El lector con tonsura

El lector con tonsura

Imagen |Julia Martínez Cano

Es un monje, hace muchísimos años. No me preguntéis cómo puedo verlo desde aquí. Está ahí, con su cuerpo largo y reseco, erguido sobre el púlpito. Y lee. En la oscuridad de la iglesia (pues es una mañana nublada, y las vidrieras apenas rezuman algunas gotas de luz) su voz lo ilumina todo. Cómo lee este clérigo de gótica complexión. Por sus labios ojivales se vierte el Aliento Divino. Todo lo que lee palpita de pronto y cobra vida. Si habla de María, madre del Cordero, parece como si María misma estuviese allí, entre aquellos hombres ateridos, calentándolos con su mirada. Si lee los versículos de la Crucifixión, todos sienten en sus manos el rigor duro del metal. Hasta el abad se hace niño cuando Jesús les dice que se acerquen a Él. No hay monje que no se conmueva ante las palabras humildes del centurión, a quien este lector con tonsura ha prestado su voz por un instante. Y qué voz: sus sílabas desgranan el Misterio, todo en ellas se vuelve fuego que no quema, y es transparente, y es fácil, y mueve al mismo tiempo al llanto y a la risa.

Pero un día aciago a este lector con tonsura le da por pensar si no estará pecando de vanidad. Lo consulta con su superior, lo discute también con su corazón, pero ni en un lugar ni en otro encuentra la respuesta que busca. Tampoco la confidencia áspera del cilicio le dice esta vez nada. Así que deduce que tanto silencio ha de encerrar dentro de sí una afirmación: que es cierto que el orgullo le corroe por entero. En el púlpito comienza a leer mal a propósito. Rompe conscientemente la melodía de las frases, tartamudea en medio de un pasaje solemne, deja de acompasar su respiración al inspirado ritmo de la Palabra Sagrada. Pero, ¿no será esto otra forma aún peor de ostentación? ¿No lee así para mostrar al mundo que puede vencer a su demonio? ¿No siembra de claves su lectura de ahora para que todos sepan que por debajo de ella crece con pujanza su lectura de antes? ¿No se está engañando a sí mismo? Y lo que es peor: ¿no pretende engañar a Dios?

Este lector con tonsura concluye que para leer mal de verdad tendría que cambiar por completo de vida. Y como se trata de un alma buena, de un corazón sencillo, aprieta fuerte los labios y respira hondo, y se dispone muy seriamente a hacerlo.


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Categorías: Lectores, Leer

Sobre el autor

José Zafra Castro

José Zafra Castro (Córdoba, 1962) se licenció en Filosofía por la Universidad de Granada con plena conciencia de que sus actitudes pedagógicas se aproximaban a cero. Así que se hizo funcionario (aquí lo veis en la foto) y aprendió –parafraseando a Machado– a filosofar a solas con el hombre que siempre va con él. En sus ratos libres se adentró en el campo de la literatura infantil, donde ha publicado tres libros: “Historias de Sergio” (1996), premio Lazarillo de 1995; “El Palacio de Papel” (1998); y “Cuentos de cuando yo era” (2002), finalista del Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en su edición de 2003. Actualmente castiga a sus paisanos con artículos de opinión en la prensa local. Lo que nunca ha hecho en todos estos años ha sido dejar de escribir.

Comentarios

  1. Gaspar
    Gaspar 7 enero, 2018, 14:56

    ¿Qué es esto? por más que lo pienso no me entero… ¿Qué nueva vida? ¿Qué significado hay detrás? ¿Alguien me da una pista?

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