina de los orígenes de la filosofía: el arte de vivir, la ciencia de la vida.

En el mundo antiguo, la filosofía tenía un profundo impacto en la vida de quienes la cultivaban. El filósofo no era sólo aquel que buscaba alcanzar una visión cada vez más profunda de la realidad, sino el que, además, vivía en armonía con ella. Se consideraba que esta concordancia permitía al ser humano superar sus modos errados de percibir y sus modos inauténticos de ser, desplegar sus mejores posibilidades y alcanzar un estado de lúcida plenitud. Por eso, el filósofo era considerado el legítimo maestro en el arte de vivir. En los inicios de nuestra civilización, la filosofía era el arte de vivir, ciencia de la vida, garante de la’ “salud del alma” y camino hacia la verdadera libertad.

Mónica Cavallé: La Filosofía Maestra de vida.

Actualmente el asesoramiento filosófico recobra esta tarea del filósofo como maestro de vida, que a través del diálogo filosófico acompaña a quien lo solicita hacia una conciencia más clara. Esta tarea no tiene más fin que desarrollar una mirada en el asesorado cada vez más nítida y objetiva acerca de la realidad y de sí mismo, a través de esta habilidad podrá integrar una coherencia en su vida que le permita desarrollarse y vivir plenamente.

En los procesos de asesoramiento filosófico vamos identificando a partir de situaciones de insatisfacción o crisis, patrones de emoción y conducta que nos causan sufrimiento, no permitiendo que se produzca el desenvolvimiento pleno de nuestro propio ser. Subyacen a estos patrones creencias que hemos recibido en forma de mensaje del exterior y que hemos interiorizado. Estas creencias son fruto de la cultura y los sistemas sociales de los que formamos parte, algunas las hemos incorporado de forma automática sin hacer reflexión alguna y otras proceden de una reflexión, todas ellas son siempre operativas, es decir determinan el modo en el que nos sentimos.

El cuestionamiento de estas creencias y su posible transformación son fruto de un desarrollo de la comprensión sentida. Es decir que cuando identifico un patrón que está operando en mí y lo cuestiono, desvelo consideraciones erradas que estaba asumiendo como propias en mi modo de actuar. Este desvelar permite que se dé la posibilidad de otro modo de actuar más acorde a mi sentir, más en concordancia con la verdad. La verdad entendida como la visión más objetiva de la realidad y de mí mismo.

Puede ser un ejemplo: un patrón de complacencia muy extendido entre las mujeres (que se nos instruye en la complacencia desde temprana edad), darme cuenta de que estoy siendo complaciente y esto me está causando sufrimiento. Esto me lleva a analizar algunas creencias que sustentan ese patrón: las mujeres debemos ser complacientes, si no complaces eres egoísta y no te van a considerar buena persona, así pues,  debemos ser complacientes para evitar el conflicto, el rechazo, la inadaptación social.

Un primer paso en la comprensión podría ser entender que este patrón de complacencia me está causando sufrimiento; a continuación podríamos comprender mediante la razón que esas creencias no son reales, que no soy egoísta si no soy complaciente sino que preservo mi propio criterio sin más ánimo que mostrarme lo más honestamente posible y esto no ha de conllevar necesariamente un conflicto. Sin embargo, tras esta comprensión intelectual puedo seguir manteniendo el patrón y seguir sufriendo, incluso podría incrementar el sufrimiento por ser más consciente de que estoy operando con un patrón que sé que me hace sufrir. Aún me siento identificada con esas creencias.

Un segundo paso en la comprensión podría ser aceptar que este patrón se ha desarrollado en mí como una consecuencia de la cultura en que vivo y que tengo la opción de actuar de otra forma más coherente y respetuosa conmigo misma. Y así podemos continuar profundizando y clarificando la situación, aumentando mi nivel de conciencia y transformando de un modo vivido esas creencias.

Con un modo vivido quiero referirme a que no sólo se ha producido una comprensión de mi filosofía operativa sino que además esta comprensión ha tenido repercusiones en mi modo de actuar como consecuencia de esas comprensiones. Paulatinamente me voy desidentificando de esas creencias a medida que se desarrolla la comprensión.

Una vez introducidos en el modus operandis del asesoramiento filosófico desde una perspectiva sapiencial, mi objetivo en este texto es esbozar la necesidad de realizar este trabajo interior de cuestionamiento, en general para todos nuestros patrones limitantes y en particular con los patrones y creencias que desarrollamos a partir de la identificación con un género.

El problema del género es que prescribe cómo tenemos que ser, en vez de reconocer cómo somos realmente. Imagínense lo felices que seríamos, lo libres que serías siendo quienes somos en realidad, sin sufrir la carga de las expectativas de género.

Chimamanda Ngozi Adichie: Todos deberíamos ser feministas.

En el desempeño de la tarea como filósofa asesora y también como asesorada, me he sentido muy impresionada al observar cómo determina nuestro propio desarrollo las creencias que integramos a partir de la identificación con un género. Los estereotipos acerca de género nos proporcionan grandes sufrimientos. Los estereotipos en general están llamados a ser exigencias o ideales que las personas debemos alcanzar en función a ciertas etiquetas definidas y si nos alejamos de ellos nos alejamos del ideal, de la etiqueta y podemos quedar instalados en sentimientos de rechazo, frustración, pudiendo llegar a sentir incluso un vacío existencial.

Cuando nos adentramos en las profundidades de nuestra identidad sexual las etiquetas son más opresivas, porque vamos a ser un tipo de humanos en función al significado social asignado a nuestro sexo. Y este aprendizaje comienza en el momento que se conoce nuestro sexo biológico, que actualmente puede ser en la 20 semana de gestación o incluso antes.

Nadie llega al mundo siendo una”persona”, los humanos sólo somos reconocidos como personas cuando tenemos género (Judith Butler)

A partir de ese momento entramos en el reino del binarismo y podremos desarrollarnos exigidos culturalmente a ser hombres o mujeres y esto significa que debemos identificarnos con los roles de género que nos corresponden según y como hemos sido leídos sexualmente.

Como estos roles no reflejan la realidad de cada persona individual, sino que exige encajar en unas convenciones muy rígidas, provoca en las personas sufrimiento, insatisfacción y frustración.

Centrándome en el trabajo que estoy realizando con mujeres, abordado desde el asesoramiento filosófico, voy a presentar algunos de los patrones más operativos con los que me estoy encontrando, fruto de la identificación con el género mujer y las creencias culturales que subyacen a los mismos.

El cuestionamiento de los estereotipos culturales que hemos interiorizado a través del proceso de nuestra identidad de género nos ofrece la posibilidad de crear ese espacio interior necesario para poder desarrollarnos con independencia de ellos.

Sólo cuando nos situamos en nuestro centro y alcanzamos un sentido sólido de nuestra identidad ajeno a autodefiniciones, experimentamos la fortaleza y la libertad interior necesarias para aceptar aquellos aspectos de nosotros que no se adecuan a los estereotipos culturales relativos a nuestro rol sexual. Permitimos, así, la expresión plena e inédita de nuestras posibilidades reales”

Mónica Cavallé, La Filosofía, maestra de vida

Patrón de necesidad de ser sacrificada:

Tiendo a ser sacrificada, hay una falta de respeto a mi persona, a mis necesidades, a mi forma de hacer, porque si alguien necesita algo de mí todo lo que yo significo pasa a un segundo plano, me siento en la obligación de complacer a otros. Lo hago por ser mujer identificando claramente en mi sistema familiar como propio de las mujeres.

Las emociones que me acompañan cuando opero con este patrón son de frustración, rabia, insatisfacción. Sensación de no tener derecho a tiempo para una misma, no sentirse legitimada para actuar tener mi propio espacio personal, ver cómo la vida pasa sin hacer las cosas que deseas.

Debes ayudar a los demás, no seas egoísta, te quedarás sola si sólo piensas en tus cosas, debes facilitar la vida a las personas que quieres. Debes estar ahí para los demás. Son algunas de las consignas que he recibido.

Las creencias que se interiorizaron:

Si no me sacrifico por los demás no me van a querer, las mujeres debemos ocuparnos de las personas que queremos, debemos facilitar la vida a los demás especialmente a los hombres, si no ayudo a alguien que me pueda necesitar soy egoísta, mi tiempo no me corresponde. Las mujeres debemos vivir una vida de entrega a los demás.

Identificar el patrón e indagar en las creencias que subyacen, ha ayudado a las mujeres que lo sostenían a autoafirmarse, poner atención en esos pensamiento y actos automáticos de complacencia haciéndolas más conscientes de sí mismas, de sus necesidades.

El cuidado de los demás y la entrega pueden ser valores absolutamente nobles y enriquecedores siempre que vaya precedido de un cuidado personal y un respeto a mi propio ser. El cuidado a los demás para llenar el vacío de no cuidado a mí misma, produce frustración e insatisfacción, cansancio y agotamiento porque nunca se obtiene lo que se desea.

Patrón de sumisión:

Debo ser sumisa, no soy capaz de llevar la contraria a las personas, especialmente a los hombres, siento que debo pasar desapercibida y que será considerado como una virtud de mi ser no crear conflicto, voy a buscar un problema por pensar diferente, no me saca de nada tener la razón. Me cuesta dejar de hacer lo que me aconsejan, incluso lo que algunas personas me pueden indicar en tono imperativo. En mi entorno familiar no me responsabilizo de ninguna decisión, me limito a ejecutar las que me indica mi marido o mis padres.

Algunas de las creencias presentes en la filosofía operativa de estas mujeres son: las mujeres tienen que obedecer, si no lo hacemos podemos molestar o resultar maleducadas, los demás son más importantes que una misma y sus necesidades están por delante de las mías propias, es más importante dar que recibir.

Las consecuencias de mantener este patrón en el que la emoción más presente es la frustración, es sentirse mal crónicamente, sentirse pequeña, no merecedora de nada, dejo de expresarme, de decir lo que pienso o que opino, no hago lo que quiero. Justificar siempre sus actos para poder hacerlos pero definitivamente no hacer nunca lo que se desea. El cuidado no es un acto de disfrute y amor sino de agotamiento, obligación con una permanente sensación de deuda por parte de los demás. Desconfianza en mi propio criterio.

El trabajo de identificación de estas creencias operativas da lugar en estas mujeres a una toma de conciencia de la necesidad de cuidar de sí mismas, de desarrollar la expresión y respeto por sus necesidades, su criterio personal, su opinión. Encontrar en el encuentro de las distintas opiniones una oportunidad de aprendizaje. En definitiva, se inicia un proceso de empoderamiento y encuentro con ellas mismas al margen de las voces ajenas.

Patrón de obligación a reaccionar:

Tengo que combatir la desigualdad entre hombres y mujeres reaccionando ante cualquier acción que sienta como discriminatoria. Debo estar siempre muy atenta a lo que ocurre porque tenemos el machismo tan interiorizado que en cualquier momento puedo estar siendo connivente con él. Ante el machismo reacciono contundente, tengo que ponerme en mi sitio. Siento que tengo que ser un referente para las mujeres que me rodean. No puedo bajar la guardia en ningún momento.

Las emociones que surgen como consecuencia a este patrón son de enfado, tensión, insatisfacción, tristeza y desbordamiento. Cansancio y falta de energía por la exigencia de mantener ese estado de vigilancia, responsabilidad excesiva sobre cuestiones que no puedo controlar. Me siento abocada a la acción sin cesar y nunca me siento en paz conmigo misma. Sensación de frustración y desilusión ante el curso que toma la sociedad en la que vivo. Desconfianza en la vida y el curso de sus acontecimientos.

Algunas de las creencias que se detectaron fueron: las mujeres debemos luchar con uñas y dientes para conseguir el espacio que nos corresponde, debemos ser intolerantes con el machismo sólo así obtendremos resultados, la comprensión me hace cómplice. Si no actúo constantemente permito la desigualdad.

El trabajo de identificación de las creencias conlleva una aceptación de la realidad cultural en la que vivimos, un desarrollo de la capacidad de actuar desde un deseo de vivir en una sociedad más igualitaria pero no desde una exigencia. Permite a las mujeres a través de este cuestionamiento asumir hasta dónde y de qué cuestiones se puede responsabilizar y las que escapan a su control. Descansar en el encuentro consigo mismas.

La reacción para ellas se convierte en otra forma de no ser ellas mismas tan esclava como la sumisión. La tranquilidad de no sentirse en constante lucha permite elaborar el cuidado de sí mismas y la capacidad de situarse en su propio centro.

He esbozado muy superficialmente los patrones que nos causan sufrimiento con relación a la identificación con un género, el trabajo en la consulta es más profundo con muchos más detalles e implicaciones, pero mi intención es mostrar cómo a pesar de ser capaces de razonar con respecto a esta situación de desigualdad de género, y teniendo claro como tenemos, la inmensa mayoría de las mujeres, que estas formas de actuar nos hacen sufrir, las tenemos tan interiorizadas que si no hacemos un trabajo profundo de reflexión, indagación y cuestionamiento comprensivo nuestra emancipación interior no acompañará a la realidad social que deseamos vivir.

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Categorías: Actuar, Monográfico 8M

Sobre el autor

Raquel Díaz Valle

Raquel Díaz Valle, Filósofa Asesora, formada en la Escuela Sapiencial por Mónica Cavallé. Licenciada en Filosofía por la Universidad de Salamanca. Reparte sus quehaceres filosóficos entre la consulta individual, grupos de mujeres para el crecimiento personal y talleres de filosofía para niños. Convencida de la dimensión transformadora de la filosofía ha convertido esta en su forma de vida.

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